01.07.11

Cosa del Pasado

por  Rogelio Flores
Vota este articulo
(5 votos)

 

A todos nos preocupa el porvenir, no podemos evitarlo, como no podemos evitar hacernos preguntas y planes al respecto,ya como individuos, ya como sociedades. Sin embargo, el futuro no existe. El futuro es una construcción simbólica de algo que no ha pasado, es una idea. No hay manera de afirmar categóricamente qué es o qué no es, o qué será, o cómo pasará. Tan sólo podemos hacer aproximaciones, y éstas siempre serán desde nuestro aquí y ahora, con los sesgos que ello implica. Ya sean ideales o apocalípticas, las versiones proféticas que se han tenido a lo largo de la historia cambian constantemente, pasando del optimismo más ingenuo (incluso ramplón), a la incertidumbre o, bien, a la desolación absoluta

En la literatura y el cine sobre el futuro, el punto de partida es el presente inmediato del autor, su contexto. Así pues, los valores morales de su versión serán los de su entorno social y político. Hablar del futuro será, en este entendido, hablar de su presente, y esto no es privativo de la ciencia ficción.

A manera de breviario, remontémonos a los orígenes de la literatura y hagamos dos reflexiones. La primera, que son dos los géneros de donde todo parte, comedia y tragedia; de ellos se deriva todo lo que conocemos. En una segunda idea, tenemos que todo texto narrativo sucede en una línea temporal, donde hay una acción progresiva: origen de la historia, desarrollo y conclusión de la misma. En la comedia interviene el azar, y por ello existe la posibilidad de que las cosas se resuelvan o concluyan de un modo u otro, teniendo un eventual “final feliz” como uno de los posibles puntos de llegada. En la tragedia es distinto, más que el azar, en ella interviene el destino, una idea del futuro que no cambiará por más esfuerzos que los protagonistas pongan en ello, razón por la que no hay posibilidades: todo está predestinado, la conclusión siempre será la misma. Así pues, vemos que en toda obra narrativa hay un desenlace cómico, o bien, uno trágico. Ésas son las opciones: final funesto o final feliz. Distopía o Utopía, pensando en el futuro.

Generalmente las visiones futuristas son distópicas. El futuro es visto como un mundo fallido, injusto y decadente, cuyas razones de deterioro y corrupción pudieron y debieron evitarse. Hoy día, en pleno 2011, estamos a muy pocos años de llegar al mundo ideado en tres obras preocupadas por el destino de la humanidad, que si bien surgen de la literatura, son más populares en sus versiones fílmicas. Me refiero a Cuando el destino nos alcance, Blade Runner y Los niños del hombre.

Cuando el destino nos alcance es la adaptación de la novela Make Room! Make Room! de Harry Harrison, y fue escrita en 1966, aunque llevada a las pantallas hasta 1977. En ella vemos cómo será el mundo en 2022, a través de la sociedad neoyorkina. Una sobrepoblación desmesurada coexiste con una desigualdad social que raya en lo criminal, donde sólo hay alimentos para la élite política, mientras que los demás habitantes consumen galletas, supuestamente hechas con plancton marino, pero más bien cocinadas a partir de seres humanos.

Blade Runner (sin título en español) de 1982 se basa en la novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas, de Phillip K. Dick, y, entre otras cosas, da cuenta del dilema ético de manipular la vida mediante la ingeniería genética para la creación de seres humanos artificiales que serán explotados para hacer el trabajo que no harán los seres humanos reales. En este caso la acción transcurre en la ciudad de Los Ángeles en el año 2019, y es escenario de una feroz cacería hacia estas personas de segunda, sin derechos ni posibilidad de bienestar.

Los niños del hombre, adaptación de la novela homónima de la autora inglesa P. D. James, narra un conflicto político entre la extrema derecha y la izquierda radical en un mundo donde los seres humanos se han vuelto estériles y no nace nadie desde veinte años. Es decir, en el escenario en cuestión ya no hay niños ni posibilidad de supervivencia para los seres humanos, la especie está condenada a la extinción. Todo cambia cuando una joven resulta embarazada y su vida la disputan los dos bandos ya mencionados, como bandera y botín político. Alrededor de esta historia es posible ver cómo los derechos humanos han sido reducidos a cero. En esta historia la acción transcurre en la Inglaterra de 2027.

p.602011. 2019, 2022 y 2027

Como se mencionó en párrafos anteriores, son pocos los años que nos separan de estos escenarios y los temas explorados en ellos. En el primer caso, Cuando el destino nos alcance, nos enfrentamos a un sofisticado canibalismo, el hombre devora al hombre… por medio de galletas. La tecnología ha avanzado al punto de construir fábricas para procesar cadáveres humanos y dar alimento a todos aquellos fuera de la pequeña elite gobernante. Del mismo modo, en Blade Runner la ingeniería genética si bien ha alcanzado logros suficientes para la reproducción de órganos vitales y los beneficios de salud pública que ello implica, su verdadero uso es el de fabricar esclavos en serie, justificando dicho proceder en una supuesta carencia de “alma” en estos seres, tal como lo hicieran las colonias esclavistas siglos atrás.

Finalmente, en Los niños del hombre -la que quizá tenga menos referentes hacia el desarrollo tecnológico-, la concepción y la vida, como hechos milagrosos (sin implicaciones religiosas, por cierto), se reducen al capital simbólico de una lucha entre fuerzas en pugna. Poco importa que al mundo se lo esté llevando el diablo, poco importa que cualquiera de los bandos, al triunfar sobre el otro, se quede con un mundo inhabitable y una población con la horas contadas.

Como puede observarse, las tres obras citadas se refieren a lo que mencionamos como distopía: escenarios en los que imperan el autoritarismo, la barbarie y los Estados fallidos; la violación a los derechos humanos, las catástrofes ambientales y la corrupción de la ciencia.

Lejos ha quedado la promesa del futuro como un mundo mejor y más justo, como ese escenario en el que el progreso haría la vida de los seres humanos más fácil y más disfrutable.

Comenzamos este texto partiendo de la premisa de que el futuro no existe, que es una construcción simbólica de lo que creemos que va a suceder, visto desde nuestro presente inmediato; sin embargo, y atendiendo las tres obras citadas (escritas en los últimos cincuenta años), estas visiones futuristas parecen decirnos que ya ni siquiera tenemos la posibilidad de elucubrar nada, de construir ninguna visión futurista, por buena o mala que sea. Las tres novelas (o las tres películas) podrían resumirse con una de las frases que aparecen en Los niños del hombre, pintada en un grafiti callejero: El futuro es cosa del pasado.

 

Rogelio Flores

Escritor. Cursó estudios de Ciencias de la Comunicación en la UNAM, de Creación Literaria en la Escuela de Escritores de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México), y de Realización Cinematográfica en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba (EICTV). Ha colaborado en publicaciones como Arcana, Cambio y El Semanario. Es coautor de los libros de cuento Abreletras, Prohibido fumar: cuentos contra la represión, Palabras Malditas y Códices en el asfalto; y autor de Adiós, Princesa y Rocanrol Suicida, también de cuento. Recientemente, ganó el concurso Palabras Malditas.

Joomla Templates and Joomla Extensions by JoomlaVision.Com
Ultima modificacion el 26.09.11
z