El gobierno mexicano entregó en 2008 al Comité de los Derechos del Niño su informe al Protocolo con cuatro años de retraso, información poco clara y contradictoria, mismo que defendió este año valiéndose de información pobre e inconsistente, desconocimiento de documentos oficiales, y confundiendo los compromisos del Protocolo de Palermo con el Protocolo de la Convención sobre los Derechos del Niño
La maldad existe, igual que la bondad, desde que apareció la sociedad humana sobre la faz de la Tierra. Es por eso que, a lo largo de la historia, ninguna cárcel, ningún tipo de sanción y ni siquiera la amenaza del infierno eterno han podido erradicar las infinitas formas del Mal: las guerras, el despotismo, la explotación, la discriminación, el racismo, la misoginia y el sadismo
Ambas, la mujer y la muerte, son entes con interesantes similitudes y radicales antagonismos. Hay semejanza, por ejemplo, si advertimos el carácter enigmático,azaroso y hasta veleidoso de la personalidad femenina, tal como sucede casi siempre con ese misterioso proceso que nos iguala a todos y que nos lleva al fatal “dejar de existir”.
Este curioso paralelismo, dado que tanto la mujer como la muerte acusan la misma
condición de ser caprichosos, volátiles y contingentes, es precisamente el factor que en primera instancia vuelve sugestiva y pertinente la reflexión a la cual nos invitan los
quince artistas del insigne Taller Escuela Mapeco que inauguran hoy, 31 de octubre del 2003, esta exposición plástica que además de sus fines altruistas (recabar fondos para la institución) también sirve de homenaje al popular y ancestral ritual de Día de Muertos.
LA DEBILIDAD ESTRUCTURAL DEL MERCADO LABORAL DE HOY EN DÍA, LOS OBLIGA A ACEPTAR EMPLEOS DE ÍNFIMA CALIDAD, INFORMALES O EMIGRAR
Es pasmosa la indiferencia e inacción del gobierno federal en relación a la grave situación por la que atraviesa una gran proporción de jóvenes mexicanos, no tan sólo los 7 millones de “ninis”, que no tienen oportunidad de estudiar o trabajar, sino también los otros millones que, aun cuando trabajen, con la debilidad estructural actual del mercado laboral, sólo consiguen empleos de ínfima calidad, o están en la informalidad o en la desocupación disfrazada, con salarios misérrimos, sin prestaciones de ley, y sin seguridad social.
Otros, aun preparados con estudios o una carrera, se ven obligados a emigrar por falta de oportunidades en México, o bien tienen que luchar arduamente por desempeñar su labor, navegar contra la burocracia de cualquier dependencia gubernamental, amén de soportar las múltiples formas de corrupción imperantes en México.
El derecho a la divergencia
El concepto y la práctica de la tolerancia son de origen reciente. Ambos nacen y crecen, con infinidad de vaivenes, al amparo del proceso de modernización de las sociedades europeas. Quizá este dato contribuya a explicar la razón de por qué al comenzar el siglo XXI, y a pesar de la existencia generalizada de constituciones democráticas, todavía hoy son más frecuentes los casos de intolerancia política, étnica, religiosa y sexual, que los ejemplos en contrario.
“La tolerancia –nos dice Iring Fetscher- no significa indiferencia hacia los demás, sino el reconocimiento de sus diferencias y de su derecho a ser diferente (…) La tolerancia es una actitud que debería practicar tanto el individuo como el grupo social, tanto el gobierno como el parlamento y la ‘opinión pública’. Esta actitud no es ‘nata’; es producto de una socialización bien lograda”.

