Los resultados de la Medición de la Pobreza 2010, elaborada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), documentan lo que a diario viven 52 millones de personas en condición de pobreza en México. La permanencia de arriba del 10% de la población, 11.7 millones de personas, en condición de pobreza extrema y el crecimiento de la población en la condición de pobreza moderada, de 33.9% en 2008 a 35.8% en 2010, evidencia el fracaso del Estado mexicano y sus instituciones encargadas del desarrollo social, de las representaciones populares y de los ciudadanos y sus organizaciones, en el cumplimiento y exigibilidad de los derechos sociales para la mayoría de las y los mexicanos.
Una de las seis dimensiones de la pobreza incorporadas en la medición del CONEVAL es el acceso a la alimentación, con los indicadores de: seguridad alimentaria, grado de inseguridad alimentaria leve, grado de inseguridad alimentaria moderada y grado de inseguridad alimentaria severo; según la FAO (2006), en cita del propio CONEVAL, “la seguridad alimentaria comprende el acceso en todo momento a comida suficiente para llevar una vida activa y sana, lo cual está asociado a los conceptos de estabilidad, suficiencia y variedad de los alimentos”
El cumplimiento de los derechos sociales es el piso sobre el cual se impone construir sociedades más justas y dignas, de éstos, el derecho a la alimentación es la base elemental para que las personas y sus familias puedan transitar a una humanidad plena; se trata de cubrir una necesidad biológica para la reproducción de la vida.
En 2008 la carencia en el acceso a la alimentación afectó a 23.8 millones de personas, el 21.7% de la población total mexicana, valor que para 2010 aumentó a 24.9%, es decir, 3.2 puntos porcentuales más, que en términos absolutos significa 28 millones de personas con esta carencia, 4.2 puntos porcentuales más en dos años.
En México la falta de cumplimiento del derecho a la alimentación se evidencia en sus dos extremos, la desnutrición y la obesidad, dos manifestaciones de un mismo fenómeno: la malnutrición. Sin embargo, obtener datos recientes sobre esta problemática resulta difícil, ya que la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) fue realizada en 2006, por lo que, a cinco años, se carece de información actualizada, necesaria para el conocimiento y la toma de decisiones.
La ENSANUT 2006 nos señala que “la nutrición a lo largo del curso de la vida es una de las principales determinantes de la salud, del desempeño físico y mental y de la productividad” y que “la mala nutrición (tanto la desnutrición como el exceso en la ingesta) tiene causas complejas que involucran determinantes biológicos, socioeconómicos y culturales”. La encuesta determina también que “las causas subyacentes de estos problemas son la distribución desigual de recursos, de conocimientos y de oportunidades.entre los miembros de la sociedad”.
De acuerdo con la ENSANUT 2006, la obesidad y el sobrepeso en niños de 5 a 11 años de edad se elevó del 18.6% al 26% en el periodo comprendido entre 1999 y 2006.
En tanto que para personas mayores de 20 años el panorama es alarmante: el 71% de las mujeres y el 66.7% de los hombres presenta un peso superior al normal. Al mismo tiempo, persiste una desnutrición que se manifiesta en una prevalencia nacional de baja talla, en el ámbito urbano, de arriba del 10%, y en el ámbito rural de 20%.
De manera específica, los resultados muestran que, en 2006, el 5% de los niños menores de cinco años se clasificaron con bajo peso, 12% con talla baja, y el 1.6% presentó desnutrición aguda (emaciación), la cual pone al niño o la niña que la padece en riesgo de muerte.
Las cifras que se muestran en el Cuadro 1 documentan el proceso de migración del campo a las ciudades o de los campesinos mexicanos y sus familias hacia destinos fuera de México. Este abandono de los espacios de vida rural evidencia la falta de oportunidades para las familias campesinas y la reducción de las posibilidades de sustentar la seguridad alimentaria del país, así como una transformación de la relación entre el ser humano y la naturaleza.
Según el mismo INEGI, en 2009 el producto vegetal más importado en México fue el maíz amarillo y entre los primeros nueve se encontró el maíz blanco, variedades de un mismo producto que se encuentra en el consumo más recurrente de las familias mexicanas, sobre todo del ámbito rural, además de ser alimento principalísimo en la dieta mexicana.
El futuro del espacio rural y de la producción de alimentos, así como su distribución para sustentar la seguridad alimentaria de México y el acceso equitativo de las personas a una alimentación suficiente y de calidad, dependerá del tipo de país que seamos capaces de imaginar.
Víctor Toledo, en su artículo “Las consecuencias ecológicas de la Ley Agraria de 1992. El Presente y Futuro del México Rural: Un Dilema Crucial”, plantea que “una de las visiones surgidas a fines del siglo XX, conocida como desarrollo sustentable, tiene sus raíces en los avances teóricos de la agroecología, la etnoecología y la política ecológica, así como en las experiencias y prácticas de movimientos ambientalistas y otros movimientos populares en todo el mundo.
“Este enfoque enfatiza el uso de la política pública para preservar el suelo, la energía, el agua y la biodiversidad y promover unidades familiares, comunidades y regiones económicamente seguras y autosuficientes. Esta visión invita también a prácticas agropecuarias menos intensivas en la utilización de químicos y energía”.
Esta visión se desarrolla en contraposición al enfoque que “apela y reproduce un modelo productivo basado en una agricultura a gran escala, altamente mecanizada e intensiva en capital, con monocultivos y un uso extensivo de fertilizantes, herbicidas y pesticidas artificiales. En este segundo enfoque prácticamente el total de los costos sociales, ecológicos y de salud se consideran como externalidades a ser pagadas, en última instancia, por las generaciones actuales y futuras”.
El círculo entre pobreza, carencia alimentaria, malnutrición, crisis en el campo y formas de producción se encuentra en un momento crucial. Corresponde a las instituciones del Estado construir, con una visión responsable, las alternativas que prioricen a las personas y los recursos naturales, con sentido de justicia y equidad, bajo un enfoque de derechos, por encima de los mercados y el desarrollo desigual. La recuperación del campo mexicano, de la vida rural con una visión de desarrollo sustentable social y ambientalmente dará viabilidad a la seguridad alimentaria, no sólo de los espacios rurales, sino también de los centros urbanos.
La sostenibilidad y superación de la pobreza y sus múltiples dimensiones, con prioridad en el derecho a la alimentación, requiere de la construcción de políticas públicas que respondan a las necesidades de las mayorías, con imaginación, conocimiento, integralidad, sentido de justicia y oportunidad, así como de respeto al patrimonio colectivo que garantizará la vida de las futuras generaciones. De ello depende no sólo la viabilidad de nuestras sociedades, sino de la vida misma, de la paz y la felicidad de las generaciones presentes y futuras de los mexicanos y las mexicanas.
El sentido de urgencia es ineludible.•
MARÍA CRUZ HERNÁNDEZ
Experta en temas de desarrollo. Actualmente trabaja con ONCA Maya, organización que impulsa la creación del corredor biológico del Balam. Es socia de la Organización Kanché A.C., especializada en desarrollo sustentable y organización comunitaria para el desarrollo del ecoturismo con perspectiva social. Fue secretaria de Desarrollo Social del estado de Chiapas y ha desempeñado múltiples encargos en la Administración Pública
