01.10.11

Un Momento Crucial

por  María Cruz
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Reflexionar sobre la pobreza en México pasa necesariamentepor revisar las mediciones, los indicadores, los datos quedocumentan y dan fe de la situación del país y su población;pasa por el reconocimiento de que la pobreza y el deteriorosocial y natural son fenómenos estructurales de múltiplesdimensiones y que sus causas y, por tanto, sus posibles soluciones, son también multidimensionales, integrales eintegradas en el tiempo y en el espacio.

Los resultados de la Medición de la Pobreza 2010, elaborada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo So­cial (CONEVAL), documentan lo que a diario viven 52 millones de personas en condición de pobreza en México. La permanencia de arriba del 10% de la pobla­ción, 11.7 millones de personas, en condición de pobreza extrema y el crecimiento de la pobla­ción en la condición de pobreza moderada, de 33.9% en 2008 a 35.8% en 2010, evidencia el fracaso del Estado mexicano y sus instituciones encargadas del desarrollo social, de las represen­taciones populares y de los ciudadanos y sus or­ganizaciones, en el cumplimiento y exigibilidad de los derechos sociales para la mayoría de las y los mexicanos.

Una de las seis dimensiones de la pobreza incorporadas en la medición del CONEVAL es el acceso a la alimentación, con los indicadores de: seguridad alimentaria, grado de inseguridad alimentaria leve, grado de inseguridad alimen­taria moderada y grado de inseguridad alimen­taria severo; según la FAO (2006), en cita del propio CONEVAL, “la seguridad alimentaria comprende el acceso en todo momento a comi­da suficiente para llevar una vida activa y sana, lo cual está asociado a los conceptos de estabili­dad, suficiencia y variedad de los alimentos”

El cumplimiento de los derechos sociales es el piso sobre el cual se impone construir socieda­des más justas y dignas, de éstos, el derecho a la alimentación es la base elemental para que las personas y sus familias puedan transitar a una humanidad plena; se trata de cubrir una nece­sidad biológica para la reproducción de la vida.

En 2008 la carencia en el acceso a la alimen­tación afectó a 23.8 millones de personas, el 21.7% de la población total mexicana, valor que para 2010 aumentó a 24.9%, es decir, 3.2 pun­tos porcentuales más, que en términos absolutos significa 28 millones de personas con esta caren­cia, 4.2 puntos porcentuales más en dos años.

En México la falta de cumplimiento del de­recho a la alimentación se evidencia en sus dos extremos, la desnutrición y la obesidad, dos ma­nifestaciones de un mismo fenómeno: la mal­nutrición. Sin embargo, obtener datos recientes sobre esta problemática resulta difícil, ya que la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) fue realizada en 2006, por lo que, a cinco años, se carece de información actuali­zada, necesaria para el conocimiento y la toma de decisiones.

La ENSANUT 2006 nos señala que “la nu­trición a lo largo del curso de la vida es una de las principales determinantes de la salud, del des­empeño físico y mental y de la productividad” y que “la mala nutrición (tanto la desnutrición como el exceso en la ingesta) tiene causas com­plejas que involucran determinantes biológicos, socioeconómicos y culturales”. La encuesta de­termina también que “las causas subyacentes de estos problemas son la distribución desigual de recursos, de conocimientos y de oportunidades.entre los miembros de la sociedad”.

De acuerdo con la ENSANUT 2006, la obe­sidad y el sobrepeso en niños de 5 a 11 años de edad se elevó del 18.6% al 26% en el periodo comprendido entre 1999 y 2006.

En tanto que para personas mayores de 20 años el panorama es alarmante: el 71% de las mujeres y el 66.7% de los hombres presenta un peso superior al normal. Al mismo tiempo, per­siste una desnutrición que se manifiesta en una prevalencia nacional de baja talla, en el ámbito urbano, de arriba del 10%, y en el ámbito rural de 20%.

De manera específica, los resultados mues­tran que, en 2006, el 5% de los niños menores de cinco años se clasificaron con bajo peso, 12% con talla baja, y el 1.6% presentó desnutrición aguda (emaciación), la cual pone al niño o la niña que la padece en riesgo de muerte.

Las cifras que se muestran en el Cuadro 1 do­cumentan el proceso de migración del campo a las ciudades o de los campesinos mexicanos y sus familias hacia destinos fuera de México. Este abandono de los espacios de vida rural evidencia la falta de oportunidades para las familias cam­pesinas y la reducción de las posibilidades de sustentar la seguridad alimentaria del país, así como una transformación de la relación entre el ser humano y la naturaleza.

Según el mismo INEGI, en 2009 el produc­to vegetal más importado en México fue el maíz amarillo y entre los primeros nueve se encontró el maíz blanco, variedades de un mismo pro­ducto que se encuentra en el consumo más re­currente de las familias mexicanas, sobre todo del ámbito rural, además de ser alimento prin­cipalísimo en la dieta mexicana.

El futuro del espacio rural y de la producción de alimentos, así como su distribución para sus­tentar la seguridad alimentaria de México y el acceso equitativo de las personas a una alimen­tación suficiente y de calidad, dependerá del tipo de país que seamos capaces de imaginar.

Víctor Toledo, en su artículo “Las consecuen­cias ecológicas de la Ley Agraria de 1992. El Pre­sente y Futuro del México Rural: Un Dilema Crucial”, plantea que “una de las visiones sur­gidas a fines del siglo XX, conocida como desa­rrollo sustentable, tiene sus raíces en los avances teóricos de la agroecología, la etnoecología y la política ecológica, así como en las experiencias y prácticas de movimientos ambientalistas y otros movimientos populares en todo el mundo.

“Este enfoque enfatiza el uso de la política pública para preservar el suelo, la energía, el agua y la biodiversidad y promover unidades familiares, comunidades y regiones económi­camente seguras y autosuficientes. Esta visión invita también a prácticas agropecuarias me­nos intensivas en la utilización de químicos y energía”.p.51

Esta visión se desarrolla en contraposición al enfoque que “apela y reproduce un modelo pro­ductivo basado en una agricultura a gran esca­la, altamente mecanizada e intensiva en capital, con monocultivos y un uso extensivo de fertili­zantes, herbicidas y pesticidas artificiales. En este segundo enfoque prácticamente el total de los costos sociales, ecológicos y de salud se con­sideran como externalidades a ser pagadas, en última instancia, por las generaciones actuales y futuras”.

El círculo entre pobreza, carencia alimenta­ria, malnutrición, crisis en el campo y formas de producción se encuentra en un momento cru­cial. Corresponde a las instituciones del Estado construir, con una visión responsable, las alter­nativas que prioricen a las personas y los recur­sos naturales, con sentido de justicia y equidad, bajo un enfoque de derechos, por encima de los mercados y el desarrollo desigual. La recu­peración del campo mexicano, de la vida rural con una visión de desarrollo sustentable social y ambientalmente dará viabilidad a la seguridad alimentaria, no sólo de los espacios rurales, sino también de los centros urbanos.

La sostenibilidad y superación de la pobre­za y sus múltiples dimensiones, con prioridad en el derecho a la alimentación, requiere de la construcción de políticas públicas que respon­dan a las necesidades de las mayorías, con ima­ginación, conocimiento, integralidad, sentido de justicia y oportunidad, así como de respeto al patrimonio colectivo que garantizará la vida de las futuras generaciones. De ello depende no sólo la viabilidad de nuestras sociedades, sino de la vida misma, de la paz y la felicidad de las ge­neraciones presentes y futuras de los mexicanos y las mexicanas.

El sentido de urgencia es ineludible.•

 MARÍA CRUZ HERNÁNDEZ

maria_cruzExperta en temas de desarrollo. Actualmente trabaja con ONCA Maya, organización que  impulsa la creación del corredor biológico del Balam. Es socia de la Organización Kanché A.C., especializada en desarrollo sustentable y organización comunitaria para el desarrollo del ecoturismo con perspectiva social. Fue secretaria de Desarrollo Social del estado de Chiapas y ha desempeñado múltiples encargos  en la Administración Pública


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