01.10.11

Salud: Indicador de la Desigualdad

por  Sarah Lewis
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La relación entre la pobreza y la enfermedad es compleja y cíclica. Por un lado, la gente pobre tiende a sufrir peores resultados de salud por razones como las condiciones de vida subóptimas y la falta de acceso a atención médica oportuna y de calidad, y, por otro lado, un mal estado de salud puede llevar una familia a la pobreza por tener que gastar del bolsillo en la atención médica o faltar días laborales a causa de la enfermedad, entre otras complicaciones.

La relación inversa entre la riqueza y la buena salud se manifiesta claramente al comparar los resultados de sa­lud entre países ricos y pobres. Por ejemplo, un estudio encontró que un aumento de 5% en el producto interno bruto de un país se asocia con una disminución promedio de 1% en la tasa de mortalidad infantil.

 Los posibles mecanismos que explican este fenómeno se encuentran a nivel nacional e in­dividual. En el primer caso, un país rico ten­dría más recursos para gastar en programas sociales y de promoción de la salud, y mejora­ría las condiciones de vida de su población y su acceso a la atención médica. A nivel individual, los consumidores tendrían más ingresos para gastar en alimentos saludables y atención mé­dica, manifestándose en un mejor estatus de salud poblacional . De hecho, este estudio en­contró que el nivel de ingresos per cápita es el factor más importante en cuanto a resultados de salud poblacional.

 p.57Hay muchos factores en el fondo que mo­difican estos mecanismos, así como los re­sultados de salud. Por ejemplo, la Necesidad Insatisfecha de Anticonceptivos (NIA) es un indicador de resultado de los programas y acciones de planificación familiar que se ha utilizado para destacar lo que faltaría por ha­cer al respecto . La NIA se mide a través de la proporción de mujeres expuestas a un emba­razo que no usan anticonceptivos a pesar de su deseo expreso de no querer tener hijos por un tiempo (necesidad para espaciar) o nunca más (necesidad para limitar). De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográ­fica (ENADID) de 2006, la NIA de las mujeres sin escolaridad (un componente de la pobreza) es más del doble de la de las mujeres con un ni­vel de escolaridad de secundaria o más (11.5% versus 5.5%). Otro indicador de la pobreza es el Índice de Desarrollo Humano (IDH), el cual permite comparar el nivel de desarrollo entre diferen­tes países, y, en el caso de México, entre las en­tidades federativas y municipios . Se construye el IDH municipal a partir del promedio de tres componentes del desarrollo social: salud (a partir de la tasa de mortalidad infantil), edu­cación (a partir de la tasa de alfabetización y la tasa de asistencia escolar) e ingreso (a partir del ingreso per cápita anual). Un mayor índice representa mayor desarrollo; los municipios mexicanos con los niveles de desarrollo huma­no más bajos cuentan con índices por debajo del 0.50.

p.57-2La primera gráfica muestra el porcentaje de defunciones que ocurre en los diferentes gru­pos de edad en los 100 municipios con menor IDH y en los 50 municipios con mayor IDH. Está claro que la gente más pobre se muere más joven que la gente que cuenta con más recursos; es decir, hay más mortalidad preve­nible o que sucede en edades productivas.58-1
 Casi el 7% de las defunciones en los muni­cipios con el menor grado de desarrollo ocurre en menores de un año de edad, en compara­ción con el 4% en los municipios más desarro­llados en el país. Esta diferencia está aún más marcada en el grupo de niños y niñas de uno a cuatro años: en este grupo de edad, hay cinco veces más defunciones en los municipios más pobres (3.8% del total) que en los municipios más ricos (0.7% del total). Este patrón se repi­te para cada grupo de edad hasta los 50 años.

 A los 55 años se empieza a observar una tendencia contraria, y al llegar a los ancianos mayores hay una gran diferencia en el porcen­taje de defunciones que ocurren en los munici­pios más pobres y los más ricos: el 6% versus el 10.5% de las defunciones suceden en ancianos entre 80 y 84 años de edad, y el 11% versus el 17% en el grupo de 85 y más años, respectiva­mente.

 El siguiente grupo de gráficas enseñan las razones detrás de las tendencias presentadas anteriormente, es decir, las principales causas de defunciones. En comparación con el total de los municipios en el país, una ligeramente mayor proporción de defunciones en los mu­nicipios más desarrollados suceden por enfer­medades crónicas asociadas con mayor edad, tales como la diabetes (13.8% de las defuncio­nes en la población general versus 14.2% en los municipios más ricos); enfermedades isqué­micas del corazón (11.2% versus 13.5%); en­fermedad cerebrovascular (5.5% versus 5.7%); y tumores malignos de tráquea, bronquios y pulmón (1.2% versus 1.5%). 

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Estas mismas causas también aparecen en los municipios más pobres. Las enfermedades isquémicas del corazón ocasionan el mayor porcentaje de defunciones en estas comunida­des (7.4%), y la diabetes y enfermedades cere­brovasculares también son causas importantes (5% y 4% de defunciones, respectivamente).

Por otro lado, se observan otras enfermeda­des que afectan más a los municipios pobres que a los ricos: cirrosis y otras enfermedades crónicas del hígado (5.7% de defunciones), ho­micidios (5.7%)  y nefritis y nefrosis (casi 3%), entre otras.p.59-1 

 Entre las enfermedades que ni aparecen entre las  principales causas de defunciones en los municipios  más desarrollados están la des­ nutrición calórico  protéica, las enfermedades infecciosas intestinales, el uso de alcohol, la anemia y la tuberculosis. 

 Es importante evaluar cómo el gobierno está respondiendo a las brechas en salud en­tre los grupos más pobres, por eso analizo los recursos de salud. Ya que no hay indicadores poblacionales disponibles a nivel municipal (por ejemplo, número de médicos, enfermeras o camas censables por 100,000 personas) para analizar los recursos de los servicios de salud de los municipios más pobres, utilicé el incre­mento porcentual en el número de unidades médicas.

 El índice de marginación es una medida del impacto global de las carencias que padece la población como resultado de la falta de acceso a la educación, la residencia en viviendas in­adecuadas, la percepción de ingresos moneta­rios insuficientes y las relacionadas con la re­sidencia en localidades pequeñas . Un menor índice indica menor marginación, así que la clasificación es la siguiente: grado de margina­ción muy alto (mayor pobreza), alto, medio, bajo y muy bajo (menor pobreza).
 

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En cuanto al número de unidades médi­cas de la Secretaría de Salud, se observa que los municipios más pobres cuentan con incre­mentos por arriba del incremento nacional promedio de 21%: el número de unidades de consulta externa aumentó 26% durante el pe­ríodo y el número de hospitales fue más del triple (de 13 hospitales en 2001 a 48 en 2010). Esto, por el incremento en hospitales integra­les en los municipios más marginados, de 9 a 44. También hubo aumentos grandes en el nú­mero de hospitales en los municipios de alta y media marginación (103% y 118%, respectiva­mente), pero los incrementos en las unidades de consulta externa son menores al promedio nacional.
 p.60-1A pesar de incrementos, la mayoría de es­tos recursos en los municipios más pobres son unidades de consulta externa rurales (casi el 60% de las unidades públicas), unidades mó­viles (25%) y “Casas de Salud” (11%). Ninguno de estos municipios cuenta con un hospital de especialidades. La infraestructura en los mu­nicipios más ricos es más variada y cuenta con más unidades de segundo y tercer nivel.

Un mayor porcentaje de los municipios más pobres se encuentra en localidades rura­les y de los más ricos en ciudades, por eso cabe destacar la presencia de hospitales integra­les, “Casas de Salud” y Centros Avanzados de Atención Primaria a la Salud (CAAPS) en los municipios más pobres, los cuales no existían hace 10 años. También ha habido mucha in­versión en las unidades móviles en la década pasada (de 279 en 2001 a 451 en 2010). •

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REFERENCIAS

I. Biggs B, King L, Basu S, Stuckler D. Is wealthier always healthier? The impact of natio­nal income level, inequality, and poverty on public health in Latin America. Social Science & Medicine 71(2010)266e273.

II. Biggs B, King L, Basu S, Stuckler D. Is wealthier always healthier? The impact of natio­nal income level, inequality, and poverty on public health in Latin America. Social Science & Medicine 71(2010)266e273.

III. Mendoza Victorino D, Sán­chez Castillo M, Hernández Ló­pez MF, Mendoza García ME. Nuevas estimaciones de las ne­cesidades insatisfechas de anti­concepción en México. Consejo Nacional de Población. México, DF: marzo 2010.

IV. Capítulo III. Nuevas es­timaciones de la NIA de mu­jeres en edad fértil unidas en 1987, 2003 y 2006. En: Men­doza Victorino D, Sánchez Cas­tillo M, Hernández López MF, Mendoza García ME. Nuevas estimaciones de las necesidades insatisfechas de anticoncep­ción en México. Consejo Nacio­nal de Población. México, DF: marzo 2010.

V. Índice de desarrollo humano municipal 2000-2005. Ofici­na Nacional de Desarrollo Hu­mano (ONDH). 2008. PNUD México.

VI. Índices de marginación, 2005. Consejo Nacional de Po­blación: México, DF, 2006.

SARAH LEWIS

Sarah_LewisMaestra en Población y Salud Internacional por la Universidad de Harvard.Se desempeña como investigadora de la Fundación Mexicana para la Salud (Funsalud).Entre sus múltiples trabajos destaca la investigación que realizó durante su estancia en Harvard,sobre aspectos de la  reforma del sistema de salud mexicano.Su experiencia le ha permitido colaborar en países  como México, Ecuador, Cuba, El Salvador y Chile.


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