Lunes, 16 Octubre 2017 09:49

En el mundo de la violencia

Escrito por Mario Luis Fuentes
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Los homicidios y, en particular, la tasa de mortalidad por homicidio, es considerado como el principal indicador del nivel de violencia presente en una sociedad. Esto es así porque, de manera general, cuando en una sociedad crece el número de homicidios, crecen simultáneamente otras formas de violencia: agresiones, asaltos, robo, secuestro y, en casos como el de nuestro país, la extorsión, el robo de combustibles y otras figuras delictivas como el tráfico de indocumentados o la trata de personas 

Hay, sin embargo, otros datos que no deben dejarse de lado, pues dan cuenta, de manera indirecta, de los niveles de agresividad y de la intención manifiesta de hacer daño a los demás a través de la utilización de armas, con la finalidad de atacar a una o varias personas.

 

En ese sentido, es pertinente destacar que la Secretaría de Salud ha incorporado en sus Anuarios de Morbilidad la categoría de “heridos por arma de fuego o punzocortante”. Es una decisión acertada, porque la tendencia en el corto plazo indica un muy rápido crecimiento en el número de personas que reciben atención médica por la razón señalada.

 

En efecto, en el año 2014 el dato fue de 30 mil 927 casos registrados en las instituciones de salud de todo el país; para el año 2015 la cifra creció a 38 mil 137, es decir, hubo un incremento de 23.3% en sólo un año, por la señalada causa de herida por arma de fuego o arma punzocortante. Para el año 2016 la cifra se ubicó en 43 mil 861 casos; es decir, 15% por arriba de lo registrado en el año previo, pero de 41.8% respecto de lo ocurrido en el año 2014.

 

Estos datos deben conducir a una reflexión obligada: ¿cuál es la disponibilidad de armas de fuego que hay en el país?, ¿y cómo regular la posesión y portación de armas u objetos punzocortantes, a fin de evitar que éstos sean utilizados con el propósito de herir o matar a otras personas?

 

De acuerdo con distintas ediciones de la Small Arms Survey, México es uno de los países en que menor regulación efectiva existe en torno a la posesión y portación de armas de fuego, así como uno de los países con mayor déficit de información sobre el tráfico ilegal de armas en sus dos fronteras.

 

A lo anterior debe asociarse el crecimiento de otros delitos; por ejemplo, el robo con violencia. En efecto, de acuerdo con los datos del Secretariado Ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad Pública, ha presentado un incremento significativo en los últimos años: casi 165 mil casos en el año 2015; una suma de 171 mil 471 en el año 2016; mientras que en 2017 se han contabilizado 149 mil 451 casos hasta el mes de agosto, por lo que, de continuar la tendencia, podría llegarse a una suma aproximada de 224 mil robos con violencia.

 

Todo lo anterior no puede disociarse de otros fenómenos, como el consumo de alcohol y otras sustancias adictivas, tal y como se ha documentado a través de diferentes encuestas, en las que se describe que, precisamente, el consumo del alcohol y el tabaco predispone a cientos de miles de jóvenes al consumo de mariguana, pero, sobre todo, cocaína, metanfetaminas y otras sustancias altamente dañinas.

 

La propia Secretaría de Salud ha documentado el incremento en los casos de atención médica debido a la “intoxicación aguda por alcohol”; en efecto, las cifras pasaron de 41 mil 904 casos en 2014 a un total de 42 mil 958 en el año 2015 y 44 mil 101 en el año 2016.

 

La cruenta sangría cotidiana que atestiguamos es un tema que debe movilizar muchos más recursos y capacidades, sobre todo en entidades y municipios, porque es ahí en donde se encuentra la gran fractura institucional y la pérdida de las capacidades del Estado para garantizar lo mínimo: seguridad y paz para la población.

 

@MarioLFuentes1

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