Martes, 15 Diciembre 2015 00:00

México: 120 millones, y contando...

Escrito por Mario Luis Fuentes / México Social
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De acuerdo con el INEGI, en el país hay prácticamente 120 millones de habitantes; en el 10.7% de los hogares con personas mayores de 18 años se tuvieron limitaciones de acceso a la alimentación debido a la carencia de recursos; y de 19.3% en los hogares en donde hay niñas, niños y adolescentes; tenemos apenas un promedio de escolaridad de secundaria; más de 20 millones de personas no tienen acceso a ningún servicio de salud y sólo el 73.2% de las viviendas tiene agua entubada en su interior.

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La semana pasada el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) dio a conocer los resultados definitivos de la Encuesta Intercensal, la cual es considerada la encuesta de mayor dimensión que se ha llevado a cabo en el país, ya que se visitaron más de 6 millones de hogares, a fin de actualizar los datos censales recabados en 2010.

Los resultados muestran que seguimos siendo un país de claroscuros, pues frente a los avances que se registran, persisten importantes rezagos en prácticamente todos los ámbitos de la cuestión social: en educación, salud, vivienda, alimentación y empleo, México sigue siendo un país con más retos que logros, lo cual obliga a redoblar el paso a fin de dar cumplimiento al mandato del Artículo 1º de la Constitución en el sentido de garantizar los derechos humanos de la población.

Dada la relevancia de la Encuesta, se presentan a continuación los resultados más relevantes.

La magnitud demográfica

México es ya un país de prácticamente 120 millones de habitantes, sobre todo si se considera que los datos de la encuesta fueron levantados a la mitad de este año. En efecto, los datos indican que tenemos una población de 119,530,753 habitantes, de los cuales 58.056 millones son hombres y 61.47 millones son mujeres.

Un dato relevante en este tema es que de acuerdo con la Encuesta Intercensal, hay 43.5 millones de niñas, niños y adolescentes menores de 19 años; dato fundamental pues si hay un grupo etario en el cual la pobreza tiene una incidencia mayor a la media nacional, es precisamente el de los menores de 18 años.

En efecto, de acuerdo con los datos de la Medición Multidimensional de la Pobreza, del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en el 2014 el 53.9% de quienes tenían menos de 18 años vivían en condiciones de pobreza; el 62.6% vivía en vulnerabilidad por carencia de servicios de seguridad social; mientras que el 27.6% vivía en condiciones de vulnerabilidad por carencia de acceso a la alimentación.

Una alta fecundidad

Las mujeres siguen viviendo importantes condiciones de desigualdad respecto de los hombres; en ese sentido, uno de los datos más reveladores de las condiciones de incumplimiento de los derechos de las mujeres es el relativo a la tasa global de fecundidad, y más aún, las tasas específicas de fecundidad para los grupos de mujeres más jóvenes.

De acuerdo con el INEGI, entre las mujeres de 15 a 19 años la tasa específica es de 62.5 hijos por cada mil mujeres en el grupo de edad; indicador que supera a los promedios registrados tanto en 2010 como en 2005. Destaca además que es en las localidades menos pobladas en donde las mujeres tienen hijos a edades más tempranas pues en aquellas que tienen menos de 2,500 habitantes, la tasa específica de fecundidad entre adolescentes es de 74.86 nacimientos por cada mil menores de 19 años.

En contraste con lo anterior, la tasa en las localidades de 2,500 a menos de 15 mil, es de 71.4; en aquellas de más de 15 mil y menos de 50 mil desciende a 64.9; en las de 50 mil habitantes a menos de 100 mil es de 63.2; mientras que en las localidades de más de 100 mil habitantes es de 52.04. Estos datos sin duda están vinculados no sólo a la cuestión estrictamente demográfica sino también a la disponibilidad de servicios, así como un significativamente mayor nivel educativo.

El drama educativo

De acuerdo con la Encuesta Intercensal, en 2015 el analfabetismo es de 5.48% de la población de 15 años y más, indicador que implica 4.75 millones de personas en el rango de edad que no saben leer ni escribir. Sobre el particular es importante destacar una vez más la desigualdad que persiste entre mujeres y hombres pues el 61.5%, es decir, prácticamente dos de cada tres personas que no saben leer ni escribir en el país son mujeres.

En evidencia, las personas de mayor edad son también entre quienes se presentan los mayores porcentajes de analfabetismo. Por ejemplo, entre quienes tienen de 55 a 64 años, la tasa de analfabetismo es del doble respecto de la registrada como promedio nacional, pues el indicador es de 10.23%; mientras que entre la población de 65 años y más el porcentaje es de 22.45%, es decir, cinco veces mayor al promedio nacional.

Con todo, el promedio de escolaridad en el país es de 9.1 grados, lo cual implica apenas un nivel de secundaria; y si se considera un año obligatorio de prescolar, entonces el nivel sería de únicamente dos años de educación secundaria; esto sin contar los consabidos problemas y rezagos en materia de calidad educativa.

El problema del hambre

Uno de los indicadores novedosos que incluye la Encuesta Intercensal es el relativo al porcentaje de población que enfrentó limitaciones de alimentación por falta de recursos en los últimos tres meses. En efecto, entre los mayores de 18 años, el indicador es de 10.72% de los hogares con dificultades para obtener alimentos. En contraste, entre las niñas, niños y adolescentes el porcentaje es de 19.3 de los hogares que tuvieron limitaciones de acceso a la alimentación debido a la carencia de recursos.

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 15- Diciembre- 2015, p.26

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El 20 de noviembre de 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención de los Derechos de la Niñez, el instrumento internacional de derechos humanos de más rápida y más amplia aprobación al seno de las Naciones Unidas. México ratificó a la convención el 19 de septiembre de 1990.  

Han pasado 25 años y el estado de cumplimiento de los derechos de la niñez ha mostrado un muy lento avance. Los datos de que disponemos permiten sostener que México se encuentra todavía muy lejos de ser un país apropiado para la niñez; y que no se ha logrado generar el compromiso político para destinar los recursos necesarios para conseguir que ninguna niña o niño se quede atrás en el acceso al bienestar y el desarrollo.

De manera lamentable, el Congreso de la Unión decidió no destinar recursos para la implementación del Sistema Nacional de Protección a la Niñez, violando con ello el contenido del Artículo 4º Constitucional en lo relativo al principio del interés superior de la niñez, lo cual ratifica el diagnóstico relativo al déficit de estatalidad en el que nos encontramos, pues el Estado no es capaz de dar cumplimiento a los mandatos que se da a sí mismo a través de la Carta Magna y sus leyes.

Una alta tasa de mortalidad

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), cada día fallecen 16 mil niñas y niños antes de cumplir sus primeros cinco años de vida.  En México, el promedio anual, entre los años 2004 y 2013 ha sido de 35,892 defunciones por año; de las cuales, de acuerdo con UNICEF, el 45% ocurren durante los primeros 28 días de vida.

En total, en el periodo referido, en México han fallecido 358,920 niñas y niños menores de cinco años, de los cuales, 299,984 tenían precisamente menos de un año de edad al momento del fallecimiento, es decir, 83.5% del total de las niñas y niños que pierden la vida antes de cumplir sus primeros cinco años.

Lo anterior se ve reflejado en la muy lenta disminución de la tasa de mortalidad infantil, en la cual se observa incluso un retroceso, por primera vez en 20 años, entre los años 2013 y 2012. En efecto, los datos del INEGI muestran que el indicador pasó de 12.3 defunciones por cada mil nacidos vivos, a 13 por cada mil en sólo un año.

Para poner a este indicador en contexto basta con señalar que en Japón la tasa es de 2.13 defunciones por cada mil nacidos vivos; en Suecia es de 2.6; en España es de 3.3; en Cuba es de 4.7; en Estados Unidos es de 6.2; mientras que en Chile es de 7.

En el mundo de la explotación

El Módulo de Trabajo Infantil de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 2013, muestra que en el país había en ese año 29.33 millones de niñas, niños y adolescentes que tenían entre 5 y 17 años de edad. De ellos, 2.11 millones no asisten a la escuela: 276 mil no asisten porque trabajan; 102 mil por discriminación o violencia; 444 mil por carencia de recursos económicos; 705 mil por falta de interés; 121 mil por “motivos familiares”; y 123 mil por accidente, enfermedad o discapacidad.

Esos datos evidencian la ausencia de un sistema de protección integral a la niñez que garantice, que sea cual sea la condición socioeconómica de las niñas y niños, no se vean impedidos de tener garantizado su derecho a la educación.

En este contexto, 2.53 millones de niñas y niños trabajan; de ellos, 1.7 millones son niños y 827 mil son niñas. Del total señalado, hay 913 mil que sólo se dedican a trabajar; y el resto estudian y trabajan.

Destaca el hecho de que 1.27 millones son niñas, niños y adolescentes que fungen como trabajadores subordinados o remunerados; poco más de 104 mil son “trabajadores por cuenta propia” (la mayoría de ellos en actividades de ambulantaje); mientras que 1.15 millones son trabajadores no remunerados, de los cuales, una gran cantidad labora en el campo, y otra parte colabora en negocios familiares sin recibir ningún salario.

Entre la pobreza y los rezagos

Las niñas y los niños tienen derecho al mayor nivel de bienestar posible. Esto no se cumple en nuestro país: de acuerdo con la información del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (CONEVAL), de los poco más de 38 millones de niñas, niños y adolescentes que hay en el país, 21.3 millones son pobres; 29.6 millones enfrentan al menos una carencia social; 24.9 millones no tienen seguridad social; 11 millones enfrentan vulnerabilidad por carencia a la alimentación; y 9.8 millones carecen de servicios al interior de sus viviendas. 
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