El incremento en el Salario Mínimo, equivalente a poco más de dos pesos diarios, no va a permitir amortiguar el impacto de la inflación de los productos agropecuarios, la cual, según los datos del Banco de México, en 2010 superó el 5%.
De esta forma, sin un proceso de recuperación económica que nos lleve a la generación de suficientes empleos dignos, lo esperable es que la pobreza se mantenga o, peor aún, que se incremente significativamente en los próximos meses, con lo que a finales de este nuevo año, la “aportación” del gobierno de Felipe Calderón a la pobreza será de más de 6 millones de personas más que el número de pobres que había al iniciar su administración.
México se encuentra en la antesala de la inviabilidad social, por lo que urge construir un diálogo renovado que derive en una profunda reforma social del Estado mexicano. Dicha reforma debe incluir una revisión integral del marco jurídico de protección de los derechos sociales, una revisión integral del entramado institucional y una revisión integral del sistema de políticas públicas.
Lo anterior implicaría una profunda reforma fiscal, acompañada de un nuevo esquema de reparto de la riqueza social. Empero, lograrlo implica afectar intereses creados, privilegios que se han mantenido a lo largo de décadas a favor de unos cuantos, así como de las estructuras de reparto del poder político que hasta ahora han llevado al monopolio de los partidos en materia de representación popular.
México no puede esperar más tiempo para reducir la desigualdad y reducir aceleradamente la pobreza; por lo que todos debemos trazar un firme compromiso para que 2011 sea el año en que comenzamos a sentar las bases para el rescate social del país.
