por  Mario Luis Fuentes
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Editorial

Este mes se cumplen 94 años de la promulgación de nuestra Carta Magna. A pesar de que hemos llegado a casi un siglo de su vigencia, los derechos sociales continúan siendo una realidad incumplida para la mitad de la población nacional.

 Aun cuando parece un lugar común decir que los ideales que dieron origen a la Revolución Mexicana siguen hoy vigentes, es importante continuar reivindicando la naturaleza eminentemente social de la Constitución, así como el espíritu de equidad y justicia que le animó y le dio sentido en su redacción final.

 

 

Si la Constitución mexicana es la síntesis del pacto jurídico-político fundamental que nos dio la cohesión requerida para terminar de consolidar al Estado mexicano en el siglo XX, entonces es importante decir que estamos ante el reto de reconstruir este pacto y hacerlo valer, a fin de avanzar hacia una sociedad en la que los derechos humanos y la equidad sean los ejes que articulan el sentido de toda la acción pública.

Ante la desastrosa incapacidad mostrada en la organización de los festejos del Bicentenario y del Centenario de la Independencia Nacional y la Revolución, estamos aún ante la posibilidad de avanzar rumbo al año 2017 de construir una verdadera República Social, capaz de construir las Instituciones de las que hoy carecemos para dar pleno cumplimiento al texto de nuestra Carta Magna.

Reconstruir el pacto social es urgente porque de otro modo estaremos condenándonos a la mediocridad presente y futura. Construir un rescate social para México requiere sin embargo superar la mezquindad de los grupos dirigentes del destino nacional; exige de absoluto compromiso y amor por el país y por lo que nuestra historia significa; y sobre todo, demanda una congruencia y una posición ética a prueba de todo.

El sexenio está por concluir, y lamentablemente lo hace en un contexto en el que no se cuenta con las capacidades para conducir al país, con liderazgo ético, hacia la reconciliación; hacia el fortalecimiento de las instituciones y hacia el restablecimiento de los equilibrios sociales elementales que pueden darnos viabilidad como país.

Debemos ser capaces de evaluar y replantearnos las tesis desde las que se han tomado las decisiones públicas, y aprovechar el momento histórico que hoy tenemos para intentar llegar al 2017 en un contexto de celebración que permita honrar adecuadamente al proyecto nacional que está sintetizado en nuestra Constitución.

No podemos seguir siendo omisos en el cumplimiento de nuestra responsabilidad histórica y mucho menos darle la espalda a la oportunidad que tenemos enfrente para generar un proceso de diálogo político nacional que nos lleve a la construcción de una nueva forma de Gobernar: una que sea capaz de recuperar categorías tan humanas como la de la práctica cotidiana de la virtud, y la de la vocación pública a fin de generar felicidad para la población.

Atrevernos a pronunciar estos conceptos requiere sin embargo, “pensar desde fuera”; salirnos de la lógica avariciosa y absurda del individualismo y la frivolidad política, para dar pié a una noción ampliada de lo público; de la República, en el sentido más profundo que puede tener el término, y con base en ello, ser capaces de realizar la infinita responsabilidad que tenemos con los otros.

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Ultima modificacion el 09.02.11
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