por  Mario Luis Fuentes
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México es un país con un recuento de calamidades sumamente doloroso: violencia, discriminación, muerte, exclusión social y tristeza, entre muchos otros fenómenos de suma complejidad social.

Entre ellos, se encuentra uno que, por su dimensión y por las implicaciones económicas, políticas, sociales y culturales que conlleva, resulta inaceptable porque en él se sintetizan muchas de las causas y de las consecuencias del malestar que recorre al país: me refiero a la pobreza más atroz, expresada en el hambre de casi 12 millones de mexicanos.

Ninguna sociedad que aspire a ser plenamente democrática y basada en una sólida cultura de protección de los derechos humanos puede permitirse el lujo de que más del 10% de su población viva en medio de las carencias más lamentables, y que año con año muera y se enferme, particularmente niñas y niños, por falta de alimentos, medicinas y atención médica de calidad.

Hace falta en ese sentido elevar el tono del reclamo y mostrar la magnitud de la fractura ética y el malestar moral que pesa sobre todos, debido a nuestra incapacidad de generar instituciones con la autoridad e instrumentos suficientes para cimentar un régimen de equidad y justicia social.

A un año de haber celebrado el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, nos encontramos en una situación lamentabilísima: las causas que dieron origen a ambos movimientos libertarios siguen enquistadas en nuestra realidad, lo que debiera movilizarnos para exigir que la oprobiosa desigualdad y la vergonzosa pobreza que nos agobian cesen de una vez por todas.

No podemos permitir que México siga siendo el territorio de los desprotegidos; de los que carecen de casi todo y del racismo y discriminación que han llevado a que en las poblaciones indígenas, sólo el .2% de quienes ahí habitan cuenten con niveles adecuados de bienestar.

Ante esta inmensa desolación, México Social ha convocado nuevamente a distintas personalidades que han participado activamente en el diseño, ejecución y evaluación de políticas sociales que desde distintos ángulos y perspectivas muestran los avances y retos que tenemos todavía en el proceso de construcción de una nación incluyente.

A José Woldenberg, Carlos Tello, Julio Frenk, Miguel Alemán, Miguel Székely, Roberto Tapia, Carlos Rojas, Gonzalo Hernández Licona y Gustavo Gordillo les expreso, a nombre de nuestro Consejo Editorial, nuestro más sincero agradecimiento por haber aceptado contribuir con sus ideas y propuestas, a este debate aún insuficiente sobre lo que tenemos que hacer para transformar esta insostenible condición nacional en que vivimos.

Es innegable que si algo se encuentra en común en todas sus colaboraciones es la convicción de que erradicar la pobreza, reducir las disparidades y construir un sistema de protección social que nos cubra a todos es una responsabilidad ineludible para nuestra generación. La cuestión por resolver se encuentra quizá, como expresa José Woldenberg en su análisis sobre el texto de Cordera y Tello, en cómo resolver, a favor de los más necesitados y vulnerables, una nueva disputa por esta nación nuestra, tan atribulada, pero al mismo tiempo tan llena de capacidades, riquezas e historia.

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Ultima modificacion el 01.10.11
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