por  Mario Luis Fuentes
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Concluye 2011 con más incertidumbres que las existentes a principios de año. La confirmación en torno a que la pobreza se incrementó significativamente entre 2008 y 2010; la evidencia en torno a que la desigualdad no se redujo; y la escalada de violencia que se presentó a lo largo del territorio nacional están llevando al país a una peligrosa espiral de desorden y desánimo generalizados.

Así, a un año de que concluya la presente administración, los saldos sociales son enormes: sólo 19 de cada 100 mexicanos son no pobres y no vulnerables por carencias sociales o por ingresos; casi 32 millones de quienes tienen más de 15 años se encuentran en condiciones de rezago educativo, mientras que 5.39 millones no saben leer ni escribir un recado.

Cerramos el tercer trimestre del año con más de 2.7 millones de personas en condiciones de desocupación, y de quienes han logrado acceder a un empleo, 4 millones no perciben ingresos por su trabajo, mientras que 6 millones perciben menos de un salario mínimo al día, es decir, menos de 60 pesos para sobrevivir.

Según los datos dados a conocer a mediados del año por la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH), en México vivimos una desigualdad impresentable, la cual implica que los deciles de más altos ingresos perciben trimestralmente 24 veces más que los deciles en los que se ubican las personas más pobres.

Por otra parte, la Encuesta Nacional de Discriminación, dada a conocer también en este 2011, nos muestra que seguimos siendo un país vergonzosamente discriminatorio contra las mujeres, las niñas y los niños, los adultos mayores, las personas originarias de pueblos o comunidades indígenas y con quienes tienen preferencias no heterosexuales.

Finalmente, para cerrar este cuadro, la Encuesta Nacional sobre Victimización y Percepción del delito, 2011 da cuenta de un terrible escenario de violencia e impunidad, pues, al decir de los entrevistados, en México se cometieron más de 22 millones de delitos a lo largo de 2010, de los cuales no fueron denunciados más allá del 12%.

Ésta y otras evidencias permiten sostener que somos un país agraviado en muchos sentidos; que la indiferencia e incapacidad de la mayoría de los políticos y de los responsables de tomar decisiones en todas las esferas es ya insostenible; y que es hora de transformar el modelo de desarrollo, el cual ya ha mostrado suficientemente ser incapaz de generar equidad.

2011 nos debe dejar como lección que las instituciones del Estado no propician ni la equidad ni la justicia social, y que de la mano de un mercado sin regulación facilitan la continuación de las disparidades, agudizan la polarización social y contribuyen a perpetuar un inadmisible régimen de privilegios.

Asumiendo que se ha conseguido mucho a lo largo de los últimos 100 años, es hora de asumir que es mucho más lo que falta por hacer que lo construido hasta ahora.

Desde esa conciencia, pero también asumiendo la parte de compromiso que nos corresponde, México Social continuará en 2012 contribuyendo a impulsar el diálogo que hace falta, para que podamos construir un nuevo acuerdo político que ponga en el centro a la cuestión social.

A nombre del Consejo Editorial, agradezco infinitamente a todos nuestros generosos colaboradores, pero, sobre todo, a nuestros lectores su confianza, reiterando el compromiso de continuar mejorando en 2012, no sin desearles a todas y a todos que el próximo año sea mucho mejor que el que ahora concluye.

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Ultima modificacion el 28.11.11
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