Vamos a suponer, ahora que está de moda lo natural, lo ecológico, que decidiéramos todos regresar a nuestro estado primitivo: el de ser cazadores, recolectores; es decir, tomar lo que necesitamos del medio que nos rodea, matando si hace falta, sin ningún pudor, o formando pandillas, o sea, uniéndonos al crimen organizado.
Las personas de hace 100,000 años podían sobrevivir utilizando y destruyendo su entorno porque eran nómadas y, sobre todo, porque eran pocas, y la naturaleza se recomponía sola de los estragos humanos y otras adversidades. En el pasado, algunos códigos religiosos no exigían el respeto a la naturaleza porque no hacía falta; se pensaba que plantas y animales existían para nuestro beneficio; y sus preceptos tampoco incluían a los métodos anticonceptivos.
Ahora la naturaleza ya no puede con nosotros: lo que nos da gratis, como, por ejemplo, la atmósfera, lo dañamos; y ya ni se diga de la velocidad con la que exterminamos plantas y animales; y, si de repente quisiéramos regresar al sistema de “saquear y matar”, se destruirían gran parte de los logros de la humanidad.
Por tanto, tenemos que repensar nuestra organización social para no auto-aniquilarnos; es decir, debemos restablecer el contrato social, pues trabajamos y pagamos impuestos para tener protección, educación, salud, transportes, justicia, comida, agua potable o energía (nótese que la falta de trabajo remunerado es una falla de contrato social efectivo).
Tanto economistas como científicos consideran que la innovación es la solución para enfrentar algunos de nuestros problemas. Por dar un ejemplo, tenemos el caso de los teléfonos celulares: costó decenas de años desarrollarlos con inversiones de miles de millones de dólares, y ahora, puesto que son relativamente baratos, millones de personas los compramos, y entre todas pagamos la investigación científica que logró crearlos y mejorarlos. Además, los teléfonos celulares consumen poca energía, requieren de escasos materiales para su construcción y nos permiten ahorrar la energía que implicaría trasladarnos hasta el sitio donde se encuentran nuestros interlocutores.
En otras palabras, si una nación invierte en ciencia, con el tiempo ésta se puede traducir en innovación, en nuevas tecnologías, que, utilizadas con prudencia, permitirán nuestra sobrevivencia como especie.
Existe una Ley de Ciencia y Tecnología en nuestra Constitución, la cual se viola año tras año. Esta Ley, diseñada por seres pensantes, señala con gran claridad que el Estado mexicano debe invertir el 1% del PIB en ciencia y tecnología, en lugar del 0.4% que se le otorga. Cabe destacar que los funcionarios de la Secretaría de Hacienda dicen que el subsidio a la ciencia aumentó a 0.6%, lo que es en realidad un engaño, pues el costo del apagón analógico se le está cargando a la actividad científica y no a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, la cual es responsable de transitar de manera suave de lo analógico a lo digital.
A los científicos no nos serviría de nada un aumento súbito al 1% del PIB. Tendría que ser gradual, para abrir nuevos centros de investigación vinculados con las industrias, formar a más doctores y fortalecer la investigación en las universidades estatales, y esto toma tiempo.
Vale la pena mencionar que si en México no se hace investigación básica sobre problemáticas locales, como la diabetes o el crimen organizado, nadie lo va a hacer por nosotros.
En este sentido, debemos fortalecer uno de los derechos humanos mínimos: la seguridad. Si no analizamos las causas de la violencia y hacemos prospección para adelantarnos al crimen organizado, en lugar de combatirlo a medias una vez perpetrado, no avanzaremos en materia de seguridad. Si no investigamos las drogas ancestrales como la mariguana, ni las nuevas, no podemos tomar decisiones tan importantes como la prevención, el tratamiento, las fuentes alternas de bienestar. Tampoco podremos decidir si se deben legalizar algunas; como la historia muestra que se hizo con el alcohol y los antidepresivos. De seguir prohibiendo drogas, podríamos caer en la tentación de prohibir el azúcar, para evitar la diabetes, o las demás drogas de uso común, como el café, el chocolate y el tabaco. Es mejor saber usar las drogas con precaución que prohibirlas.
Si se crea un centro de investigación sobre la violencia, se podría abatir la más común, la intrafamiliar. Este centro podría ocuparse de diseñar programas educativos obligatorios para parejas en noviazgo, en los cuales, entre otras cosas, se les enseñara a las mujeres a decir no y a los hombres a pedir lo que necesitan, en lugar de lanzarse a los golpes. El instituto de la violencia también se podría dedicar a investigar qué tipo de albergues serían los adecuados para los niños y mujeres maltratados.
Desafortunadamente, la ley sobre el apoyo a la ciencia y la tecnología no es la única que no se cumple. Vivimos rodeados de impunidad. Sin embargo, considero que la comunidad científica suele ser honesta, porque está sujeta a evaluación continua, y por eso funciona tan bien, pues su trabajo es constantemente arbitrado, y, si se aumentara el subsidio de manera gradual, tanto para ciencia básica como la aplicada, a fin de resolver los problemas mexicanos con inteligencia, sería un ejemplo a seguir. El mensaje estaría claro: si empleas bien los fondos estatales subsidiaremos tus proyectos.
Un ejemplo de ciencia aplicada fundamental en asuntos que requieren de atención inmediata sería el siguiente caso: dado que el 70% de nuestro territorio es desértico y tenemos amplios litorales, se podría utilizar la energía solar para desalar agua de mar.
En conclusión, es necesario que México invierta el 1% del PIB en ciencia y tecnología, a fin de crear innovación que permita la supervivencia de las especies, en un mundo en el que la población crece de manera desmedida y se destruye a la naturaleza sin piedad. En otras palabras, hay que aplicar las leyes de nuestra Constitución (por cierto, no estaría mal reescribir la Constitución con una introducción general que incluya las grandes ideas que emanan de una nación y artículos claros de donde surjan leyes y reglamentos a su vez transparentes y aplicables).•


