Las decisiones metodológicas para medir el concepto de pobreza llevan necesariamente a resultados diferentes. Baste recordar el estudio de Székely et al (2000)(I) donde se comparan la pobreza y la desigualdad de 17 países con el objeto de analizar las variaciones producto de las fuentes de información y de los procedimientos metodológicos. Al modificar algunos supuestos, como la elección de escalas equivalentes, el tratamiento de valores perdidos y los ceros en las encuestas de hogares, entre otros, los autores mostraron que la pobreza podría variar en la región de 13% a 66% (de 61 a 316 millones, respectivamente).
De ahí la importancia de hacer explícitos todos los supuestos metodológicos de la medición y de realizar análisis de sensibilidad. Al ser la medición de un concepto social, producto de un esfuerzo académico y de necesidades específicas de los hacedores de política, deben existir, como ocurre en todo debate académico, mecanismos para lograr un consenso sobre las decisiones utilizadas. Siempre, a medida que avanza la investigación, habrá espacio para argumentar sobre cambios que mejoren la medición. Los cálculos deben ser replicables, las fuentes de información lo más certeras posible, y la medición debe ser útil para la toma de decisiones.
Cabe recordar que a principios del siglo en curso no existía una medición oficial de la pobreza en México, sino que coexistían un gran número de indicadores de bienestar y pobreza calculados por las diferentes dependencias federales para cubrir sus requerimientos de información.
Con la promulgación de la Ley General de Desarrollo Social (LGDS), en 2004 se establecieron los lineamientos, dimensiones, temporalidad y representatividad para una medición oficial de la pobreza de carácter multidimensional. Las siete dimensiones explicitadas en la LGDS son: ingreso corriente per cápita; rezago educativo promedio en el hogar; acceso a los servicios de salud; acceso a la seguridad social; calidad y espacios de la vivienda; acceso a los servicios básicos en la vivienda; acceso a la alimentación; y grado de cohesión social. Con esto, la pobreza debe ser medida, según la LGDS, como la agregación de las dimensiones de bienestar (por medio del ingreso), los derechos económicos, sociales y culturales, y una dimensión territorial: la cohesión social.
Finalmente, fue en 2009 que el CONEVAL dio a conocer la metodología multidimensional para el cálculo en la pobreza en México que seguía los lineamientos marcados en la Ley. A la fecha se han presentado las mediciones para 2008 y 2010. Cabe resaltar que esta metodología cumple con los principios de ser consensuada y que las decisiones hechas están explicitadas en documentos públicos.
En términos sintéticos, la medición implica el uso de una dimensión de bie-nestar medida por ingreso y una dimensión que aborda el campo de los derechos sociales. Para la dimensión de bienestar la metodología multidimensional retomó la agenda de investigación que propuso el CTMP. Con esto, se da cuenta de un proceso de adecuación y mejora que obedece a los avances a nivel nacional e internacional en la materia.
En la dimensión de los derechos sociales, para poder traducirlo en una medición, fue necesario reconocer que los derechos sociales son indivisibles e indisolubles. Con esto, nos referimos a que en el campo de derechos humanos de tercera generación, como son los derechos sociales, además de ser inherentes, universales, absolutos e inalienables, no existen jerarquías entre ellos y forman en su conjunto un grupo que debe ser ejercido en su totalidad.
De ahí que la operacionalización que se realiza con esta metodología tome las siete dimensiones mencionadas y cree un grupo de indicadores que marcarán la carencia en alguno de éstos. Para continuar con la congruencia que implica un enfoque de derechos, la asignación de umbrales comienza por identificar los ordenamientos legales, y, en caso necesario, se recurre a criterios definidos por especialistas en los diferentes temas.
Una vez definidos los diferentes umbrales, es posible identificar las carencias de un individuo. Sin embargo, ya que los derechos son indisolubles e indivisibles, aquel individuo que tenga al menos una carencia debe ser identificado como privado del ejercicio de su derecho.
Del cruce entre el espacio del bie-nestar y el espacio de las carencias es posible crear diferentes desagregaciones que pueden ser de utilidad para guiar la creación de las políticas públicas. Por ejemplo, se pueden identificar a aquellos individuos que están por debajo del umbral de ingresos y que presentan carencias en alguna de las siete dimensiones. Asimismo se pueden identificar a aquéllos que no presentan carencias pero que están por debajo del umbral de ingresos.
La medición cumple con poder identificar a la población pobre y medir la profundidad del fenómeno. Se puede agregar según subpoblaciones, lo que permite, entre otras, saber la pobreza de la población rural o la población indígena. Igualmente, la medición debe servir para la evaluación de políticas públicas. El ámbito de acción de la política económica y fiscal afectará en la dimensión de bienestar, mientras que el ámbito de las políticas sociales puede ser estudiado según la dimensión de carencias de derechos donde incidan. Así, las dependencias podrán programar las metas de sus programas sociales con base en el indicador de la medición que corresponde al ámbito de acción del programa.
Como en los avances científicos, es del consenso entre los diferentes actores involucrados, bajo un esquema de escrutinio público, que es posible avanzar hacia una medición que sea un instrumento útil para la planeación y la creación de políticas públicas. •
Referencias
I. Székely, Miguel; Lustig, N.; Cumpa, M.; y Mejía, J.A. (2004), “Do we know how much poverty there is?” Oxford Development Studies, vol. 32, Núm. 4, pp. 523-558.


