01.02.12

Educación superior: el difícil equilibrio (2° y última parte)

por  José Rangel
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La obligatoriedad del bachillerato para el ciclo 2021-2022 implica que, a partir de entonces, toda la población mayor de 18 años tenga cubierta la educación media superior; sin embargo, el estrechamiento producido por la deserción que representa este nivel de estudios se constituye en el mayor problema de México para alcanzar los niveles de cobertura deseados, tanto en ese nivel como en el superior. Sin duda, la tarea de la autoridad educativa es ofrecer más y mejor educación en todos los niveles, y el país enfrenta una paradoja: cuando la oferta de profesionales aumenta, la economía requiere absorberlos, o bien, mantenerlos en el desempleo

JR1Para subsanar el rezago en cobertura educativa, Méxi­co ha logrado importantes avances en el curso de las últimas dos décadas. Asegu­rar una cobertura satisfacto­ria en el nivel superior requiere, en primer lugar, que las coberturas de los niveles an­teriores estén resueltas satisfactoriamen­te, y esto implica que, en el nivel básico, todos los niños ingresen a primaria, per­manezcan en ella, concluyan, ingresen a secundaria y también concluyan. La obli­gatoriedad de la educación básica tendría que dar como resultado total cobertura de la población en edad de cursarla.

La reciente aprobación de la obliga­toriedad del bachillerato para el ciclo 2021-2022 implica que también a partir de entonces toda la población mayor de 18 años tenga cubierta la educación me­dia superior.

Hoy día, de cada 100 niños que ingre­san a primaria concluyen 94. De éstos, 90 ingresan a secundaria. O sea, en este momento ya han abandonado la escue­la 10 niños. En 1990, 42 niños habían abandonado para este momento. La me­jora es enorme. Sin embargo, no deben decaer los esfuerzos para asegurar la per­manencia de todos. En particular, por­que quienes abandonan son aquéllos en condiciones más vulnerables: pobres, con padres sin educación y habitantes de zo­nas rurales, en su mayoría. Como ocurre, en general, con todo el abandono escolar.

JR2Apenas en 1990, al terminar secunda­ria ya se habían perdido 57 jóvenes. En 2010 habían abandonado “solamente” 26. Un avance importante, pero todavía significa que una cuarta parte de quienes ingresaron a primaria no terminó secun­daria en 2010. Una pérdida por demás im­portante. Ingresar al mercado laboral en estas condiciones no le permite a esta po­blación más que desarrollar tareas elemen­tales, de baja remuneración y muy poca productividad. A estos hay que añadir tres estudiantes más que, aunque concluyen secundaria, no ingresan al siguiente nivel.

De los 74 que concluyen la secunda­ria 71 ingresan a la media superior. Otro gran salto hacia adelante, ya que en 1990 solamente lo hacían menos de la mitad (33). Sin embargo, a partir del ingreso a la media superior, el trayecto escolar sigue adoleciendo del mismo problema que hace 20 años: abandonan cerca de dos terceras partes (62.2%) de los que inician. Ahora salen más, porque ingre­san más. Pero, porcentualmente, aban­donan los mismos. Así que únicamente 39 estudiantes de cada 100 que ingresa­ron a primaria concluyen la media supe­rior en este momento.

De esos 39, siete deciden no ingre­sar a estudiar en el nivel superior, de tal suerte que a la licenciatura, descontan­do los que estudian normal superior, ingresan solamente 31 de cada 100 que empezaron primaria. Hace 20 años lo hacían sólo 10 de cada 100. También una mejora sustancial, sin embargo, todavía insuficiente para lograr las coberturas buscadas. Sobre todo, porque de estos 31, aunque no hay datos a nivel nacional, es­tudios previos permiten estimar que un porcentaje no menor a 40% abandona los estudios superiores.

Se ha hecho mucho. Sin embargo, otros países han hecho mucho más para alcanzar los elevados niveles educativos de su población adulta que hoy muestran.

El estrechamiento producto de la de­serción que representa la educación media superior se constituye en el mayor proble­ma que tiene México para alcanzar los ni­veles de cobertura deseados, tanto en ese nivel como en el de educación superior.

Para los próximos 15 años la SEP proyecta, en el caso de la educación me­dia superior, una absorción ligeramente creciente para los egresados de secunda­ria, de 2.5%. Asegura un incremento sus­tancial de la retención (que no ha logrado históricamente), según la cual egresarán porcentualmente más del doble de los que lo hacen hoy. Apoyadas estas proyec­ciones en una evolución naturalmente de­creciente de la población de 16 a 18 años, alrededor de 2017 la cobertura correspon­diente será de 75%. Lo único seguro para entonces será el decremento poblacional. Se ve muy difícil que, sin una transforma­ción de fondo del sistema educativo a este nivel, pueda garantizarse que la retención se incrementará tan drásticamente.

JR3El sistema de educación media supe­rior arrastra consigo dos fallas importantes que todavía no están resueltas: la mencio­nada incapacidad de retención y, no me­nos importante, la calidad educativa.

De acuerdo con la OCDE, la tasa de egreso de media superior es 45%, contra el 82% promedio del conjunto de países miembros de esta organización. Por ello México ocupa el penúltimo sitio en co­bertura de la lista de países miembros.

Es impostergable romper el círculo vi­cioso de lo que la OCDE llama estudiantes en condiciones vulnerables, potenciales desertores. Con ello se refiere a aquellos estudiantes cuyos padres no tienen más de 12 años de educación formal. En el caso de alumnos de 15 años, quienes están por iniciar la media superior, en México el 50% está en esta condición, cuando el promedio para la OCDE es de 17%.

El problema del abandono no está sólo en las condiciones económicas de las familias de los estudiantes. El Progra­ma Nacional de Becas para la Educación Superior (PRONABES), que dio inicio en 2000, ha buscado ayudar a corregir, entre otros, la permanencia y elevar los niveles de terminación. Sin embargo, su efecto sobre los resultados que hemos visto para este nivel no se percibe. Ade­más, están las condiciones culturales fa­miliares, que no son menos importantes, pero sí más difíciles de resolver.

En el caso de la educación superior, México experimentó durante muchos años una negligencia en su cobertura que explica el rezago internacional que vive en el presente.

Entre 1980 y 1995 la cobertura prácti­camente no varió. Se mantuvo en un pro­medio de 14.7%. A partir de este último año comenzó un crecimiento que le per­mitió incrementar un punto porcentual anual a lo largo del siguiente lustro; esto es, hasta el año 2000, cuando se hizo ex­plícita la preocupación por la cobertura en este nivel. A partir de ese momento, el ritmo de crecimiento, irónicamente, disminuyó. Incrementar otros 5 puntos le tomó 8 años más. En la siguiente dé­cada se tiene proyectado un incremento de la cobertura de 10 puntos adicionales, sobre los cuales sólo es posible decir que están más apoyados en la evolución de­mográfica que en la acción de políticas educativas, como en el caso de la educa­ción media superior.

A partir de 2010 la población de jóve­nes entre 19 y 23 años también disminui­rá, apoyando con ello los esfuerzos por incrementar la cobertura. Con el ritmo proyectado por la SEP de 1.2 puntos adi­cionales de cobertura por año, se alcan­zará la cota de 35% en el ciclo 2016-2017.

Sin duda, la tarea de la autoridad edu­cativa es ofrecer más y mejor educación en todos los niveles. Sin embargo, con ello el país enfrenta una paradoja: cuando la oferta de profesionales aumenta, la econo­mía (en su acepción más amplia) requiere absorberlos o bien, mantenerlos en el de-sempleo. También pueden pasar al espacio de lo que hoy se conoce como Ninis, es de­cir, no estudian y no trabajan, pero tampo­co se encuentran en busca de empleo.

Parece de sentido común pensar que si la actividad económica (formal e in­formal) no crece, cuando menos al ritmo que lo hace la oferta de profesionales, los jóvenes se verán orillados al desempleo, o bien a engrosar las filas de los Ninis. Asociado a este fenómeno es que en el medio educativo se habla con insistencia de “carreras saturadas” y de la necesidad de derivar la formación de profesionales hacia disciplinas con actividad profesio­nal de reciente creación, asumiendo con ello que tendrán la capacidad de expan­sión capaz de absorberlos.

La evidencia de los últimos cinco años muestra una realidad diferente, pero no menos interesante. Veamos lo ocurrido.

JR4En primer término, puede afirmarse que no existen mercados saturados para ninguna de las profesiones. Entre 2005 y 2011 todos los mercados profesionales, agrupados según su tamaño –lo que de alguna manera corresponde con su an­tigüedad– han crecido en porcentajes similares. Todos ellos alrededor de 33%. Más aún, todos los mercados profesio­nales, con algunas excepciones, tienen en promedio casi una tercera parte de practicantes provenientes de otras for­maciones disciplinarias, lo cual significa que aún hay espacio para que los propios los ocupen, si son competitivos(I).

Además, si un profesional de una disciplina no ejerce en el estrecho cam­po de la misma no puede colegirse, por la holgura mencionada, que existe satu­ración de ese mercado laboral. La situa­ción de “crisis de empleo” de las “carreras saturadas”, ha resultado un pronóstico fallido(II). Es necesario estudiar los mer­cados profesionales desde otra óptica.

El crecimiento de los mercados pro­fesionales durante este lapso, 33% en promedio, ha sido muy superior al de la economía. Entre el segundo trimestre de 2005 y el de 2011, el PIB ha aumentado 11.6%, lo cual representa un crecimien­to de apenas una tercera parte del de los mercados profesionales. El resultado: la economía se ha profesionalizado, signifi­cando con ello que ahora opera con más profesionistas por unidad de producto.

Más aún, la matrícula total de licen­ciatura entre los ciclos 2005-2006 y 2010-2011 creció únicamente 21%. Lo anterior manifiesta que la economía ha tenido una notable capacidad de absor­ción de profesionistas, dado el diferencial de crecimientos, más que generar desem­pleados profesionales. Por otro lado, el creciente empleo profesional a tasas su­periores al PIB, se expresa como un de­terioro de la productividad profesional.

Si el desempleo profesional se consi­dera alto, éste se encuentra, no obstante, en el promedio de la OCDE: 4.4%(III). Sin embargo, la gran elasticidad del mer­cado profesional en prácticamente todas las disciplinas, ha permitido la enorme absorción de la que se habló líneas atrás, los últimos 30 años, a costa de abatir su productividad y su ingreso.

No obstante, México es de los pocos países en los cuales existe un desfase en­tre el nivel de estudios de su población y su economía. A diferencia de todos los países de la OCDE, con excepción de Chile, su desempleo aumenta con el ni­vel educativo. Existen más desempleados con educación terciaria que con solamen­te la primaria o la secundaria o el bachi­llerato terminados. Peor aún, el problema se agudiza con el tiempo(IV). Fenómeno muy probablemente asociado al mismo proceso de una economía que crece y se transforma lento, con una demanda pro­fesional fuertemente creciente.

Si a lo anterior se añade que México es exportador neto de mano de obra ca­lificada, se acentúa más el desfase entre la economía y la fuerza laboral de la que disponemos.

El problema tampoco es de estructura disciplinaria. Los porcentajes en que se for­man profesionales en las distintas discipli­nas en México están en línea con el mundo. Más aún, formamos más ingenieros y cien­tíficos que Corea y el conjunto de la OCDE, pero muchos menos humanistas(V).

¿Por dónde caminar?•

Notas

I. Rangel, José, ¿Y la cobertura en educación superior?, nivel, evolución, obstáculos, composición, productividad, octubre 2011, en prensa.

II. Véase, Nurit Martínez, “’Excedentes críticos’ en carreras saturadas”, El Universal, 11 de abril de 2005.

III. Education at a Glance 2011, Table A7.4a, cit.

IV. OECD, Education at a Glance cit., Table A.7.2a

V. Rangel, J., op. cit.

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