Nos habían anunciado la accesibilidad de la información, la eliminación de los secretos y la disolución de las estructuras de poder. Parecía inevitable avanzar en la democratización de la sociedad. Los resultados no parecen estar a la altura de lo anunciado y ya se formulan las primeras teorías de dicha desilusión

Existe una Ley de Ciencia y Tecnología derivada de nuestra Constitución que se viola año tras año; esta Ley, diseñada por seres pensantes, señala con gran claridad que el Estado mexicano debe invertir el 1% del PIB en ciencia y tecnología, y no el 0.4% que se le otorga. Si una nación invierte en ciencia, con el tiempo ésta se puede traducir en innovación y en nuevas tecnologías que, utilizadas con prudencia, permitirán nuestra supervivencia como especie
