01.08.11

Ancianos: Vulnerables ante la violencia

por  CEIDAS/Investigaciones especiales
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En el mes de abril de 2012, habrán transcurrido 10 años luego de que se llevara a cabo la Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, en Madrid, España, 2002. Esta Asamblea, convocada por la Organización de las Naciones Unidas, tuvo como principal conclusión el consenso en torno a la urgencia de construir sociedades para todas las edades
 

En ese mismo sentido, la Asamblea de Madrid convino desarrollar una estrategia global, a través del Plan Mundial de Acción sobre el Envejecimiento, a fin de que los Estados- Parte de la ONU, desarrollasen políticas y programas dirigidos a garantizar plenamente los derechos de las personas de edad avanzada.

En particular, destaca el énfasis que se hizo en la necesidad de garantizar, en primer lugar, el derecho al envejecimiento activo; sobre todo pensando en los millones de personas que, teniendo más de 60 años, ven canceladas numerosas oportunidades de continuar aportando a sus comunidades, aun cuando mantienen probadas capacidades intelectuales y productivas.

p.5-1En segundo término, se hizo hincapié en la urgencia de construir sociedades en las cuales todas las edades pudieran convivir, lo cual implica no sólo la erradicación de todas las formas de discriminación y violencia que se ejercen en contra de los ancianos, sino también derribar las barreras físicas y arquitectónicas para su plena participación e inclusión social.

En tercer lugar, se destacó la importancia de generar la infraestructura social necesaria para garantizar el derecho a la salud y transitar hacia una nueva generación de servicios médicos y sociales para las personas de edad avanzada, así como edificar sistemas educativos capaces de ofrecer oportunidades para aquellos a quienes no les fue garantizado su derecho a la educación a lo largo de su vida, así como esquemas de formación continua para continuar participando en procesos formales de formación académica.

Lo anterior se encuentra sintetizado en el Artículo 5º de la Declaración Política de la Asamblea, establece: "(... Los Estados, reconocemos que las personas, a medida que envejecen, deben disfrutar de una vida plena, con salud, seguridad y participación activa en la vida económica, social, cultural y política de sus sociedades. Estamos decididos a realzar el reconocimiento de la dignidad de las personas de edad y a eliminar todas las formas de abandono, abuso y violencia."

Asimismo, es importante destacar que una de las posiciones de mayor "avanzada" que se manifestaron y que fueron reconocidas por todos los Estados participantes, es la relativa a construir una cultura desde la cual la vejez pueda ser asumida como sinónimo de éxito, y con detonar procesos de solidaridad intergeneracional que lleven al establecimiento de puentes para la convivencia, el aprendizaje y el cuidado mutuo entre todos los grupos de edad.

En ese sentido, parte del artículo 6º de la Declaración Política de la Asamblea dice; los Estados: "Reconocemos que es necesaria una acción concertada para transformar las oportunidades y la calidad de vida de los hombres y las mujeres a medida que envejecen y para asegurar la sostenibilidad de sus sistemas de apoyo, construyendo así el fundamento de una sociedad para todas las edades. Cuando el envejecimiento se acepta como un éxito, el recurso a las competencias, experiencias y recursos humanos de los grupos de más edad se asume con naturalidad como una ventaja para el crecimiento de sociedades humanas maduras, plenamente integradas."

Como puede verse, los retos que se asumieron a través de esta Asamblea son de una magnitud enorme, frente a la cual, debe decirse, pocos Estados han logrado avanzar exitosamente. En efecto, los sistemas de pensiones en todo el mundo se están debilitando aceleradamente; en los países en desarrollo y pobres, no existe ni la infraestructura ni las capacidades profesionales para el adecuado cumplimiento de los derechos de los ancianos, y en general, las condiciones de vulnerabilidad, pobreza, marginación y discriminación, lejos de haberse transformado, parecen avanzar hacia niveles de profundización que será muy difícil modificar en el corto plazo.

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El Contexto Global Actual

p.6-1En el año 2009, el Secretario general de la ONU presentó un informe de seguimiento sobre el Programa de Acción Mundial sobre el Envejecimiento. En él señala la urgencia de acelerar las acciones para cumplir con los acuerdos asumidos en Madrid, en el 2002, además de ofrecer un panorama global sobre el acelerado proceso de envejecimiento.

En resumen, el Informe señala que "Debido al declive de la fecundidad y al aumento de la longevidad, el mundo envejece a un ritmo cada vez más fuerte. Está previsto que, en las regiones más desarrolladas, la población de edad igual o superior a 60 años aumente más del 50% en las próximas cuatro décadas y pase de 264 millones en 2009 a 416 millones en 2050, mientras que, en el mundo en desarrollo, está previsto que esa misma población se triplique y pase de 473 millones en 2009 a 1.600 millones en 2050.

La propia población de más edad envejece a un ritmo acelerado y se prevé que la cifra de personas de edad igual o superior a 80 años se cuadruplique, hasta alcanzar los 395 millones en 2050. Por su parte, las mujeres mayores siguen superando a los hombres, ya que representan el 54% de la población total de edad igual o superior a 60 años y el 63% de la de edad igual o superior a 80 años, en todo el mundo".

Estas proyecciones del Secretario General deben alertarnos, pues en prácticamente ningún país se tiene garantizada, en el largo plazo, la viabilidad financiera para contar al menos con servicios de cobertura universal en salud, alimentación y educación, lo que permite prever que, de no actuar rápido, nos estaremos condenando a ser en un futuro bastante próximo, una sociedad global envejecida, a la par de empobrecida y sin oportunidades suficientes de bienestar.

La Situación en México

p.6-2A pesar de que el Día Internacional de las Personas de edad se celebra mundialmente en el mes de octubre, en México se asumió desde la década de los ochenta el día 28 de agosto como el Día del Adulto mayor.

Es evidente que la conmemoración que se lleva a cabo para celebrar a las personas en edad avanzada no puede reducirse, como muchas otras, a meros festivales o eventos de danzón y otros bailables; adicionalmente y, sobre todo, lo que es urgente es generar los sistemas de protección social para la plena garantía de derechos, así como la infraestructura, el conocimiento y el personal especializado que se va a requerir, cada vez más, para el diseño de los servicios sociales que este grupo de población requiere.

Lo anterior ante la evidencia del rápido proceso de envejecimiento que estamos viviendo, el cual puede convertir rápidamente también al llamado "bono demográfico" en un "pagaré demográfico" que, de continuar haciendo las comas como se han venido haciendo respecto de esta agenda, va a ser muy difícil, si no es que imposible, saldar.

En efecto, de acuerdo con los datos del INEGI, la población mayor de 65 años pasó de 3.37 millones de personas en el año de 1990, a 4.75 millones en el año 2000. Este cambio implicó un crecimiento relativo de 16.2% en una década. Sin embargo, para el año 2000, la cantidad de personas con 65 años o más, según los datos del Censo, 2010, es de 6,938,913, es decir, un crecimiento del 31.6% con respecto al año 2000, pero de poco más de 100% con respecto a hace dos décadas, es decir, 1990.

p.7En este contexto, establecer como prioridad pública la necesidad de construir un proceso de transformación cultural, legal e institucional que nos prepare para afrontar exitosamente el acelerado proceso de envejecimiento que enfrenta nuestro país, es impostergable.

 

Un País que Discrimina a los Ancianos

Somos un país que discrimina tanto a su población envejecida, que incluso se ha buscado cambiar los términos con que se define a quienes tienen más de 65 años. De ese modo, se ha llegado al absurdo de intentar llamarles "adultos en plenitud", como si utilizar o imponer "conceptos-moda" transformara las profundas condiciones de inequidad e injusticia social en que viven todos los días.

La Real Academia de la Lengua define a la voz "ancianidad" como el último periodo de la vida ordinaria de una persona. En esa lógica, negarse a llamarle "ancianos" a quienes tienen una edad relativamente avanzada, más que un ejercicio de "tolerancia", parece bien una fuga o una negación de que el envejecimiento es una etapa más de la vida y, tal como se estableció en la citada Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, una incapacidad implícita a reconocer que en una sociedad civilizada y convivencial, llegar a ser anciano puede y debe ser tomado como sinónimo de éxito.

De acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir y Erradicar la Discriminación: "se entiende por discriminación contra las personas adultas mayores, toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en la edad adulta mayor que tenga por objeto o por resultado la anulación o la disminución de las igualdad ante la ley o del reconocimiento, goce o ejercicio, en igualdad de condiciones, de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales".

Por lo dicho, es pertinente destacar que en la Encuesta Nacional sobre Discriminación, 2009, se muestra que al 46.55% de quienes tienen estudios de primaria o menos, no les gustaría que en su casa vivieran personas con discapacidad; en el mismo sentido opina más del 30% de quienes tienen estudios de primaria o menos; e igualmente lo hizo el 17% de quienes completaron estudios de preparatoria.

Estos datos son interesantes de observar porque precisamente en el segmento de quienes no completaron estudios de educación básica, se encuentran más de 33 millones de personas mayores de 15 años; es decir, la gran mayoría de la población mexicana joven o adulta muestra altos niveles de rechazo o discriminación ante quienes viven con algún tipo de discapacidad o necesidades especiales; lo cual es sumamente relevante para el tema que aquí se aborda pues debido a la "epidemiología" de la discapacidad en el país, es justamente la población de mayor edad la que tiene mayores probabilidades de adquirir algún tipo de discapacidad, ya sea por accidentes o como consecuencia de padecimientos crónico-degenerativos.

Asimismo, la Encuesta señala que sólo el 71.1% de las personas opina que las personas mayores deben ser consideradas "mucho" en sus opiniones con respecto a las decisiones familiares. Un 21.4% considera que deben ser "algo" considerados; mientras que el 5% considera que deben ser considerados "poco".

En el mismo tenor, hay un muy alto porcentaje de personas que consideran que a los adultos mayores no se les da empleo por su edad, lo cual muestra la distancia que aún tenemos respecto de ser una sociedad que garantiza el derecho al envejecimiento activo. En este caso, 3 de cada 10 personas asume que el principal problema de los adultos mayores es precisamente la dificultad para encontrar trabajo.

En segundo lugar en orden de menciones, 13.9% de la población piensa que las dificultades para acceder a servicios de salud son el segundo problema más grave que enfrentan las personas de edad; en tercer lugar se identificó a la discriminación y la intolerancia frente a los ancianos; así lo consideró el 9.2% de los encuestados.

Lo sorprendente es que tanto en esta edición de la Encuesta, como en la que se desarrolló en 2005, más del 70% de la población considera a los adultos mayores como uno de los grupos más discriminados, junto con los indígenas y las personas no heterosexuales..

Asimismo, es interesante observar cómo la realidad de los accidentes, como se mostrará a continuación, a pesar de ser la principal causa de muerte violenta para los adultos mayores, no es identificada como un problema social para este grupo de población, lo cual es una muestra de la enorme invisibilidad que tiene esta preocupante realidad cotidiana.

Violencia y Omisión de Cuidados:Dos de los Peores Resultados

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En las últimas dos décadas (1990-2009) han muerto en México 195,225 por causas violentas o accidentales; es decir, un promedio de 27 personas mayores de 60 años que día con día pierden la vida como resultado de un accidente, por suicidio o como víctimas de algún homicidio.

De ese total, la gran mayoría perdió la vida debido a los accidentes; en efecto, en el periodo de referencia, INEGI contabiliza a 154,909 que fallecieron por esa causa. La gran mayoría debido a caídas o atropellamiento de peatón. Esta cifra implica un promedio de 21 decesos diarios.

En segundo lugar en orden de magnitud de causas de muerte violenta para los mayores de 60 años, se encuentran los homicidios; de este crimen se tienen contabilizados 21,603 personas en ese grupo de edad que perdieron la vida asesinados. Esta cifra implica un promedio de 3 asesinatos diarios cometidos en contra de adultos mayores.

p.9-1Finalmente, entre las causas de muerte accidentales y violentas se encuentran los fallecimientos por suicidio; entre 1990 y 2010 hubo 7,743 personas mayores de 60 años que optaron por quitarse la vida. En este punto es importante hacer notar que son la depresión por soledad, la pobreza, la baja autoestima o el padecimiento de enfermedades crónico-degenerativas, las principales causas identificadas como precursores o detonantes de la decisión de las personas de cometer el suicidio. La cifra presentada implica un promedio de un caso de suicidio al día en ese grupo de edad.

Como puede observarse en las gráficas presentadas, destaca que en los últimos años se han "disparado" aceleradamente los números, tanto absolutos como relativos, relativos a los decesos de las personas mayores de 60 años a causa de eventos accidentales o violentos.

Esto muestra que este grupo de la población tampoco está a salvo ni al margen del contexto generalizado de violencia que se vive a lo largo y ancho del país, lo que debe llevar también a la generación de acciones específicas para su atención.

Más Accidentes que entre los Jóvenes

p.10En los últimos años se ha hecho un especial énfasis en diversos espacios, tanto del gobierno como de la sociedad civil organizada, en los crecientes índices de mortalidad por accidentes que se están registrando entre la población joven. De hecho, existe la percepción generalizada de que quienes en mayor medida mueren a causa de los accidentes son las personas entre 15 y 29 años.

Frente a esta idea, es de suma relevancia decir que es parcialmente errónea; esto, porque, si bien es cierto que es el grupo de población en el cual se concentra el mayor número absoluto de casos, es el grupo de personas mayores de 60 años en el que se registran las mayores tasas de defunciones como resultado de eventos accidentales.

Es decir, al haber mucho más jóvenes que adultos mayores en el país, resulta relativamente "natural" que haya un mayor número de decesos por la causa señalada; sin embargo, cuando se lleva a cabo el análisis traduciendo las cifras en tasas, lo que resulta es que para los adultos mayores el indicador es 53% superior al registrado, por citar un ejemplo, entre el grupo de edad de 25 a 29 años, que es el grupo quinquenal con la tasa más alta entre los grupos etarios de población más joven.

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De esta forma, si se lleva a cabo un ejercicio comparativo por quinquenio para las dos últimas décadas se encuentran dos fenómenos sumamente interesantes. El primero es un rápido y progresivo descenso en las tasas de mortalidad por homicidios, suicidios y accidentes registradas para los grupos de edad mayores de 60 años.

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Simultáneamente, se presenta un proceso a la baja tanto en la tasa nacional como en las registradas para los grupos de población joven o adulta; sin embargo, a partir del año 2005 se registra un muy importante repunte equivalente a un incremento de casi el 30%, entre la tasa registrada en 2005 y la que se tiene disponible con base en la información generada en 2009.

Así las cosas, mientras que en 1990 la tasa de mortalidad por accidentes y eventos violentos a nivel nacional fue de 73.72 fallecimientos por cada 100 mil habitantes, para el grupo de 25 a 29 años fue de 101.4, mientras que para los mayores de 60 años fue de 214.3.

Para 1995, las tasas fueron de 62.4 a nivel nacional; 84.9 para el grupo de 25 a 29 años y de 177.7 para el grupo de 60 años y más. En el año 2000 continuó el descenso: una tasa nacional de 53.5 muertes por accidentes o causas violentas; de 68.9 para el grupo de 25 a 29 años, y de 155.4 para los adultos mayores.

Posteriormente, ya en 2005, la tasa nacional fue de 51.4; para el grupo señalado de jóvenes fue de 65.1 y para los ancianos fue de 149.1. Finalmente, en el 2010, se tiene una estimación aproximada, con los datos públicos disponibles de 60 muertos por cada 100 mil habitantes debido a causas accidentales o violentas; de 83.7 para el grupo de 25 a 29 años, y de 132.3 para las personas de 60 años y más.•

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