Sin embargo, para hacer realidad esa aspiración individual no basta el esfuerzo individual, el familiar o el de una comunidad; se requiere de la sociedad y del Estado para crear y dotar de oportunidades, de condiciones para el desarrollo y la realización de ese esfuerzo individual y así sea posible alcanzar los estándares de calidad de vida o desarrollo humano de las naciones más desarrolladas del mundo.
Vivir en democracia, contar con el gobierno que la mayoría de los mexicanos deseamos, un gobierno con poderes controlados, que rinda cuentas, transparente, que promueva la participación ciudadana, que garantice el goce de las libertades que nuestra Carta Magna consigna, que cumpla con el principio de la igualdad de todos ante la ley, respetuoso de los derechos humanos, que permite que el pluralismo de nuestra sociedad se recree en tolerancia, un gobierno honesto, eficiente y eficaz; todas éstas son las condiciones políticas que se requieren para mejorar las condiciones de vida y bienestar de los mexicanos.
En los últimos años hemos tenido avances muy importantes en el tránsito democrático; debemos continuar caminando por esa ruta de consolidación democrática, el camino es largo aún.
Consideramos que los esfuerzos inmediatos deben estar enfocados a:garantizar que la pluralidad de nuestra sociedad se exprese en los órganos del Estado; garantizar la paz pública y estabilidad social reconstruyendo las instituciones de seguridad y justicia bajo los principios de presunción de inocencia, respeto a los derechos humanos y el profesionalismo de nuestras instituciones de seguridad; acercar el gobierno a la sociedad, promoviendo la participación ciudadana, el combate a la corrupción, la modernización gubernamental y reorientando su vocación para que esté al servicio del pueblo.
Lo mismo sucede con el plano económico y social, el Estado y la sociedad, requieren diseñar e implementar estrategias y políticas públicas que en lugar de obstaculizar los esfuerzos individuales los potencie.
Durante los años de la transición política y durante la alternancia, se plantearon y ejecutaron diversas reformas estructurales, con la pretensión de estabilizar la economía y promover su crecimiento, que modificaron de fondo aspectos de la organización productiva del país y redefinieron negativamente el papel del Estado en la economía y el lugar del país en la economía global.
Sin embargo a pesar de esa larga terapia de reformas, auspiciadas por el Fondo Monetario Internacional, e impulsadas por el PRI y el PAN, la actividad económica de nuestro país ha tenido un desempeño muy pobre. México se encuentra estancado desde hace más de dos décadas, con los efectos distorsionados y asociados como son la pobreza, la polarización social, la migración masiva, la multiplicación de la informalidad y la cancelación de la movilidad social.
La desigualdad social crece y escinde cada vez más al país, el crecimiento mediocre durante un periodo largo tiene consecuencias graves para las generaciones presentes y futuras. Este panorama exige plantear nuevas estrategias, graduales y consensadas, de cambio político y estructural para atender la desigualdad y el crecimiento sustentable. El crecimiento es condición necesaria para el bienestar social.
La experiencia de los últimos años nos señala que la igualdad y la distribución son condición del crecimiento, no su resultado. El problema no ha sido la ausencia de reformas, sino su completa indiferencia para enfrentar la desigualdad social y la promoción del desarrollo.
En los últimos años, nuestra política social ha estado centrada, más en combatir la pobreza extrema que en atemperar las desigualdades. Han sido acertados los programas sociales en disminuir la pobreza, sobre todo la extrema; sin embargo debemos avanzar en otros objetivos: igualdad material, igualdad de oportunidades, desarrollo humano, estabilidad política e igualdad de género. Debemos partidos políticos y actores sociales, construir nuevos acuerdos para atemperar las desigualdades y abarcar las necesidades de sectores sociales más amplios, me refiero a las clases medias.
Consolidar nuestros logros de política social requiere además de perseverar la política social aplicada, garantizar un entorno de estabilidad macroeconómica, en particular mantener la inflación controlada en porcentajes muy bajos, además de la estabilidad financiera.
También es condición el mantener un crecimiento económico, o mejor dicho un desarrollo económico sustentable, que proporcione oportunidades y bienestar para amplios sectores de la población. Estas lecciones nos las proporcionan las experiencias de los últimos años.
Sin duda podemos perfeccionar el diseño de los programas sociales, mejorar su planeación estratégica, ser más certeros en la cobertura y focalización y eficientar su operación;a fin de que con mejores resultados avancemos en una percepción positiva --de los beneficiarios y de la sociedad-- sobre las bondades e impactos de los programas sociales.
Fortalecer la participación ciudadana de beneficiarios y de la sociedad en el diseño, operación y evaluación de los programas sociales y de toda nuestra política social es una necesidad impostergable.
Un entorno político más favorable para el acuerdo puede permitir el avance de nuevas visiones, nuevos paradigmas en la política social de nuestro país y hacer posible en pocos años la universalización de los derechos sociales.
La estrategia más sólida para superar en forma definitiva la pobreza pasa necesariamente por: hacer crecer la economía, crear empleos bien remunerados, impulsar una política social que garantice una buena educación, salud y vivienda. De esa dimensión es el reto para la sociedad mexicana y los distintos niveles del gobierno y el PRD aspira a ser actor relevante en esta realización.

