01.11.11

El Centro de Nuestras Acciones

por  Mexico Social/Staff
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CintilloNinez

María Josefina Menéndez Carbajal, directora general de la Organización Internacional de Save the Children-México, analiza las condiciones en las que se desarrolla la infancia en el país: un proceso educativo alejado de sus necesidades reales; el incremento de niñas y niños en las peores condiciones de trabajo y explotación infantil; la violencia familiar, escolar y social; y destaca la urgencia de convertir al interés superior del niño en el centro de las acciones en todos los niveles, así como de cambiar la agenda pública de seguridad por protección integral de la infancia

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México Social (MS): Save the Children trabaja en torno a seis programas y uno de ellos es el de la educación. Sobre este tema, ¿cuál es su percepción sobre la ca­lidad y el acceso a la educación de niños, niñas y adolescentes en México?

María Josefina Menéndez (MJM): Calidad y acceso son dos temas comple­mentarios, pero que se pueden separar:

La calidad de la atención es uno de los retos más importantes del sistema edu­cativo del país. A pesar de los esfuerzos que se estén haciendo a nivel nacional, y con diversas iniciativas que emergen des­de el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y el gobierno federal, hasta los gobiernos locales, la discusión más importante tanto a nivel nacional como en el caso de los niños y niñas que atendemos y participan en ese proceso educativo y en nuestros progra­mas de atención es que la educación que reciben no es necesariamente pertinente u oportuna ni responde a sus necesida­des e inquietudes, y la apropiación del proceso del conocimiento es autorita­ria, rígida y sin posibilidades de lograr la construcción en conjunto.

En relación con el acceso, creo que ha habido avances muy importantes. A nivel nacional se habla de un porcenta­je que rebasa el 90% de niños en el re­gistro de educación básica. Sin embargo, hay fenómenos que se deben mencionar, como la cantidad de niños en riesgo, ni­ños de la calle y entre 17 y 18 mil niños y jóvenes que emigran o intentan emigrar. También existen más de 3 millones de niños trabajadores, de los cuales un alto porcentaje ve eliminada su posibilidad de estudiar por la duración de sus jorna­das laborales.

 

Cambio de conciencia 

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MS: ¿Desde dónde se debe transformar social y culturalmente el entorno de los niños?

MJM: Además de una transformación social y cultural, es una transformación de conciencia. Creo que nos toca a to­dos comprender qué significa el interés superior del niño y la niña; el centro de nuestras acciones, actividades y nuestra vida tiene que estar ahí. Esto tiene que ver con las acciones cotidianas de atención del niño, del trato y afecto; con nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos con ellos; con la posibilidad de que sean escuchados, vistos y se conviertan en ac­tores que pueden participar de acuerdo con su edad, madurez y desarrollo.

Este cambio de conciencia tiene que abarcar todos los sectores del país, pero, sobre todo, es una labor fundamental de política pública.

En el caso de los padres de familia, esta toma de conciencia implica retomar la idea de la escuela como un ámbito co­munitario de participación donde ellos aprenden también y se involucran en el proceso de aprendizaje de sus hijos. En el caso de los niños, deben recordar que tienen derechos y además compromisos (no obligaciones) de ser buenos seres hu­manos, respetar a sus maestros e incor­porarse a la escuela con una actitud de aprendizaje y respeto.

 

 

Retos de la calidad educativa 

 

 

MS: Mencionaba la incidencia en la po­lítica pública; Save the Children la ha tenido en los poderes ejecutivos y legis­lativos; sin embargo, los acuerdos de la Convención no se han logrado cumplir en el país, ¿por qué? p28

MJM: Hemos tenido un papel estratégi­co, pero, ¿cuáles han sido las dificultades que consideramos más graves en relación con la calidad del acceso a la educación al nivel de la implementación de la política del gobierno federal? En primer lugar, el tema de la justicia y la equidad social es un gran problema. Podemos lograr cali­dad educativa mejorando nuestros nive­les de atención, pero la inequidad es tan seria que se deben tomar decisiones muy importantes en este punto.

La segunda es el papel político del SNTE, que también tiene que ver con el proceso democrático. A veces ope­ra más como un mecanismo de defini­ción de candidatos a la Presidencia de la República y en ocasiones de goberna­dores. Ahí hay un juego y un papel po­lítico realizado por el sindicato que va en detrimento de la función principal de una organización de tal magnitud e importancia, tanto en el principio éti­co como en la necesidad de fortalecer sus capacidades como personas y como maestros para dar educación.  

La tercera tiene que ver con presu­puesto. Es difícil mejorar condiciones de calidad educativa si no logramos tener aulas adecuadas, acceso a la información digital y educadores y promotores comu­nitarios que permitan a los maestros no hacer dobles turnos, sino que se vincu­len con los niños sobre bases de respeto y brinden una atención pormenoriza­da, dedicada, dirigida, constructivista y planteada a partir de las necesidades y expectativas de los niños.

Si se entiende el sistema educativo nacional sin entender los ámbitos loca­les, regionales y las necesidades en parti­cular de los niños y sus familias, es muy difícil avanzar en la calidad educativa, acceso y permanencia de niños y niñas en el mismo.

MS: En su organización se ha hablado de la creación de un “Sistema Estatal de Pro­tección Infantil Efectivo”, ¿cuáles han sido los alcances de esta propuesta; qué res­puesta han tenido por parte del gobierno?

MJM: Nuestra organización lleva al me­nos tres años en esta discusión. Es una de las recomendaciones que se han plantea­do a partir del estudio de la ONU en ma­teria de violencia: la creación de sistemas de protección nacionales que permitan cambiar las agendas públicas de seguri­dad y dejar de entender como seguridad a la policía y el ejército en las calles, y más desde una lógica de generar la aplicación de las garantías individuales y de los de­rechos de los niños y niñas.

Hemos insistido en esta discusión, la cual debiera llevar a la armonización de un marco legal -contrario a lo que exis­te-, y a mecanismos instrumentales en una ley de protección de niños, niñas y adolescentes; crear un órgano rector y programas y presupuestos vinculantes. Hay algunos avances al respecto; en el Senado se han presentado iniciativas, se ha discutido con el DIF y con la Pre­sidencia de la República, pero no ha sido más que una situación de reflexión.

A través de sus programas, lo que está haciendo Save the Children es crear sis­temas de protección integral locales. Se trata de llegar a una escuela, hablar con el director y los maestros; reconocer e identificar las condiciones de los niños; iniciar procesos de participación in­fantil y promover el autocuidado. Que los niños expresen sus necesidades y requerimientos es el mejor mecanismo de seguridad.

También se trabaja con padres de fa­milia para lograr un cierre que permita tratar de modificar la forma en la que los niños y niñas son tratados en el ám­bito escolar, familiar y comunitario. En los casos en donde es necesario estamos involucrando a la autoridad local para acciones específicas de indefensión de derechos de niños o necesidades espe­ciales de protección.

La Violencia se ha normalizado

MS: En el contexto que estamos vivien­do en el país, ¿cómo se explican los nive­les de violencia y maltrato en el entorno familiar o escolar, o en fenómenos como el bullying, que sufren los niños, niñas y adolescentes en el país?

MJM: Hay distintos tipos de condicio­nes de violencia. La primera, que tiene que ver con condiciones de maltrato y violencia familiar, es una tendencia que lleva a niveles de reconocimiento de or­ganizaciones civiles, familias e incluso los registros oficiales en los últimos 15 años. Desde los primeros foros de par­ticipación infantil en los que ese pudo intervenir, siempre fue un punto princi­pal la forma en la que el padre, madre o cualquiera de sus familiares trataban a los niños en sus casas; éste es un proceso histórico que ha crecido constantemente.

La explicación que puede darse tiene que ver con el tema de inequidad, ade­más de estar relacionado con el asunto de la presión social y del estrés que sig­nifica vivir en las condiciones de la so­ciedad actual, pues cada vez tenemos mayores niveles de exigencia en nuestro desarrollo personal.  

Esto se refleja necesariamente en la vida familiar, el tema del cambio de roles, y la gran cantidad de familias que ya no son como las que conocíamos, que ahora tienen una jefa de familia y no un jefe de familia: una mujer estresada, presiona­da, quizá deprimida, que debe atender su papel de madre después de largas jor­nadas de trabajo. Hay todo un fenómeno que parte de este proceso.

En los sectores económicamente pu­dientes el estrés social también se refleja, hay sobreprotección o los padres de fa­milia están tan ocupados en sus dinámi­cas sociales y económicas que los niños no tienen la atención inmediata y directa de su madre y padre de familia. Éstas son condiciones de violencia que pueden ser pasivas o directas y agresivas.

En el ambiente estudiantil, el bullying o acoso escolar es un tema muy grave que se ha observado desde hace muchos años y tiene que ver con los niveles de de violencia, maltrato y omisión que sufren esos niños en sus casas. En un ambiente tan grave como el que se vive en el país ac­tualmente, con una actitud como la de los medios de comunicación, independiente­mente de si respetan o no sus códigos de ética, la realidad es que todo el proceso de comunicación e información social lleva a la normalización de la violencia.

En este proceso de normalización ocurre que un niño le pegue a otro, que una niña se burle de otra o la presen­cia de misoginia y discriminación. En el mundo adulto, esta normalización es una forma de adopción de un comporta­miento educativo: “Que se haga fuerte”, dice el maestro. “Sí, lo están presionan­do, pero es para que se fortalezca porque él es débil”. Estamos atendiendo un fenó­meno que aparentemente está creciendo o se está haciendo más evidente. Estos actos tienen mucha más presencia y con­secuencias muy graves.

MS: ¿Cómo trabajar en esto y empezar a erradicar la violencia contra la niñez?

MJM: Desde nuestra perspectiva, esta­mos haciendo lo que podemos, con toda la consistencia y las posibilidades que tene­mos. Hay un primer ámbito que tiene que ver con la política pública; tenemos que crear un mecanismo general, vinculante, necesario, obligatorio y prioritario que derive en este sistema de protección.  

Debemos cambiar la agenda pública de seguridad por protección integral. De­bemos pensar que la posibilidad de erra­dicar la violencia hacia niños y niñas está en una labor cotidiana de atención, lo que significa que debemos trabajar con maes­tros y padres de familia, y la posibilidad que tenemos de hacerlo es en el ámbito escolar, porque ahí hay un interés de los padres de salir adelante y cambiar su si­tuación social y personal.

Hay que trabajar con las niñas y los niños, explicarles lo que significa la dis­criminación, enseñarles a expresar sus sentimientos y a sacar lo que viven diaria­mente y ver desde el ámbito de la atención directa sus mecanismos de recuperación. p29

 

Explotación laboral: Práctica inadmisible

 

MS: Mencionaba la explotación labo­ral de la que son víctimas millones de niños en el país. Ante la crisis, ¿se ha incrementado?

MJM: Sin duda. El principal problema es que, en muchos casos, no podemos demostrar ese incremento. En el regis­tro que tenemos de niños y niñas traba­jadoras, sus jornadas laborales se han ampliado, y eso es un incremento claro, pues hay una línea muy tenue entre el trabajo infantil (sus posibilidades forma­tivas y sus condiciones de sobrevivencia y desarrollo, las que sea que tengan), y la explotación laboral infantil. Al dedicar más tiempo al trabajo o al traslado a su lugar de trabajo, descuidan su alimenta­ción y otras condiciones que permitirían su desarrollo escolar.  

A pesar de que las cifras oficiales ha­blan de un decrecimiento del trabajo in­fantil en relación a los años siguientes, la realidad es que cada vez hay una mayor cantidad de población infantil adscrita a esquemas laborales de excepción que incluyen peores condiciones de traba­jo y explotación. No tenemos manera de garantizar ni de saber con certeza la cantidad de niños y niñas trabajando en prostitución infantil, qué cantidad se está sumando a la cadena del crimen organi­zado, etcétera; pero, aunque no tenemos los registros, sabemos que está pasando, porque lo vemos de manera cotidiana.• 

MJMenendez

 

MARÍA JOSEFINA MENÉNDEZ CARBAJAL

 

Licenciada en Sociología, egresada de la Universidad Iberoamericana con experiencia de  más de 30 años en el área social en dependencias de gobierno, educativas, organizaciones sociales y particulares. En términos de incidencia en política pública ha efectuado negociaciones con la Cámara de Diputados en la Formulación de la Ley de los Derechos de la Niñez y con los Senadores en diversas líneas relacionadas con la infancia. Realizó actividades de enseñanza académica en la Universidad Iberoamericana en las áreas de Sociedad, Economía y Educación. Desde el año 2000 es Directora General de la Organización Internacional Save the Children México. 

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