Escrito por 11:41 am Andrea Rodríguez, En Portada, Selecciones del editor

2020, el año del distanciamiento

“Intentar entender al otro significa destruir los clichés que lo rodean, sin negar ni borrar su alteridad”  Umberto Eco

El lenguaje y el acompañamiento social son propias del hombre, sin ello no solamente se niega la esencia del ser humano, sino que se inhabilitan las destrezas de comunicación que el hombre ha desarrollado en toda su evolución. En el contexto actual, la comunicación intergrupal presencial se ha visto disminuida, la nueva normalidad recurre a la exposición en multipantallas y obliga a la simulación de la cercanía al mismo tiempo que recurre a la creación universos ficticios que se supondrían personales e íntimos.

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Sin duda la videoconferencia beneficia el intercambio de opiniones a distancia, la comunicación sincrónica es posible gracias a las aplicaciones de mensajería instantánea, la tecnología permite hoy en día la inmediatez del diálogo.

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La comunicación se ha reducido al zoom, al chat, a las imágenes y videos, sin embargo, el diálogo y el intercambio de opiniones en una comunicación cultural es más que lo anterior.

El ser humano también se comunica a través del lenguaje corporal, incluso sucede que los ademanes, las posturas, las miradas contradicen o confirman la información que se expresa de manera verbal. La comunicación es un universo dialéctico que engloba signos, símbolos, interpretaciones sugeridas por el entorno, particularmente de los medios mainstream.

En este sentido la comunicación es cultura; “Toda cultura se ha de estudiar como un fenómeno de comunicación (O en su aspecto más radical, todos los aspectos de la cultura pueden ser estudiados como contenidos de la comunicación o cualquier aspecto social puede convertirse en una unidad de sentido)”.  (Eco, 1968)

De acuerdo con el semiólogo italiano, Umberto Eco, en todos los fenómenos culturales hay un proceso de comunicación que conlleva un significado, un signo y una decodificación. Por tal toda la comunicación humana tiene un mensaje que se explica desde la perspectiva cultural. Entonces, aunque es posible la conversación a distancia, con seguridad perdemos de vista muchos otros elementos que animan una charla, por ejemplo, los ilustradores del discurso.

El cuerpo expresa cogniciones y emociones que no siempre son controlados por la mente racional. El cuerpo se expresa por medio de la comunicación no verbal, las micro expresiones momentáneas sólo son posibles de percibir con el contacto visual, es difícil percibir todos los mensajes que emite el cuerpo a través de la virtualidad. Como es el caso de los ilustradores del discurso, los cuales son ademanes que se utilizan para hacer un énfasis o demostrar una emoción, por ejemplo, el movimiento de las manos o de la cabeza.

El distanciamiento nos recuerda la importancia de la comunicación no verbal y enfatiza la necesidad de los sentidos para intercambiar emociones. Muchas veces un abrazo, un apretón de manos demuestran más cariño que muchas palabras. En el caso de los niños, aprenden más a través de los ejemplos de sus profesores que de las lecciones que les imparten. Para los niños las acciones suelen ser más representativas que las mismas palabras.

Este 2020, ha sido particularmente más difícil para los infantes el contacto físico es parte del juego, del proceso de enseñanza-aprendizaje, de la socialización. La comunicación a través de los sentidos es un puente significativo para la educación.

Paulo Freire (1971) afirma que los educadores deben rechazar la “domesticación” de los seres humanos, y asumir que la tarea educativa es la comunicación y no la extensión. “Todo acto de pensar exige un sujeto que piensa, un objeto pensado, que mediatiza al primer sujeto del segundo, y la comunicación entre ambos, que se da a través de signos lingüísticos. De esta forma, el mundo humano es un mundo de comunicación” (p.44)

Se dice que alguien deja una huella de comportamiento, cuando se recuerda alguna acción significativa de la persona, aunque ella esté ausente. Es decir, cuando simbolizó algo lo suficientemente poderoso en los otros para ser evocado. Probablemente no se recuerde el nombre de la persona, pero si se apremia el sentimiento que provocó.

No cabe la menor duda que el 2020 es el año del distanciamiento físico, de la virtualidad conectada, de las pantallas, del acercamiento en línea, así como de la información digital, pero también es el año que hace recordar que tan intensa e imprescindible es la comunicación no verbal. Aquella que transmite señales, signos, señales y emociones por medio de miradas, de abrazos y demás muestras de cariño.

La riqueza de la comunicación corporal quedo limitada a un cuadro, a un espacio que no sólo castigó las significaciones de la gestualidad, sino que replegó a las emociones y las ubicó en un espacio sin luz, ni brillo, similar a una cámara apagada. El brillo de los ojos, las sonrisas espontáneas quedaron pendientes de una interpretación cultural. Así fue nuestro acercamiento social. Sólo resta imaginar que el 2021 será lo suficientemente benévolo para permitir la cercanía física tan necesaria para los seres humanos. 

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Bibliografía

Eco, Umberto. 1968/1989. La estructura ausente. Introducción a la semiótica, Barcelona, Lumen

Matsumoto, David. 2019. La importancia de la comunicación no verbal. Entrevista. Aprendemos juntos, BBVA. España. Recuperada de https://www.youtube.com/watch?v=IX12PNlpdsA

Freire, Paulo. 1971. La pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores

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