En Portada

América no es América: poder, violencia y el regreso abierto del imperialismo

El ataque contra Venezuela ha reavivado los debates sobre el accionar de Estados Unidos. Sin embargo, estas discusiones suelen quedar atrapadas en lugares comunes, como “si no eres venezolano no puedes opinar”, “comunismo contra imperialismo” o “si Maduro es o no un dictador”. Ante este tipo de planteamientos existen respuestas relativamente sencillas. Ser venezolano, por ejemplo, no acredita automáticamente a nadie para comprender de manera inequívoca el contexto sociopolítico de su país. Esto no implica negar que los venezolanos —tanto quienes permanecen en el país como quienes se encuentran en el exilio— posean un conocimiento empírico y de primera mano de su realidad; significa, más bien, reconocer que dicho conocimiento no siempre se traduce en una comprensión geopolítica del lugar que ocupa Venezuela en el sistema internacional.

Escrito por:  Guillermo Ramírez-Rentería

Lo mismo ocurre en el caso mexicano. Ser mexicano no habilita, por sí solo, a comprender en profundidad el entramado político, económico y social del fenómeno del narcotráfico. Sostener que para entender un fenómeno es indispensable padecerlo constituye una falacia evidente. En cuanto a Nicolás Maduro, existen abundantes pruebas documentadas por organismos internacionales que permiten caracterizar su gobierno como una dictadura o, cuando menos, como un régimen sostenido en procesos electorales profundamente cuestionables, además de una pérdida sostenida de legitimidad social. Este tipo de debates —centrados en etiquetas y posiciones morales inmediatas— no fomentan un pensamiento crítico más profundo; por el contrario, conducen a conclusiones simplistas que impiden observar el tablero completo de las relaciones internacionales y la posición real de los Estados dentro de él.

Te invitamos a leer: México ante el crecimiento mediocre

Las relaciones entre países no son casuales ni horizontales. Están determinadas por su ubicación dentro de un sistema-mundo con historia, jerarquías y significados propios, tan arbitrarios como sus fronteras geográficas. En ese sistema, Estados Unidos emergió como potencia hegemónica tras la Segunda Guerra Mundial, particularmente a partir del uso de la bomba nuclear. Los acuerdos de Bretton Woods consolidaron una hegemonía económica que produjo un orden internacional dividido en hemisferios y en los llamados mundos capitalista y socialista, encarnados respectivamente por Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Ambas potencias reclamaron su lugar en la competencia por la hegemonía global. Esta disputa concluyó con la caída de la URSS durante el periodo de Gorbachov y la consolidación de la hegemonía estadounidense. No obstante, una tercera potencia se encontraba en proceso de emergencia: la República Popular China. A diferencia de la experiencia soviética, China apostó por una estrategia centrada en el desarrollo industrial y la inversión tecnológica más que en la expansión militar, lo que dio lugar a un crecimiento económico sin precedentes y a la aparición de un nuevo rival sistémico. Esta transformación ha sido leída de manera particularmente hostil por Donald Trump, tanto en su etapa como candidato como durante su presidencia.

En la actualidad, durante la segunda etapa del trumpismo, la guerra comercial entre las grandes potencias se ha intensificado y las zonas de influencia han adquirido un carácter estratégico central. Estados Unidos ha limitado el acceso de China a su mercado mediante aranceles y sanciones específicas, como la prohibición a empresas como Nvidia de vender chips al país asiático. De manera paralela, ha presionado a Canadá y México para elevar barreras comerciales y frenar la inversión china en sus territorios. En Europa, sus aliados han sido obligados a incrementar la compra de armamento estadounidense y a reducir obstáculos para la entrada de bienes norteamericanos. América Latina, en este contexto, se ha convertido en un espacio prioritario del nuevo corolario Trump de la doctrina Monroe.

En este marco, Estados Unidos llevó a cabo recientemente una acción claramente unilateral contra Venezuela, sin consenso de su Congreso, sin legitimidad ciudadana y sin autorización de la Organización de las Naciones Unidas. Con ello exhibió de forma explícita su carácter imperial. Durante décadas, como potencia hegemónica, Estados Unidos promovió un entramado institucional supranacional orientado a contener nuevos conflictos armados tras la Segunda Guerra Mundial. Este andamiaje, más narrativo que funcional, se sostenía en un discurso de derechos humanos y en la promesa de un orden democrático global. Sin embargo, dicho orden ha sido erosionado de manera sistemática desde la llegada de Donald Trump al poder y, de forma especialmente evidente, desde el genocidio en Palestina.

El 3 de enero de 2026 se cruzó un nuevo umbral en América Latina con la captura del dictador Nicolás Maduro. Conviene subrayar que es posible ser crítico del imperialismo estadounidense y, al mismo tiempo, condenar la mala administración y el pésimo cálculo político de un Estado que, junto con las sanciones internacionales, ha provocado uno de los mayores éxodos contemporáneos: cerca de ocho millones de venezolanos. Más allá del juicio que merezca la figura de Maduro, bajo el orden internacional previo habría sido impensable que Estados Unidos —o cualquier otro Estado— ingresara a un país para capturar a su presidente y posteriormente asumir el control del territorio. Resulta aún más alarmante que esta acción haya estado acompañada de discursos explícitos que revelan la intención de que empresas estadounidenses se apropien de los recursos naturales del país intervenido.

Este giro discursivo marca, en realidad, un cambio de época. El fortalecimiento de un discurso imperial que prioriza abiertamente los recursos, reafirma que América es el continente de Estados Unidos y reactiva una versión endurecida de la doctrina Monroe evidencia una transformación profunda del orden global. Mientras que antes se sostenía un lenguaje de negociación entre países desarrollados y subdesarrollados, se apelaba a los derechos humanos y se ocultaban relaciones de poder profundamente desiguales, hoy esos discursos ya no resultan necesarios. En el nuevo orden impulsado por el trumpismo, la imposición de la voluntad del más fuerte puede ejercerse sin mayores justificaciones. Esto es profundamente preocupante.

México y América Latina deben procesar con urgencia las implicaciones de este nuevo escenario. Las agresiones contra Gaza y Venezuela han funcionado como pruebas exitosas para el imperio, en tanto no han generado respuestas firmes a nivel internacional. Aunque podría pensarse que Rusia y China interpretan estas acciones como una autorización implícita para avanzar sobre Estados más débiles —como Ucrania o Taiwán— y fortalecer su zona de influencia, la lectura para los países periféricos debe ser aún más cautelosa. Todo indica que en este nuevo orden las posiciones serán cada vez más directas, que los recursos necesarios para sostener la hegemonía serán obtenidos sin resistencia significativa y que los países pobres seguirán siéndolo para preservar el statu quo.

No obstante, no todo ha sido indiferencia. En horas recientes se difundió un comunicado conjunto de Brasil, Colombia, Chile, México, Uruguay y España que condena la agresión estadounidense contra Venezuela. Este gesto puede interpretarse como un primer indicio de una posible estrategia regional orientada a resistir la nueva ofensiva económica y política, aunque también cabe la posibilidad de que se trate de un ejercicio meramente discursivo, sin correlato material. En cualquier caso, todo indica que nos encontramos ante un punto de inflexión histórico, comparable a la disolución del marco de valores occidentales que estructuró el orden internacional durante más de setenta años.

También podría interesarte: La Abadía de Cluny III: El Faro del Arte Románico y la Filosofía Medieval

¿Por qué necesitamos su ayuda? Porque somos una organización independiente, libre de la influencia de cualquier gobierno, corporación o partido político. Desde el día que empezamos, hemos enfrentado presiones. Dependemos de su generosa contribución. Juntos, podemos seguir difundiendo la verdad. Ayúdenos a difundir la verdad, comparta este artículo con sus amigos.

mexico_social

Ver comentarios

Entradas recientes

Homicidios: ¿un nuevo punto de inflexión?

El abatimiento del líder del grupo criminal denominado como “cartel Jalisco nueva generación” marca un…

2 días hace

Discursos, posicionamientos y visiones

El reordenamiento del mundo se está concretando a golpe de acciones y hechos verificables, pero…

3 días hace

La incertidumbre de la violencia

La confirmación del abatimiento de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel…

3 días hace

Filtraciones, poder y erosión institucional

En el entramado del Estado mexicano moderno, donde la legitimidad descansa simultáneamente en la capacidad…

4 días hace

La infancia interrumpida

Para Mario Mota, el niño que siempre fue. Reseña de: Saúl, Arellano, La infancia y…

6 días hace

Aquellos libros de texto…

Cuando cursé la educación primaria, entre 1965 y 1971, estudié en aquellos entrañables libros de…

6 días hace

Esta web usa cookies.