os nuevos compromisos climáticos
México presentó recientemente sus nuevos compromisos nacionales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Se trata de la tercera ronda. La primera ocurrió en 2015, cuando se aprobó el Acuerdo de París. Luego, en 2020, se entregó una revisión que bajó la ambición y prometió una meta notoriamente por debajo de lo esperado para 2030, que fue calificada como críticamente insuficiente, pues no era compatible con el objetivo de que la temperatura global no rebase los 2oC, y dejó a nuestro país en el grupo de los más incumplidos a escala global, según distintas clasificaciones. Ahora, con la tercera ronda, México ha vuelto activamente a las negociaciones ambientales internacionales, con una ruta anunciada de mitigación, adaptación y justicia climática.
Escrito por: Enrique Provencio D.
El documento (Actualización de la Contribución Determinada a Nivel Nacional 3.0 de México, que en la jerga se conoce como NDC 3.0, por las siglas en inglés) hace explícito, bajo la firma de la Presidenta de la República, que el esfuerzo que ahora hagamos como país para enfrentar el cambio climático, marcará el rumbo que tome México las próximas décadas, ya que se tendrá que realizar un esfuerzo sostenido para avanzar en la transición energética, en el cambio tecnológico y en un gran número de medidas para amortiguar los impactos de la variabilidad climática, todo eso en un marco compatible con el desarrollo, la reducción de la pobreza, la protección del empleo y otros propósitos sociales.
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Todo esto debe tomarse con precaución, porque está por verse si las demás políticas se alinearán con las metas que las nuevas NDC establecen para 2035, pero también pueden verse como una señal promisoria y como un cambio de señales en relación al gobierno anterior, que despreció los acuerdos globales y retrocedió en lo que se venía logrando con la reducción de emisiones, perdiéndose mucho tiempo y haciendo que ahora el esfuerzo tenga que ser más intenso para recuperar la trayectoria de mitigación y adaptación.
Los nuevos compromisos se formularon gracias a una estrecha relación de las autoridades ambientales con grupos académicos, organizaciones sociales con alta capacidad técnica y organizaciones internacionales, y con una participación directa de las instituciones más relacionadas con las políticas climáticas. Se echó mano de las herramientas de modelación más actualizadas, con apego a las reglas que establece la convención y sus grupos de trabajo. Esto no tendrá nada de extraordinario, podría decirse, pero no se estuvo practicando hasta 2024, y, al contrario, hubo incluso hostilidades hacia los equipos no gubernamentales que ofrecían su apoyo.
Las NDC 3.0 se proponen que las emisiones netas de COe de 2035 se acerquen a unos 385 millones de toneladas de manera no condicionada, es decir, en base lo que se deberá llevar a cabo sin depender de los apoyos internacionales, partiendo de las 600 millones de toneladas que se estima fueron emitidas en 2024. Esto equivale a una reducción de 35 por ciento para 2030 y luego acelerar el esfuerzo los siguientes años. Con esa ruta, se espera que entre 2050 y 2060 se logre el objetivo de alcanzar emisiones netas cero. Los sectores que más deberán aportar son el transporte, la generación de energía eléctrica, la industria, la agricultura y la ganadería, los residuos, el petróleo y el cambio de uso de suelo. En este último tema, ya se hizo pública la meta de acabar con la deforestación en 2030. En cada uno de estos sectores están identificadas las principales medidas, más de 170, que exigirán una coordinación de alta intensidad, y, de hecho, otro tipo de planeación que integre acciones públicas y privadas, comenzando por la aceleración de los proyectos de energía renovable.
Las NDC 3.0 tiene también un componente de mitigación centrado en la prevención de los impactos del cambio climático sobre la población y el territorio, destacando la salud pública, la resiliencia de los sistemas productivos y la producción de alimentos, la conservación de los ecosistemas, la gestión del agua y la protección de la infraestructura. El programa detallado de adaptación está anunciado para 2026, y, si es así, será la primera ocasión en que México cuente con una estrategia, que ha sido pospuesta durante cerca de 15 años. Hay también en las NDC nuevas un planteamiento claro sobre la necesidad de enfrentar las pérdidas y daños, que puede ser una vía para llamar la atención de la sociedad sobre la necesidad de tomarse en serio la acción climática. Los nuevos compromisos pondrán a prueba la voluntad gubernamental para una política efectiva. Por lo pronto, es una buena noticia que México y las autoridades ambientales hayan regresado con fuerza a los foros climáticos globales.
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