Democracia

Desarrollo, soberanía y derechos

Con todo y sus insuficiencias y dificultades, durante décadas hubo una relación virtuosa entre soberanía, paz, libertades y prosperidad, con una configuración u orden de instituciones internacionales, reglas y prácticas que funcionaron como marco del desarrollo. Se han señalado con razón las limitaciones de ese orden, pues el mundo avanzó hacia el acotamiento de la independencia de las naciones, primero bajo el equilibrio de la Guerra Fría, y luego en el contexto de la globalización, que redistribuyó el poder económico regional. Lo innegable es que hizo posible los estados de bienestar, el avance de las democracias, e incluso el impulso de países que se desarrollaron y convirtieron en potencias económicas en toda regla, algunas de alcance regional y otras, como China, de alcance global.

Escrito por:  Enrique Provencio D.

Más allá de sus cuestiones técnicas y de política económica, el desarrollo alcanzó un rango de valor compartido como propósito común, no solo porque lo proclamara la ONU, sino porque se asimiló a la aspiraciones colectivas de las sociedades. Es un valor problemático, ciertamente, porque cambia de contenidos y perfiles. Estados Unidos nunca dejó de promover y proteger sus intereses económicos y militares fuera de su territorio, pero, a la vez, desde el fin de la Segunda Guerra promovió iniciativas de cooperación y apoyó los organismos que facilitaron el impulso económico de los países pobres o de nivel medio. En ocasiones con más claridad, en otras de forma más velada, se trató de apoyos condicionados a sus propósitos, pero asumiendo que era preferible facilitar el desarrollo de los demás.

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Lo que ahora se está viendo es una ruptura tajante con esa idea, que algunos, como Joseph Nye, definieron como internacionalismo cooperativo, utilizando el multilateralismo y participando en la defensa de los derechos humanos y los bienes públicos globales, entre los que se encuentra la protección ambiental y sobre todo la acción climática. La cascada de acciones ejecutivas, memorándums, declaraciones y otros tipos de decisiones de la Casa Blanca a partir del 20 de enero de 2025, desmontaron pieza por pieza los elementos clave de lo que quedaba de una política internacional cooperativa de Estados Unidos, además de atacar sus instituciones políticas, diversas prácticas institucionales e innumerables avances culturales y de reconocimiento y protección de derechos humanos y de las minorías.

A su manera, las medidas específicas adoptadas hasta noviembre de 2025 por el gobierno de Trump cobraron forma y coherencia con la nueva estrategia de seguridad nacional (National Security Strategy of the United States of America, NSSUSA)[1], sobre todo para América Latina y el Caribe, Canadá y Groenlandia. La operación del 3 de enero de 2026 fue ya una extensión lógica de esa estrategia, y el catalizador de otras que se ejecutaron de inmediato, sobre todo el retiro de 64 organizaciones internacionales, 29 de ellas de la ONU. La NSSUSA redefinió claramente el nuevo tipo de política exterior estadounidense, condicionando todo tipo de políticas e instrumentos a la preeminencia de sus intereses corporativos, militares y estratégicos, por encima de compromisos previos, y, para todo fin práctico, de tratados, acuerdos e instituciones de las que forme parte.

para “para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio.

Las implicaciones de la NSSUSA no son solo generales o declarativas, sino que comprenden una serie de medidas concretas que están ya en aplicación o que se adelantan como de próxima adopción. A modo de ejemplo, estas comprenden el condicionamiento de inversiones,  la supervisión de las regulaciones nacionales, sobre todo en las industrias estratégicas y en sectores de la economía digital y la inteligencia artificial, la asignación de grandes contratos públicos con prioridad a empresas estadounidenses, el seguimiento unilateral de las estrategias macro económicas de los países (lo que tradicionalmente tiene a su cargo el Fondo Monetario Internacional), el control estratégico de recursos naturales, la vigilancia de acuerdos con terceros países, entre otros aspectos críticos.

Para proteger los intereses de su seguridad nacional, la NSSUSA anunció su “acceso a geografías clave en toda la región“, y la exclusión de otros países o bloques regionales en el continente, pues sostiene que se negará “a competidores no hemisféricos posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”. Se trata de una estrategia diferenciada, condicionada sobre todo a la subordinación al interés estadounidense, como lo ha hecho explícito el ejecutivo estadounidense con sus declaraciones y decisiones de apoyo al gobierno de Milei en Argentina o al de Bukele en El Salvador, y como lo constataron las operaciones militares en Venezuela y la posterior imposición de diferentes medidas de política petrolera y comercial.

El viraje ya cambió tanto los principios y las estrategias, como los soportes institucionales multilaterales en los que se respaldaron diversas políticas del desarrollo. El gobierno estadounidense, por ejemplo, declaró a la Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y a otras partes del Consejo Económico y Social, como contrarias y amenazantes a los intereses de ese país, mientras evalúa auto excluirse de algunos más alegando motivos de seguridad nacional[2].  No solo está dejando su pertenencia a espacios multilaterales, sino combatiendo explícitamente los esfuerzos globales de cooperación, de defensa de los derechos humanos, de promoción de la democracia, de contención del cambio climático y de muchos otros esfuerzos que ahora están alineados con la idea contemporánea del desarrollo. (continúa)

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[1] The White House. 2025, noviembre. National Security Strategy.  https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf

[2] The White House. 202. 7 de enero. Withdrawing the United States from International Organizations, Conventions, and Treaties that Are Contrary to the Interests of the United States. Presidential Memoranda. https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2026/01/withdrawing-the-united-states-from-international-organizations-conventions-and-treaties-that-are-contrary-to-the-interests-of-the-united-states/

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