¿Qué lee Elena Garro? – Para escribir poco hay que leer mucho - Mexico Social

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¿Qué lee Elena Garro? – Para escribir poco hay que leer mucho

La lectura es un acto íntimo y poderoso que despierta la imaginación, fortalece el pensamiento crítico y enlaza generaciones a través de las palabras. En una época en la que lo inmediato suele imponerse sobre lo profundo, recuperar esta entrevista realizada en 1994 a Elena Garro para la revista Libros y Lectores representa una valiosa oportunidad para reflexionar sobre su vida, su obra y su mirada sobre el mundo de los libros. En sus respuestas, Garro comparte pasajes de su infancia, su amor por la literatura rusa, el proceso de creación de sus obras, y la manera en que la lectura marcó su existencia.

Escrito por:  Mauxi Sánchez Fernández

Elena Garro nació en Puebla, pero vivió su infancia en Iguala, Guerrero. Su principal maestro durante esos años fue su padre, quien la introdujo en el mundo de la lectura. Más tarde estudió en el Colegio de San Ildefonso y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde conoció a Octavio Paz, con quien se casó en 1937.

Su primera obra fue una pieza dramática titulada Un hogar sólido, escrita a petición de Octavio Paz para el grupo Poesía en Voz Alta, un colectivo experimental de teatro y poesía. Esta obra marcó el inicio de su destacada trayectoria literaria. En 1963 obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia con la novela Recuerdos del porvenir y, en 1981, el Premio Grijalbo con Testimonios sobre Mariana, dos obras representativas de la literatura hispanoamericana contemporánea.

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Fue autora de cinco novelas, 19 obras de teatro, dos libros de cuentos y unas memorias parciales.
—¿Cuándo comenzó a leer y qué leía entonces?
—Desde niña veía a mis padres leer mucho. En casa había muchos libros. Cuando mis hermanos y yo decíamos que estábamos aburridos, mi madre respondía: “Lean, tengan utilidad”.

Los libros que más disfruté fueron La Ilíada y La Odisea; me parecían preciosos, entretenidos, hablaban de guerreros. Quiero releerlos antes de morir. Ya lo he hecho varias veces, especialmente La Odisea, que me encanta por sus viajes, las sirenas y el regreso de Ulises. Son libros eternos.

También me gustaban obras como Hamlet, que se comprenden de manera distinta según la edad. Me agradaban mucho los textos de la picaresca española y las aventuras de grandes caballeros.
—¿Le gusta hacer relecturas?
—Prefiero releer buenos libros a leer obras malas. Por ejemplo, he leído siete veces La guardia blanca, del escritor ruso Mijaíl Bulgákov.

Hay una anécdota sobre él: pertenecía a las Guardias Blancas de Rusia y, tras la Revolución, siguió vistiéndose igual, mientras los intelectuales andaban desaliñados. Un día, desesperado, escribió una carta al camarada Stalin:

“No tengo qué comer, no tengo qué vestir y tengo 37 obras de teatro, pero ninguna en escena. Le pido un favor: o me manda fusilar o me deja salir de Rusia.”

Días después, Stalin lo llamó por teléfono. Bulgákov no le creyó y colgó, pero Stalin volvió a llamar y le pidió que marcara un número privado. Así comprobó que era él. Stalin le ofreció ayuda personal y prometió interceder para que se montara una de sus obras. Finalmente, La guardia blanca fue puesta en escena, y Bulgákov la vio 17 veces.

—¿Le gusta la literatura rusa? —Mucho. Creo que los rusos tienen dos grandes talentos: la literatura y la danza. Me fascinan Dostoievski y, entre los modernos, Bulgákov. —¿Todas sus lecturas han sido fundamentales para su escritura?
—Sí. Para escribir poco, hay que leer mucho.
—Usted conoció a muchos escritores y estuvo casada con Octavio Paz. ¿Se ha sentido especialmente atraída por la obra de alguno?
—Por la poesía de César Vallejo. Me parece un poeta tremendo, trágico, con un lenguaje muy especial y triste. ¿Sabías que murió de hambre? No conviví mucho con él, pero lo traté bastante; él y María, su esposa, eran muy agradables.
No me he inclinado por otros autores en particular; en realidad, me gustan los clásicos.
—¿Qué participación tuvo en Poesía en Voz Alta?
—Muy poca. Recuerdo que Octavio planeaba un grupo pequeño, manejable, con amigos. Me dejó fuera, pero no me importó porque a mí me gusta más el teatro. Me pidió escribir una obra en un acto para el grupo. La escribí en una tarde: Un hogar sólido. Le encantó, y desde entonces seguí escribiendo. Llegué a hacer entre 16 y 20 obras en un acto, como La dama boba y Felipe Ángeles, ya no para el grupo, sino por gusto.
—¿En qué etapa se sintió más inspirada para escribir?
—No lo sé. Siempre tuve entusiasmo. En 1963, estuve enferma y pasé mucho tiempo en cama. Entonces escribí Recuerdos del porvenir. Tenía muchas ideas.
Es un libro casi autobiográfico. Todos los personajes existieron en Guerrero. Solo los novelé.
—Elena Paz, su hija, interviene: “Mi padre quiso hacerle cambios, pero mi madre se mantuvo firme. Recuerdos del porvenir es una obra llena de símbolos. Por ejemplo, la piedra en la historia representa el miedo de la conciencia. Mi madre es muy intuitiva, como dicen los franceses: los pensamientos vienen del corazón.”
—¿Qué obra disfrutó más escribir?
—Recuerdos del porvenir y Y Matarazo no llamó. Esta última me gusta porque no tiene realismo mágico, como muchas otras mías.
—¿Cómo inició su hija en la lectura?
—Ella sola. Siempre tuvo curiosidad. Leía libros no apropiados para su edad, pero los disfrutaba. Le encantaban los cuentos de Andersen, Peter Pan, El rey Arturo, Hadas y niñas de Francia, Merlín, El hada Morgan. Leer era su pasatiempo favorito.
—¿Le gusta ir a librerías?
—Sí, en París iba con frecuencia. En México no he ido porque me quedan lejos y casi no salgo, pero las extraño mucho.
—¿Cuál es el género que más disfruta escribir?
—El teatro, sin duda. Me gusta escribir sobre niños, aunque nunca he escrito para ellos. El género infantil me parece difícil. Solo unos cuantos, como Dickens y Andersen, lo han hecho magistralmente.
—¿Qué recomienda para formar lectores?
—Menos televisión y más lectura. Que lean cuentos como los de Andersen.
—Durante muchos años no se publicó nada suyo. ¿Dejó de escribir?
—Fueron años difíciles. Estaba fuera del país, pero seguí escribiendo. Joaquín Mortiz fue el primero en volverme a publicar, en 1980, con Andamos huyendo, Lola. Podría ser reeditada.
—Sabemos que aún tiene obras inéditas. ¿Qué pasó con ellas?
—Muchas se perdieron o están desordenadas. Aún conservo textos como Un corazón en un bote de basura, Primer amor, Un traje rojo para un duelo, Por la espalda de mi boca, Larga es la noche Loreto, entre otros. Tengo que ordenarlos y corregirlos. Ojalá algún día se publiquen.
—¿La sorprenderemos con una nueva obra?
—No lo sé. Lo que sí seguiré haciendo es leer, que es mi pasatiempo favorito.

Algunas obras recomendadas de Elena Garro:

Recuerdos del porvenir, Andamos huyendo Lola, Testimonios sobre Mariana, Memorias de España 1937 y La casa junto al río.

Si busca una novela política con tono realista, no deje de leer Y Matarazo no llamó.
Transcribir y compartir hoy esta conversación con Elena Garro no es solo un ejercicio de memoria: es una invitación a volver a los libros, a la palabra y a la sensibilidad de una de las autoras más relevantes de la literatura mexicana contemporánea.

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