Fisioterapia
En México, la fisioterapia se encuentra en una encrucijada. Aunque se ha consolidado como carrera universitaria en múltiples instituciones, tanto públicas como privadas, el desarrollo profesional, académico y político de esta disciplina permanece rezagado. Frente a un contexto que exige atención interdisciplinaria, modelos de salud comunitaria y enfoque de derechos, la fisioterapia parece haberse anclado en una lógica técnica y fragmentada.
El problema no es de origen reciente. A inicios de la década de 2010, la licenciatura en fisioterapia aún era incipiente en muchas universidades. La mayoría de los programas carecían de laboratorios adecuados, campos clínicos propios o cuerpos docentes con posgrado. Sin embargo, se mantenía una expectativa de crecimiento de que, con el tiempo, se pensaba, la carrera maduraría, se consolidarían líneas de investigación, surgirían especialidades y se articularía un gremio con capacidad de incidencia. Nada de eso ha ocurrido y en el presente texto busco analizar esta problemática a través de su popularidad en las universidades, competencia profesional, la falta de organización del gremio y el gran potencial que tiene.
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Actualmente, es común encontrar programas de fisioterapia en múltiples universidades, pero la expansión cuantitativa no se ha traducido en una profundización académica ni profesional. En lugar de especialidades clínicas o posgrados de alto nivel, proliferan los cursos cortos, certificaciones y talleres promovidos como equivalentes a la profesionalización. Técnicas como Bobath, Kinesiotaping o Halliwick, muchas veces importadas y sin validación científica sólida en el contexto mexicano, se convierten en banderas identitarias de la práctica fisioterapéutica.
Esta tendencia genera una paradoja, pues mientras aumenta el número de profesionales titulados, disminuye la producción académica de calidad. Los artículos científicos en fisioterapia con autoría mexicana siguen siendo escasos, las investigaciones de corte clínico o comunitario son marginales y los vínculos con otras disciplinas como: medicina, salud pública, trabajo social o estudios sobre discapacidad por mencionar algunos son débiles o inexistentes.
En el terreno laboral, el panorama tampoco es alentador. El marco normativo nacional no distingue adecuadamente entre técnicos y licenciados, lo que genera ambigüedad en las funciones, atribuciones y derechos de quienes ejercen la fisioterapia. Esta indefinición legal impide la autonomía profesional, limita las posibilidades de diagnóstico funcional y excluye a los fisioterapeutas de tareas básicas reconocidas en otros países, como la prescripción de ciertos tratamientos no farmacológicos. Incluso en la actualidad, el fisioterapeuta sigue requiriendo la supervisión médica para la realización de un diagnóstico de movilidad funcional que fácilmente podría realizar.
En el sistema de salud pública, la fisioterapia tiene una presencia limitada. Son pocas las unidades médicas donde se cuenta con este servicio, y a menudo los profesionales trabajan de manera aislada, sin pertenecer a equipos interdisciplinarios ni contar con condiciones adecuadas. En el sector privado, la informalidad predomina. La falta de regulación favorece prácticas poco éticas, diagnósticos improvisados y tratamientos sin sustento clínico, afectando tanto la reputación del gremio como la atención al paciente.
Otro de los grandes déficits de la fisioterapia en México es la falta de organización colectiva. A diferencia de otros gremios de la salud como medicina o enfermería, los fisioterapeutas carecen de colegios profesionales sólidos, redes de colaboración, presencia en órganos de decisión o estrategias de incidencia política. No existen campañas visibles de defensa profesional, ni una agenda común frente a las autoridades sanitarias y educativas. Bueno, no hay un rumbo profesional a nivel nacional que indique la brújula del gremio, aunque sí es cierto que en los últimos años han emergido colegios que muchas veces sólo recaban cuotas, pero no sin realizar actividades significativas.
Esta debilidad organizativa perpetúa la precariedad y favorece la fragmentación del campo. La competencia individual sustituye a la construcción colectiva. El mercado se impone sobre la ética profesional. Y la apatía gremial se convierte en obstáculo estructural para el avance de la disciplina en México.
Frente a estos retos, resulta urgente una revalorización crítica del papel de la fisioterapia en México. En un país con alta prevalencia de enfermedades crónicas, envejecimiento poblacional acelerado y más de 20 millones de personas con discapacidad, la fisioterapia no es un lujo, sino una necesidad de salud pública. Su desarrollo debería alinearse con enfoques de atención primaria, salud comunitaria, promoción de la autonomía y garantía de derechos.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) establece la obligación de los Estados de garantizar servicios de salud adecuados, incluyendo rehabilitación. Esto implica fortalecer profesiones como la fisioterapia, pero también transformar sus fundamentos: superar el modelo biomédico, incorporar enfoques biopsicosociales, participar en equipos inter y transdisciplinarios, y contribuir activamente a políticas públicas inclusivas.
Todo esto requiere algo más que buena voluntad. Se necesita músculo institucional, formación académica rigurosa, investigación aplicada y una reforma normativa, pero, sobre todo, organización colectiva por parte de los profesionales interesados.
La fisioterapia mexicana tiene el potencial de convertirse en un actor estratégico del sistema de salud, pero para lograrlo debe abandonar la lógica del aislamiento, el tecnicismo y la despolitización. Es tiempo de recuperar su sentido profesional, ético y transformador. No basta con multiplicar programas educativos o consultorios privados, sino que se necesita construir un campo disciplinar con identidad propia, vocación crítica y capacidad de incidencia. Solo así se podrá garantizar que esta disciplina deje de ser vista como un apéndice técnico, y se convierta en lo que ya es en otros países: una profesión científica, clínica y socialmente relevante.
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