La madrugada del 19 de junio impactó en Oaxaca y Guerrero el primer huracán de 2025. Afectó sobre todo pueblos y zonas rurales, con un registro preliminar de cuantiosas pérdidas patrimoniales, y dos fallecimientos, uno de ellos un niño (hasta el sábado 21 de junio, cuando estaba por empezar el censo de afectaciones). Las alertas tempranas y los pronósticos parecen haber funcionado adecuadamente, así como la respuesta oportuna de las autoridades locales y los llamados a la auto protección de la población. La tarea permanente sigue siendo reducir la vulnerabilidad humana, que está en el corazón de la gestión integral de los riesgos, y aplicar estrategias coherentes de adaptación ante las amenazas de mayores impactos meteorológicos futuros
Escrito por: Enrique Provencio D.
Habrá pronto estimaciones preliminares de los daños y pérdidas, y el impacto socioeconómico se sabrá en septiembre 2026, cuando aparezca la evaluación del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED). Esta es una de las instituciones que más deberíamos fortalecer, por la tarea que tiene en la actividad que le da nombre, la prevención, y que es de las que más hemos descuidado e injustamente castigado. Ahí se formulan recomendaciones clave para la gestión integral del riesgo, se promueven y elaboran instrumentos de planeación esenciales para los gobiernos estatales y municipales, como guías, normas y manuales que salvan vidas y ayudan a proteger los bienes de la población ante todo tipo de desastres. El CENAPRED merece todo el apoyo necesario, pero se le regatean presupuestos y sobre todo se marginan las acciones de preparación y anticipación, que quizá lucen menos pero que son más efectivas y reducen las calamidades post desastre. En https://www.cenapred.unam.mx/PublicacionesWebGobMX/buscaindex se pueden encontrar los mejores recursos sobre estos y otros temas fundamentales sobre riesgos.
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Gracias a una de los trabajos del CENAPRED sabemos que los años de mayor impacto socioeconómico que hemos tenido en México por desastres en lo que va del presente siglo, han sido 2011, 2017 y 2023. El primero por varios huracanes, sobre todo el Alex y la secuela que dejó en Nuevo León y la zona metropolitana de Monterrey, más un temblor en Mexicali. El segundo, 2017, por los sismos del mes de septiembre y sus consecuencias en Oaxaca, Morelos y Ciudad de México, entre otras entidades. El tercero, 2023, está más cerca en la memoria, pues se recuerda mucho el huracán Otis, del que todavía no se reponen Acapulco y los municipios aledaños, donde se registraron 53 muertes y cuyos daños y pérdidas han sido estimadas en casi 85,000 millones de pesos.
Lo que no se sabe mucho es que 2023 también es, hasta ahora, el año de más defunciones ocasionadas por desastres de origen natural en lo que va del siglo en México, pero no por el Otis, sino por fallecimientos en Sonora (121), Nuevo león (104) y Baja California (58). La Dra. Naxhelli Ruiz Rivera ha llamado la atención sobre la diferencia entre las métricas del impacto desastroso y otros que podríamos decir que son silenciosos pero no menos graves: “también se dan múltiples impactos agudos o crónicos que no tienen un reconocimiento administrativo como “desastre”, asociados a eventos de baja magnitud y alta frecuencia, pero que tienen consecuencias muy relevantes en cuanto a riesgo social.” (Riesgos sociales asociados a desastres climáticos en México”. Naxhelli Ruiz Rivera. Seminario Cambio Climático en México: tendencias, riesgos y políticas. Instituto de Geografía de la UNAM. 30 de abril 2025).
Ocurre que pasan los desastres y que muy pronto olvidamos los procesos de recuperación, en los que se atienden los daños más visibles, aunque no siempre, pero quedan efectos diferidos que pueden agravar los rezagos estructurales, las desigualdades y la vulnerabilidad, en una cadena que refuerza la pobreza y la capacidad de afrontamiento ante futuros desastres. En los estados del Pacífico Sur confluyen peligros que van de los huracanes a los sismos, de las sequías a las inundaciones y otros que a menudo son menos visibles, pero que son crónicos y hasta se ven como normales, y que son parte de las dificultades para generar círculos virtuosos de desarrollo, equidad y resiliencia local. Es, por diferentes razones, lo que ocurre en la mayor parte del territorio. Prevención, mejora de las capacidades de respuesta, adaptación, protección ecosistémica, gestión integral de los riesgos: son tareas clave no solo de la protección de vidas y del patrimonio, sino del desarrollo sustentable de México.
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