Escrito por 3:00 am En Portada, Fernando Díaz Naranjo, Selecciones del editor

La colegialidad en los órganos electorales

La colegialidad en los órganos electorales

Ahora que tenemos de frente la elección más grande que haya registrado nuestro país, vale la pena hacer algunas reflexiones de la forma en que operan los órganos electorales en México y su eficacia en nuestro sistema democrático.

sigue al autor Mtro. Fernando Díaz Naranjo en Twitter @fdodiaznaranjo

En principio hay que decir que nuestra democracia está fundada en la resolución de las mayorías, es decir, no depende de un solo individuo sino justamente de una colegialidad que, en este caso, con su voto, se manifiestan mayoritariamente en las urnas.

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Los órganos colegiados, de donde tenemos una amplísima diversidad guardan este mismo fundamento, es decir, prevalece no lo que un directivo presidente de un Consejo Consultivo o un presidente de un organismo autónomo define, sino de un esquema más complejo que permite una participación más amplia en la toma de decisiones.

Para comprender este fenómeno de la colegialidad, tomemos el caso del Instituto Nacional Electoral conocido por sus siglas como INE.  Esta institución se rige bajo un Consejo General que se constituye como su máximo órgano de dirección y tiene la alta encomienda de vigilar el cumplimiento de las disposiciones constitucionales y legales en materia electoral, para lo cual cuenta con comisiones de carácter permanente y temporales, que auxilian a dicho órgano colegiado a la consecución de sus objetivos, apegados a los principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, objetividad y máxima publicidad.

Tanto el Consejo General y sus comisiones respectivas, se integran por consejeros y consejeras electorales y, por disposición legal, en algunas de ellas participan representantes de los partidos políticos con registro nacional y representantes del Poder Legislativo.

Consecuentemente, y a pesar de que el INE cuenta con un Consejero Presidente, éste no tiene el poder de gobernar a la institución por sí mismo, necesita justamente de dicho órgano colegiado, en particular de las consejeras y consejeros de dicho órgano.

En razón de esto, el legislador federal tuvo a bien agregarle una serie de atribuciones al Consejero Presidente del INE entre las que destaco dos que me parecen fundamentales para entender la colegialidad de los órganos electorales:

  • garantizar la unidad y cohesión de las actividades de los órganos del Instituto, y
  • vigilar el cumplimiento de los acuerdos adoptados por su Consejo General.

Ambas disposiciones permiten observar claramente que el Consejero Presidente, coordina y auxilia al propio Consejo General, pero quienes se constituyen como los que lo gobiernan son, junto con él, los y las consejeras electorales cuyas determinaciones se toman al interior de las Comisiones auxiliares a las que nos referimos, las elevan a la consideración del Consejo General y, en el mismo, por mayoría o unanimidad, se declaran procedentes o no.

Esto trae como consecuencia que en un órgano colegiado la voz no corresponda a ninguna figura sino a la mayoría de la colegialidad. 

La colegialidad significa también institucionalidad, es decir, respeto a las esferas de competencia de cada Comisión que auxilia al Consejo General, así como a sus integrantes.

Colegialidad significa lograr un consenso mayoritario y no unipersonal.  Colegialidad es la generación de acuerdos, de sinergias y de sumas de esfuerzos para lograr objetivos institucionales acordes a las obligaciones, directrices y determinaciones de la institución electoral.

Por ello, los órganos colegiados guardan la misma esencia de nuestro sistema democrático, es decir, sus acuerdos o resoluciones se toman por mayoría, considerando que, quienes no lograron la mayoría deben adherirse a las disposiciones acordadas por la mayoría del órgano colegiado.

No hacer caso de la colegialidad sería ir en sentido contrario no solo de las directrices de una institución democrática como el INE que ha costado tanto trabajo construir, sino sería ir en contra de nuestro propio sistema democrático.

Defendamos la colegialidad de los órganos electorales, su esencia hace que tengamos instituciones confiables y sólidas lo que garantiza que confiemos en nuestra columna vertebral de nuestro sistema político: sus elecciones.

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