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La cumbre climática y el negacionismo recargado

Entre el 10 y el 21 de noviembre se estará realizando en Belén, Brasil, la reunión de los países que integran la convención de la ONU sobre el cambio climático, y esta será la 30ª ocasión que se lleva a cabo. Es quizá el foro global más concurrido y atendido, no solo por la gran cantidad de personas que asisten como representantes o interesadas, sino también porque concentra la atención de miles de millones, que en estos días escuchan sobre el problema mayor de nuestros tiempos, sobre el calentamiento global, sus repercusiones y las formas para mitigarlo y para adaptarnos a sus impactos.

Escrito por:  Enrique Provencio D.

Esta conferencia de las partes que forman la convención, además, se reúne a 10 años del Acuerdo de París, que estableció tres grandes metas: a) “Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2° C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5° C con respecto a los niveles preindustriales”; b) “Aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, de un modo que no comprometa la producción de alimentos”, y, c) “Situar los flujos financieros en un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero”.

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De lo que más se habla en estas grandes reuniones es de la primera meta, si estamos en camino de que el aumento de la temperatura se ubique entre 1.5 y 2o C, casi siempre lamentando que la capacidad adaptativa quede en segundo plano, y reconociendo que el financiamiento se encuentra muy por debajo del necesario para mitigar las emisiones y para la adaptación y la resiliencia. Esta ocasión no será diferente, aunque, como siempre, habrá otros temas asociados que también ocuparán los trabajos de las delegaciones nacionales y los demás participantes.

El hecho de que las tendencias del calentamento apunten a sobrepasar la meta de los dos grados celsius a largo plazo, hace decir que el Acuerdo de París está fracasando y que estas conferencias globales son un desperdicio, una pérdida de tiempo y esfuerzos. Hay que matizar estas opiniones. El reciente informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente sobre la brecha de emsiones, dice que desde 2015 y el Acuerdo de París, los pronósticos sobre el aumento de temperaturas han disminuido unos tres grados, y que han mejorado las probabiliades de que dicho incremento se acerce a los 2o C, si se cumplen en el plazo previsto los planes para llegar a las emsiones netas cero de los gases de efecto invernadero (ver el informe Emissions Gap Report 2025 en https://www.unep.org/resources/emissions-gap-report-2025  )

Lo anterior significa que sin las movilizaciones impulsadas desde 2015 estaríamos ante escenarios peores que los actuales, que son malos, efectivamente, y que están por debajo de lo comprometido. Son dos lecturas muy diferentes. Sostener que todo ha sido un fracaso, como lo ha dicho Trump reiteradamente, es una simple mentira, y es un engaño sostener que la convención de cambio climático, la ONU y las conferencias de las partes son inútiles. El Acuerdo de París hizo que todo el mundo comprometiera  sus contribuciones para reducir las emisiones, y que estas se renovaran cada cinco años y fueran más ambiciosas, para lograr niveles compatibles con las metas acordadas. Muchos países han fallado, como ocurrió con México el sexenio pasado, cuando presentó metas regresivas de contribuciones en lugar de ampliarlas, y nos dejó como uno de los más incumplidos del mundo. Si las tendencias no avanzan más, es por la irresponsabilidad de las partes incumplidas, no por el mecanismo o por el diseño, y es también porque los flujos financieros para la adaptación y la mitigación siguen muy por debajo de lo prometido y todavía más por debajo de lo necesario.

Claro, como ocurre con cualquier acuerdo global, hay grandes márgenes de mejora, pero lo peor sería abrir el Acuerdo de París a modificaciones, cuando apenas está encarrilándose, y cuando enfrenta el acoso permanente de Estados Unidos. Recuérdese lo que ocurrió en la 80ª Asamblea General de la ONU el pasado mes de septiembre. El Secretario General convocó al mundo a acelerar el esfuerzo para producir energía renovable, recortar drásticamente las emisiones de aquí a 2035, sobre todo en la industria pesada, proteger los bosques en tanto sumideros de carbono, y aplicar los principios de justicia climática a todas las escalas.

Trump, por su parte, le dijo a las delegaciones que las renovables son una estafa que las hará fracasar, que el globalismo debe ser eliminado, que Europa se autodestruirá por su agenda ambiental y que todo lo ecológico es una ruina. Del cambio climático aseguró que es “la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo”, y que todas sus predicciones son erróneas y hechas por estúpidos, y que eso de la huella de carbono fue inventado por malintencionados y nos llevarán a la destrucción total. Aún más, vociferó que el cambio climático está sacando la industria de los países desarrollados en lugar de beneficiar al ambiente, y que, junto con la emigración, está destruyendo al mundo libre y al planeta.

Pues bien, a esta concepción del mundo y del clima se enfrenta esta 30ª Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático. Estados Unidos se ha retirado de ella por segunda ocasión, pero esta vez lo ha hecho con una rotunda ruptura que amenaza frenar lo que hasta ahora se ha conseguido. Muchos países asisten con más entusiasmo, plantando cara al negacionismo climático recargado, pero las consecuencias del rechazo estadounidense se dejarán sentir sobre todo en los menores flujos de cooperación internacional, y probablemente, en el arrastre negacionista con otros países, por ejemplo de Argentina y algunos de los petroleros árabes. La reunión de Belén será un excelente espacio para que el resto del mundo no solo refrende su compromiso climático, sino también la defensa de los espacios multilaterales.

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