Manifiesto contra la tiranía de la citación y la mercantilización de las ideas - Mexico Social

Escrito por 11:22 am Arte, Ciencia, Contenido, Cultura, Destacados, educación, Saúl Arellano

Manifiesto contra la tiranía de la citación y la mercantilización de las ideas

Manifiesto contra la tiranía de la citaci{on

En el marco de la creación del conocimiento contemporáneo (que quede claro que deliberadamente se evita el término de “producción”) se ha erigido una maquinaria de control que opera bajo la apariencia de neutralidad metodológica: el sistema de citación académica. En nombre de la “rigurosidad” y la “honestidad intelectual” se han impuesto formatos rígidos —APA, MLA, Chicago, Vancouver, entre otros—, que no solo pretenden organizar la referencia a fuentes, sino que llegan al extremo de instituir lo que puede considerarse una forma de tiranía académica.

Escribe: Saúl Arellano

El absurdo alcanza su punto máximo cuando se acusa de “plagio involuntario” a una autora o autor que, reconociendo el origen de una idea, omite hacerlo según las fórmulas establecidas por tales normas. La pregunta filosófica es inevitable: ¿quién ha otorgado a estas convenciones el poder de determinar qué es válido como reconocimiento y qué no lo es?

La forma convertida en dogma

Lo que alguna vez fue un recurso práctico —garantizar la trazabilidad de las ideas en un texto— se ha transformado en un dogma. La citación ha dejado de ser un medio para volverse un fin en sí misma, al punto de eclipsar lo verdaderamente esencial: el reconocimiento del pensamiento ajeno. Este proceso recuerda la crítica de Theodor W. Adorno a la lógica instrumental, donde los medios se autonomizan hasta subordinar a los fines. El acto de pensar queda subordinado a la correcta aplicación de una plantilla, confundiendo de manera grosera la sustancia con la forma.

No se trata aquí de negar la utilidad de las normas de citación. Estas cumplen un papel en la estandarización de la comunicación académica, pero su absolutización genera una lógica de exclusión y sospecha: una idea no vale si no está custodiada por corchetes, cursivas o sangrías reglamentarias. Este fetichismo de la forma, en términos marxianos, constituye un síntoma de mercantilización: la validez de lo dicho depende más de su envoltorio que de su contenido.

El absurdo del “plagio involuntario”

El concepto de “plagio involuntario” sintetiza la perversión de este sistema. Plagio significa apropiarse de lo ajeno presentándolo como propio. Sin embargo, las universidades han extendido su significado hasta incluir a quien reconoce haber tomado una idea de alguien más, pero lo hace con “errores de forma”. Esto equivale a criminalizar la intención honesta en nombre de un tecnicismo.

Si Nietzsche hubiese tenido que someter su prosa intempestiva a las normas de la American Psychological Association, probablemente jamás habría visto publicada una sola línea. Su escritura fragmentaria, poética y aforística se resiste a la rigidez de tales moldes. Lo mismo podría decirse del Marqués de Sade, cuyas exploraciones del deseo habrían sido consideradas poco más que “fuentes mal citadas”. Y, sin embargo, ¿alguien podría acusar a Nietzsche o a Sade de plagiar? Lo que aquí se juega no es la integridad intelectual, sino el disciplinamiento del pensamiento.

La citación como dispositivo de control

Michel Foucault enseñó que allí donde hay saber, hay poder. El sistema de citación funciona como un dispositivo disciplinario que no solo organiza, sino que vigila y sanciona. Las universidades y centros de investigación imponen a estudiantes y académicos la obligación de ceñirse a formatos cuya justificación se ha naturalizado, pero que en el fondo responden a lógicas de homogeneización burocrática.

Más aún: detrás de esta normatividad hay un mercado. Editoriales, asociaciones profesionales y gestores de estilo han convertido la citación en una industria: manuales de pago, softwares de gestión bibliográfica, cursos de capacitación. Lo que debería ser un recurso de libertad intelectual se convierte en una cadena de obligaciones que beneficia a quienes comercializan la forma del conocimiento.

Ética y plagio: el fondo frente a la forma

La ética del conocimiento exige distinguir entre lo que es propio y lo que no lo es. Esa debería ser la definición de plagio: robar ideas o creaciones ajenas y presentarlas como propias. Todo lo demás es retórica punitiva. Si una autora reconoce explícitamente que una idea proviene de Kant, aunque lo diga con sus propias palabras y sin obedecer a la norma “correcta”, no incurre en plagio: está cumpliendo con la ética fundamental del reconocimiento.

El problema surge cuando la academia confunde el deber ético con la obediencia formal. Se trata de una perversión similar a la que criticaba Kant respecto al legalismo moral: cumplir la letra de la ley sin atender al espíritu. En este caso, se castiga a quien actúa con transparencia pero carece de pericia técnica. El resultado es un régimen de vigilancia en el que la creatividad queda sofocada.

Nietzsche, Sade y la libertad creadora

La filosofía del espíritu libre que encarnaron Nietzsche o Sade resulta inconmensurable con esta lógica de control. Ambos pusieron en cuestión las instituciones que buscan domesticar el pensamiento y ambos defendieron la necesidad de romper con las convenciones para liberar la potencia creadora. La mercantilización de las ideas, bajo la forma de normas de citación obligatorias, constituye lo que Nietzsche habría llamado una moral de esclavos: uniformizar lo diverso para hacerlo dócil y predecible.

La verdadera honestidad intelectual no reside en seguir reglas de estilo, sino en la valentía de reconocer lo ajeno y la claridad de diferenciarlo de lo propio. Todo lo demás es una impostura que confunde decoro burocrático con virtud ética.

¿Quién decide cómo se debe citar?

La pregunta central es política: ¿quién está facultado para determinar la manera “correcta” de citar? La respuesta es inquietante: comités editoriales, asociaciones profesionales y universidades que, sin legitimidad filosófica alguna, dictan reglas universales como si fueran mandamientos. Se trata de un proceso análogo al de la legislación positiva que Hans Kelsen describió: una norma es válida porque ha sido puesta por la autoridad competente, no porque posea un fundamento ético intrínseco.

Pero en el caso de la citación académica, la autoridad que dicta la norma no es democrática ni ética, sino burocrática y mercantil. Las editoriales imponen sus propios estilos porque les conviene homogeneizar los textos que publican; las universidades los adoptan para simplificar procesos de evaluación. El conocimiento queda reducido a un engranaje más en la maquinaria del capital cultural.

Te puede interesar: La pobreza y el espejo roto de la medición

La falsa neutralidad de la estandarización

Se dirá que las normas de citación son necesarias para evitar la confusión, garantizar la claridad y hacer posible la revisión por pares. Este argumento contiene parte de verdad, pero incurre en la falacia de la neutralidad. Toda estandarización es también exclusión: prioriza un modo de escribir y pensar en detrimento de otros. La filosofía, la literatura o la poesía, con su estilo propio y su resistencia a la rigidez, son empobrecidas cuando se les fuerza a caber en la cuadrícula de las normas.

El riesgo es claro: una generación entera de investigadoras e investigadores aprende a escribir pensando primero en la norma y después en la idea. La forma desplaza al contenido, y la potencia creadora se sofoca bajo la amenaza del “plagio involuntario”.

La crítica, sin embargo, no implica un rechazo absoluto de la citación. Se trata de recuperar su carácter instrumental y subordinarlo a un principio más amplio: la ética del reconocimiento. Esta ética establece que basta con diferenciar lo propio de lo ajeno, honrar la procedencia de las ideas y reconocer las deudas intelectuales.

Cada autor debería tener la libertad de hacerlo a su manera: con notas al pie, con alusiones en el cuerpo del texto, con referencias narrativas. Lo esencial es la claridad ética, no la exactitud técnica. Las universidades deberían aceptar la pluralidad de estilos como una expresión de la libertad creadora. Solo así se rescata la verdadera finalidad de la citación: sostener la conversación entre las generaciones del pensamiento.

Libertad creadora contra mercantilización

El conocimiento no es mercancía, aunque las instituciones académicas insistan en tratarlo como tal. Cuando se subordina la validez de un texto a la correcta aplicación de un estilo editorial, lo que se hace es mercantilizar la forma de las ideas. Esta lógica de mercado contradice la esencia misma de la filosofía, que siempre se ha caracterizado por cuestionar los límites impuestos a la razón.

Defender la libertad de citar como cada quien quiera —siempre y cuando se reconozca lo que es propio y lo que no lo es— significa defender la libertad creadora. Significa rechazar la sumisión del pensamiento a la burocracia académica y afirmar, con Benjamin, que “todo documento de cultura es al mismo tiempo un documento de barbarie”. La barbarie aquí es la tiranía de la citación, que convierte la honestidad intelectual en un trámite administrativo.

La crítica filosófica y ética al sistema de citación académico revela lo que este oculta: no se trata de proteger la integridad intelectual, sino de disciplinar, mercantilizar y uniformizar el pensamiento. El plagio no debe confundirse con un error de estilo. El verdadero plagio es la usurpación de lo ajeno como propio; todo lo demás es un artificio que sofoca la creatividad.

Las universidades deben liberarse de la tiranía de la citación y apostar por un principio más elevado: la ética del reconocimiento. De otro modo, corren el riesgo de producir generaciones de escribas obsesionados con la forma e incapaces de asumir la libertad creadora que caracteriza al pensamiento crítico. Como recordaba Nietzsche, “el espíritu libre se reconoce por su capacidad de decir no”. Hoy ese “no” debe dirigirse contra la mercantilización de la forma académica, en defensa de la autenticidad del pensar.

Investigador del PUED-UNAM

(Visited 253 times, 1 visits today)
Cerrar