México
El Panorama Social de América Latina y el Caribe 2025, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), constituye uno de los diagnósticos más sólidos y ambiciosos de los últimos años sobre los obstáculos estructurales que enfrenta la región para avanzar hacia un desarrollo social inclusivo. El documento se centra en una de las trampas más persistentes del desarrollo latinoamericano: la alta desigualdad combinada con baja movilidad social y débil cohesión social, una configuración que, de acuerdo con el documento, no solo reproduce la pobreza, sino que erosiona la legitimidad institucional, limita el crecimiento económico y debilita los pactos democráticos.
Escrito por: Saúl Arellano
Para México, este diagnóstico resulta particularmente relevante. Aunque el país ha logrado avances parciales en la reducción de la pobreza monetaria y mantiene una de las economías más grandes de la región, continúa atrapado en un patrón estructural de desigualdad que se expresa de forma territorial, educativa, de género, laboral y generacional. El valor del Panorama Social radica en que integra a estas dimensiones en un marco analítico multidimensional que permite comprender cómo las desigualdades se refuerzan mutuamente.
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Uno de los principales aportes del informe es la constatación de que América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo en términos de distribución del ingreso, incluso cuando se observan ligeras mejoras recientes. El coeficiente de Gini regional muestra una tendencia apenas descendente desde 2021, pero los cambios son insuficientes para hablar de transformaciones estructurales. En el caso mexicano, la desigualdad se mantiene en niveles elevados, con una marcada concentración del ingreso en los deciles superiores y una brecha profunda entre regiones, sectores productivos y grupos sociales.
La CEPAL subraya un punto crucial: las mejoras recientes en la distribución del ingreso no han sido producto de políticas redistributivas robustas, sino de dinámicas laborales coyunturales y cambios demográficos, como la reducción del tamaño de los hogares. Esta observación es clave para México, donde el margen fiscal y el diseño del sistema tributario siguen siendo débiles instrumentos de redistribución. La ausencia de una reforma fiscal progresiva limita la capacidad del Estado para incidir de manera sostenida sobre la desigualdad.
Asimismo, el informe reconoce que 2024 marcó una reducción significativa de la pobreza monetaria en la región, alcanzando el nivel más bajo desde que existen registros comparables. Sin embargo, también advierte que la pobreza extrema continúa por encima de los mínimos históricos y que los avances son altamente sensibles al comportamiento del mercado laboral. Para México, esta advertencia es especialmente pertinente. La reducción de la pobreza observada en los últimos años descansa de manera central en el ingreso laboral y en transferencias monetarias, pero se enfrenta a riesgos estructurales: informalidad persistente, baja productividad y escasa protección social universal. El Panorama Social deja claro que, sin una transformación profunda del mercado de trabajo, los avances contra la pobreza seguirán siendo vulnerables a choques económicos, sanitarios o climáticos.
Además, el enfoque de pobreza multidimensional revela carencias persistentes en educación, salud, vivienda y seguridad social que no se resuelven únicamente con incrementos de ingreso. En México, estas privaciones se concentran de manera desproporcionada en zonas rurales, comunidades indígenas y periferias urbanas, reforzando la desigualdad territorial.
Uno de los capítulos más contundentes del Informe es el dedicado a la desigualdad educativa. La CEPAL documenta una crisis de aprendizajes en América Latina: la expansión de la cobertura educativa no se ha traducido en aprendizajes suficientes ni en movilidad social efectiva. Los resultados de PISA muestran brechas profundas respecto de los países de la OCDE, tanto en cobertura como en desempeño.
México aparece en este análisis como un caso paradigmático. Aunque la escolarización ha avanzado, una proporción significativa de estudiantes no alcanza los niveles mínimos de competencias, especialmente en matemáticas. Más grave aún es que el origen socioeconómico sigue siendo un determinante decisivo del logro educativo, lo que limita la función de la educación como mecanismo de movilidad intergeneracional.
En ese mismo sentido, el Informe introduce instrumentos analíticos innovadores, como el índice bidimensional de desigualdad de oportunidades educativas, que integran acceso y resultados. Estos enfoques confirman que la desigualdad educativa en la región es más del doble que en los países desarrollados, y que México no escapa a esta lógica. Sin una inversión sostenida en educación inicial, permanencia escolar y calidad docente, la promesa de la educación como motor de igualdad seguirá incumplida.
El Panorama Social insiste adicionalmente en que la inclusión laboral es la “llave maestra” para reducir la desigualdad. Sin embargo, los mercados laborales latinoamericanos continúan profundamente segmentados. En México, cerca de la mitad de la población ocupada se encuentra en la informalidad, sin acceso efectivo a derechos laborales ni a la protección social. El documento muestra que la formalización tendría efectos redistributivos sustantivos: mayores ingresos laborales, reducción de la pobreza y disminución del coeficiente de Gini. No obstante, la CEPAL es clara en señalar que la formalización no puede lograrse únicamente mediante incentivos laborales; requiere una transformación productiva, políticas de cuidado, fortalecimiento institucional y un sistema de protección social desvinculado del empleo formal. Las lecciones que nuestro país puede obtener son más que relevantes, pues la persistencia de un modelo productivo de baja productividad y alta informalidad limita cualquier estrategia de desarrollo social inclusivo. Sin un cambio estructural que articule educación, trabajo y política industrial, la desigualdad seguirá reproduciéndose.
El informe dedica un apartado central a la desigualdad de género y a los llamados “nudos estructurales” que limitan la autonomía económica de las mujeres. La división sexual del trabajo y la carga desproporcionada de cuidados siguen siendo barreras decisivas para la participación laboral femenina. En México, donde millones de mujeres permanecen fuera del mercado laboral por responsabilidades de cuidado no remunerado, la propuesta de avanzar hacia una sociedad del cuidado resulta estratégica. La CEPAL plantea que el cuidado no debe verse solo como un gasto social, sino como un sector dinamizador de la economía, capaz de generar empleo, reducir desigualdades y fortalecer la cohesión social.
Asimismo, el informe visibiliza las desigualdades que enfrentan pueblos indígenas, personas migrantes y personas con discapacidad. En el caso mexicano, estas desigualdades se superponen y profundizan, configurando escenarios de exclusión histórica que requieren políticas diferenciadas y enfoques interseccionales.
Finalmente, el Panorama subraya que sin capacidades institucionales sólidas no es posible implementar políticas redistributivas efectivas. Aunque el gasto social en la región creció de manera importante entre 2000 y 2024, su impacto redistributivo sigue siendo limitado en muchos países, incluido México.
La CEPAL insiste en la necesidad de fortalecer la gobernanza social, mejorar la calidad del gasto y avanzar hacia sistemas de protección social universales, integrales y sostenibles. Para México, esto implica repensar el diseño institucional de la política social, superar la fragmentación y garantizar financiamiento suficiente mediante una estrategia fiscal progresiva.
El Panorama Social de América Latina y el Caribe 2025 ofrece a México una hoja de ruta clara: la desigualdad no es un fenómeno inevitable, sino el resultado de decisiones estructurales acumuladas. Superar la trampa de alta desigualdad, baja movilidad y débil cohesión social exige un nuevo pacto social que articule crecimiento económico, redistribución, derechos y sostenibilidad.
En un contexto regional marcado por la incertidumbre global, el cambio climático y las tensiones democráticas, México enfrenta una encrucijada. Puede continuar con avances parciales y frágiles, o asumir el desafío de una transformación profunda que coloque la igualdad en el centro del desarrollo. El mensaje del Panorama es inequívoco: sin cohesión social, no hay desarrollo sostenible; sin justicia social, no hay democracia duradera.
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Investigador del PUED-UNAM
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