México ante el asedio: política exterior y legitimidad interna - Mexico Social

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México ante el asedio: política exterior y legitimidad interna

De manera histórica, la relación entre México y los Estados Unidos de América (EEUU) ha estado marcada por una asimetría estructural en todos los frentes: económico, militar, tecnológico y diplomático. Sin embargo, esa desigualdad ha cobrado una nueva dimensión con el retorno de Donald Trump a la presidencia estadounidense. Su retórica beligerante y sus acciones unilaterales no son novedad; lo que sí es nuevo y alarmante es la fragilidad de la respuesta mexicana y el repliegue discursivo del Estado frente a los embates sistemáticos del norte.

Escrito por:   Mario Luis Fuentes

En apenas medio año, Trump ha amenazado con imponer aranceles, una y otra vez, a las exportaciones mexicanas. Ha advertido, además, sobre la posible cancelación de vuelos y rutas aéreas, bajo el argumento de supuestas violaciones a normativas internacionales. Como si esto fuera poco, ha intensificado sus agresiones verbales, acusando al gobierno mexicano de estar “petrificado” antes los cárteles y responsabilizándole, de manera reduccionista, por la epidemia de consumo de drogas en su país, especialmente de fentanilo.

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Se trata de una política del asedio. No es solo una estrategia electoral republicana, sino una forma de proyectar poder a través de la humillación del otro. La figura del “enemigo externo” ha sido históricamente funcional para regímenes autoritarios o populistas, y Trump ha convertido a México en su blanco favorito. En su lógica binaria y racista, nuestro país no es un socio, sino un factor de desestabilización que debe ser contenido, doblegado y subordinado.

Ante este escenario, sorprende la debilidad de la narrativa gubernamental mexicana, pues, por primera vez desde el inicio de la llamada 4T, el discurso oficial ha perdido la iniciativa y la capacidad de controlar la discusión pública y parece estar generándose por reacción.

Esta situación revela una verdad incómoda: el gobierno mexicano, pese a su amplia legitimidad electoral, nuestra la carencia de una estrategia clara, generada desde una visión integral del desarrollo mexicano, frente a los desafíos del entorno internacional. Más aún, se encuentra políticamente solo. En este caso, el colapso de las oposiciones, ventajoso para la construcción de un partido casi único, lleva a la paradoja de que no hay una oposición creíble ni legitimada que pueda fungir como contrapeso constructivo, y que ayude a tejer consensos internos frente a las amenazas externas. La derecha está desacreditada por sus propios errores; mientras que la izquierda crítica ha sido marginada o cooptada.

Lo anterior coloca a México ante la urgencia de construir una política de Estado dirigida a la cimentación de una nueva cultura política y democrática, en la que se acepte que en democracia todos los discursos y visiones, incluidos los de la derecha; porque el reto no es aniquilar esa forma de pensamiento, sino derrotarla con base en la inteligencia y en el despliegue de gobiernos tolerantes, incluyentes y eficaces en la generación del bienestar.

El país no puede responder a las agresiones de Trump desde el aislamiento interno. La polarización política, la desconfianza institucional y la precariedad del debate público solo debilitan nuestra capacidad de acción frente a un vecino abiertamente hostil. Por ello, se requiere que el gobierno de la República convoque a un diálogo nacional incluyente, que integre a sectores productivos, sociales, académicos y políticos -más allá de simpatías partidistas- para construir una agenda común frente al incierto y convulso contexto internacional.

Este esfuerzo debe estar acompañado por una renovación profunda del pluralismo democrático. No basta con tolerar la disidencia; hay que garantizar condiciones de participación real. No basta con invocar la unidad nacional; hay que construirla desde la legitimidad, la transparencia y el respeto al disenso.

Frente al asedio de Trump, lo que está en juego no es solo la economía o la agenda migratoria; lo que se disputa es en buena medida la fortaleza y viabilidad del Estado mexicano: su autonomía y su capacidad de decisión. Y para defenderla, se necesita mucho más que respuestas coyunturales. Se necesita, sobre todas las cosas, de la buena política, en el sentido más noble y profundo del término.

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Investigador del PUED-UNAM

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