salario mínimo
El 16 diciembre de 1987, al día siguiente del anuncio del reajuste en los precios de los bienes y servicios del sector público, se firmó el Pacto de Solidaridad Económica (PSE) cuyo objetivo central fue abatir la inflación, que en diciembre de ese año registró un alza del 159.2 por ciento con respecto a diciembre de 1986. Fue el punto culminante de la crisis financiera provocada por la caída en el precio del petróleo en 1982, continuada por los efectos del terremoto que golpeó a la Ciudad de México en septiembre de 1985, la reducción acumulada en el precio del barril de petróleo (que había empezado a caer en 1982), y la falta de apoyo financiero externo. Este cúmulo de sucesos crearon condiciones de inestabilidad económica que, a pesar de las medidas adoptadas por el gobierno en turno, llevó al desplome de la bolsa de valores de México y a una corrida en contra del peso en el mes de octubre de 1987 (Cortés F. 2000, Cap. 1).
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De dicho Pacto interesa destacar, el compromiso que se suscribió entre los diversos sectores sociales para contener la espiral inflacionaria. La organización obrera, Confederación de Trabajadores de México encabezada por Fidel Velázquez, aceptó moderar sus demandas salariales, sacrificando la restauración del poder de compra perdido por la inflación. Así los obreros contribuían a detener la inflación y evitar la espiral salarios/precios: alzas de salarios que conducen a aumentos de precios en los bienes y servicios, que a su vez crean las condiciones para presionar por aumentos salariales, generándose así una espiral retroalimentada precios/salarios o salarios/precios, según se quiera ver.
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La reducción del salario mínimo real asociada a la crisis de 1982 se aceleró después de que empezó a actuar el PSE (1987). El PSE estuvo asociado a una caída sistemática del salario mínimo que se detuvo casi 10 años después (ver gráfica 1), para entrar a un valle que duró dos décadas.
A partir del año 2015, los salarios mínimos reales reiniciaron una tendencia a la recuperación, después de haber estado estancados por veinte años. Este cambio se produjo en medio de un debate donde la posición oficial fue oponerse al alza basándose en el argumento que desataría una espiral inflacionaria salarios/precios, ello a pesar de que hubo organizaciones empresariales que sostenían que era necesario aumentarlo para fortalecer el mercado interno. La investigación que argumentó y sostuvo que el reajuste al salario mínimo no necesariamente se traduciría en alzas de precios, se debió al trabajo de un grupo de expertos/as convocado por la administración del entonces Distrito Federal, cuyo jefe de Gobierno era Miguel Ángel Mancera y su Secretario de Desarrollo Económico Salomón Chertorivski. Los trabajos de esta comisión le llevaron a concluir que el alza en los salarios mínimos no necesariamente provocaría inflación, en contra de la resistencia de la ortodoxia económica que sostenía que la desbocaría (Gobierno de la Ciudad de México 2014)[1].
Una vez resuelta la controversia y liberadas las ataduras a los reajustes del salario mínimo, tuvo lugar una elevación, en términos reales, que inicia discretamente en el año 2015. Con la toma de posesión del nuevo gobierno en el año 2018, la tasa de reajuste de los salarios mínimos, a partir de 2019, se acrecentó significativamente. Y, como todos sabemos, la tasa de inflación efectivamente no se ha desbocado.
Gráfica 1
Fuente: Banco de México (2025).
En consonancia con la evolución del salario mínimo, la participación relativa de la remuneración de los asalariados en el Producto Interno Bruto se mantuvo, con fluctuaciones, entre 24 y 26 por ciento hasta el año 2018 y de ahí en adelante inició su recuperación hasta alcanzar el 30 por ciento en 2024 (según cifras preliminares), en contrapartida, en ese mismo período el excedente bruto de operación, que contiene las ganancias del capital, experimentó una reducción de siete puntos porcentuales a partir de 2018 (ver gráfica 2).
Si bien es sabido que los salarios mínimos son distintos a los salarios medios, que son los efectivamente percibidos por los trabajadores, sus tendencias a lo largo del tiempo son similares (por ejemplo, los salarios devengados en la industria manufacturera, las percepciones laborales en la industria maquiladora de exportación, y las percibidas en el sector formal de la industria de la construcción, presentan el mismo perfil temporal que el salario mínimo (Cortés F, 2010: 28)).
El aumento sistemático en el salario mínimo estuvo en la base de la redistribución factorial del PIB en favor del trabajo (ver remuneración de los asalariados en la gráfica 2). Además, las pequeñas variaciones experimentadas por la participación de las remuneraciones del trabajo entre los años 2008 y 2018, guardan correspondencia con el valle que se observó en la evolución de los salarios mínimos de la gráfica 1.
Gráfica 2
Fuente: Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
| A partir de las tendencias reseñadas es posible sostener que la política de aumentos significativos del salario mínimo seguida por la 4T, estuvo en la base de la redistribución del producto en favor del factor trabajo. Para una mejor comprensión de este resultado, se hace necesario distinguir analíticamente situaciones distintas, cuyo significado depende de si el producto es decreciente, constante o creciente. El caso más simple suponiendo sólo dos factores (lo que implica dejar fuera del análisis el ingreso bruto mixto cuya participación ha sido del orden del 20 al 22 por ciento durante todo el período) es aquel en que el producto no varía de un período a otro. En ese caso el aumento en la participación del trabajo implica una reducción del excedente bruto de operación. Pero, si el volumen total del PIB es creciente el aumento de la participación del trabajo sólo significa que ganó más que el capital y en el caso en que sea decreciente sólo que el trabajo perdió menos que el excedente bruto de operación (que el capital). Estas consideraciones hacen necesario dar un vistazo al comportamiento del PIB en el tiempo. En la gráfica 3 se despliega el PIB per cápita en el período examinado. Gráfica 3 |
La gráfica muestra que en el sexenio anterior el ingreso per cápita prácticamente no se modificó, fue del orden de 192 mil pesos anuales en 2018 y en 2024; este último año registra la recuperación del estrés económico que sufrió México derivado de la política sanitaria puesta en práctica para enfrentar las consecuencias de la epidemia del COVID19.
La información desplegada hasta este punto muestra que después de 2018 ha tenido lugar un proceso sostenido de redistribución factorial del PIB que favoreció al trabajo: las remuneraciones crecieron a lo largo del tiempo lo que contrastó con la caída relativa del excedente bruto de operación.
En ese mismo período se ha observado una redistribución progresiva del ingreso laboral (ver gráfica 4). Información generada por el Banco de México muestra que la tasa de reajuste de los salarios percibidos en el sector formal, entre los meses de diciembre de 2024 y 2025, es claramente favorable a los trabajadores que perciben entre 1 y 2 salarios mínimos. Por otra parte, información de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) muestra que las variaciones de los ingresos laborales formales e informales están estrechamente relacionadas, lo que ayuda a sostener que, en México, en los últimos años, ha tenido lugar un proceso de redistribución progresiva del ingreso laboral que se agrega al aumento de la participación del trabajo en el Producto Interno Bruto.
Gráfica 4
Fuente: Banco de México 2025.
La combinación de ambos procesos redistributivos se ha manifestado en la caída sistemática de la desigualdad en la distribución del ingreso de los hogares mexicanos (ver gráfica 5).
Gráfica 5
Elaboración propia con información de las ENIGH de los años correspondientes.
Y también en la disminución de la pobreza multidimensional, como se puede apreciar en la gráfica 6, sólo oscurecida por el discreto aumento registrado entre los años 2018 y 2020 a consecuencia de la crisis económica provocada por las medidas sanitarias adoptadas para enfrentar el COVID19.
Gráfica 6
Elaboración propia con información de las ENIGH de los años correspondientes.
La información desplegada permite sostener que el aumento del salario mínimo y la aceleración de su crecimiento a partir de 2019 tuvo incidencia sobre el aumento de la participación de los salarios en el PIB, además de inducir la redistribución del ingreso laboral en favor de los trabajadores que perciben los salarios más bajos. Ambos procesos redistributivos tienden a reducir la desigualdad en la distribución del ingreso de los hogares, y a la vez la pobreza y pobreza extrema por ingreso y por esa vía la pobreza multidimensional.
En la segunda parte de este artículo se profundizará sobre los vínculos entre la desigualdad en los ingresos, la pobreza monetaria y el comportamiento de los ingresos laborales.
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Banco de México (2025), sie@banxico.org.mx)
Banco de México (2025_1) Informe Trimestral Enero-marzo, recuadro 3, págs. 52-54. Puntos de referencia en las revisiones salariales.
Cortés F. (2000). La distribución del ingreso en México en épocas de estabilización y reforma económica. CIESAS/M. A. Porrúa, México D. F.
Gobierno de la Ciudad de México (2014) Política de recuperación del salario mínimo en México y en el Distrito Federal: propuesta para un acuerdo. México D.F.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Sistema de Cuentas Nacionales de México. Producto Interno Bruto Trimestral. Por el Método del Ingreso. Año Base 2018. Serie del primer trimestre de 2008 al cuarto trimestre de 2024.
[1] El grupo de expertos estuvo formado por Antonio Azuela, Graciela Bensusán, Gerardo Esquivel, Juan Carlos Moreno-Brid, Ariel Rodríguez Kuri, Enrique Provencio, Jaime Ros y Pablo Yanes.
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