La reciente actualización del Sistema de Información de Derechos Sociales (SIDS)[1], del INEGI, pone al día indicadores de carencia, disponibilidad, accesibilidad y calidad del derecho a la salud. Como también lo documentan otras fuentes, en el periodo 2018 – 2024 la población con acceso a los servicios de salud se redujo notablemente de extremo a extremo, como consecuencia del cambio de políticas aplicado en 2019 y de la estrategia fallida con la que se buscó reemplazar los programas de atención a quienes no tienen adscripción en las instituciones públicas o en los servicios privados.
Escrito por: Enrique Provencio D.
Ya se ha dicho innumerables veces, pero es necesario reiterarlo: esta medición de acceso no dice mucho del estado de la salud colectiva o de las personas, y tampoco establece si estas tienen realmente atención de cualquier tipo, y, sin embargo, se tomó como la referencia principal en la medición de la pobreza multidimensional en lo que hace al derecho a la salud. Lo más probable, sin embargo, es que el estado de la salud empeore si la carencia por acceso aumenta, como ocurrió de 2016 a 2022. De 2022 a 2024 empezó a revertirse el declive, pero pasarán varios años para reparar el daño.
Escrito por: Enrique Provencio D.
En uno de las sesiones del Seminario Universitario de la Cuestión Social del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM, los doctores Samuel Ponce de León y Mauricio Rodríguez, comentaron que en nuestro país tenemos una distorsión de los indicadores de salud: estos usualmente no reflejan la calidad de la atención, medimos y evaluamos la actividad administrativa, no el impacto, y por la forma en la que están construidos o la manera con la que se reportan, varios de ellos reflejan los hechos de manera deformada, por ejemplo en la accesibilidad y la disponibilidad.
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El SIDS incluye 11 indicadores en las diferentes categorías. De entre estos, hay al menos uno que merece ser destacado, porque sí se refiere a un resultado clave: la tasa defunción de menores de un año. Es de lo más relevante, porque esta mortalidad debería estarse reduciendo, pero se elevó ligeramente de 2016 a 2023 (ver gráfica). Como lo dice la ficha técnica del SIDS, “Las defunciones de menores de un año suelen estar asociadas con la falta de acceso a atención adecuada y prevención de padecimientos evitables y tratables; por lo que este indicador permite evaluar la eficacia del Sistema Nacional de Salud para asegurar el acceso a los servicios médicos de este grupo de población y sus madres, en las entidades federativas.[2]”
Siguiendo al pie de la letra el contenido de esta ficha, lo que implica el comportamiento de las defunciones de menores de un año en este periodo, es que el acceso a la atención y a la prevención no han sido suficientes, que el sistema es ineficaz y que no asegura el acceso a los servicios para los niños y para las madres. El incremento de fallecimientos infantiles de menores de 1 año ocurrió principalmente en 2019, y luego se redujo en la pandemia, pero a partir de 2023 empezó a elevarse de nuevo. Numéricamente se puede hablar de un estancamiento, pero se trata, en realidad, de un retroceso en la mortalidad infantil, ya que esta tendría que estar bajando de forma consistente pues se encuentra todavía en un nivel elevado. Esto debería estar generando una alerta nacional, pues es una de las peores expresiones de las malas condiciones en las que se encuentran no solo el sistema de salud, sino también, la política social en general.
En este caso, las defunciones de menores de un año, el retroceso no fue necesariamente en los estados más pobres. Por ejemplo, Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Puebla e Hidalgo son de los que redujeron los fallecimientos de menores de un año, mientras que entidades con más altos niveles de ingreso, como Baja California Sur, Nuevo León, Ciudad de México, Aguascalientes y Chihuahua, la tasa aumentó en más de un punto porcentual y muy por encima de la media nacional. Los casos de Morelos, Guanajuato y Tlaxcala son especialmente preocupantes, pues los incrementos rebasaron los 5 puntos porcentuales de 2016 a 2023.
La marcada desigualdad regional se observó en todos los indicadores reportados en el SIDS, y en muchos casos, en perjuicio de las entidades de mayor rezago social. En el indicador de población sin carencia por acceso a los servicios de salud, que fue de 84.4 a 65.8 por ciento de la población en el periodo 2016-2024, el mayor retroceso lo vivió el estado más pobre, Chiapas. Todas las entidades federativas perdieron, pero en términos generales, el impacto fue mayor donde la población está más desamparada laboralmente y tiene menos acceso a la seguridad social.
En otras palabras, el cambio en los programas de salud para la población abierta jugó en contra de los estados más pobres, con algunas variantes de por medio. Es uno de tantos rezagos por superar, pero también es una muestra de que sin un mayor énfasis en los bienes públicos colectivos, en este caso la salud, la política social puede provocar que muchos se sigan quedando atrás.
Defunciones de menores de un año (por cada mil nacimientos)
en México, 2016-2023

Fuente: Sistema de Información de Derechos Sociales (SIDS). INEGI.
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[1] Sistema de Información de Derechos Sociales (SIDS). INEGI. https://www.inegi.org.mx/desarrollosocial/sids/ 3 de marzo de 2026.
[2] INEGI. Sistema de Información de Derechos Sociales (SIDS), 2024. Fichas metadato. Defunciones de menores de un año, por cada mil nacimientos, según entidad federativa.
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