Desarrollo, soberanía y derechos
El arreglo internacional de fines de los años cuarenta, que se proponía una relación virtuosa entre soberanía, paz, seguridad, libertades y desarrollo, nunca fue simétrico, siempre tuvo cuestionamientos y limitaciones, y operó alineado con el interés estratégico de los países dominantes en lo económico y militar. Lo hizo de manera fáctica, y también por medio del Consejo de Seguridad de la ONU, pero tampoco fue una ficción, ya que facilitó una oleada democrática, de fortalecimiento de derechos y de prosperidad para buena parte del mundo. ¿Qué ha cambiado, entonces, con la nueva situación, que se fue larvando durante varios años, que claramente se abrió en 2025 y se reconfirma con los hechos ocurridos a principios de 2026?, ¿qué implicaciones tiene la nueva situación para el desarrollo?
Escrito por: Enrique Provencio D.
Hay varios planos implicados, a diferentes escalas. Uno de ellos es más general y trasciende las cuestiones económicas, y se refiere al derecho al desarrollo, tal como se ha ido perfilando en las últimas décadas. Hoy se entiende que el ejercicio de los derechos, la reducción de las desigualdades, la afirmación de la diversidad cultural y la protección ambiental son consustanciales a la idea contemporánea del desarrollo, pero estos y otros elementos están siendo negados sistemática y explícitamente por las políticas de Trump, tanto hacia el interior de Estados Unidos como para el resto del mundo. Al interior, lo ha proclamado a través de las órdenes ejecutivas y los decretos desde el 20 de enero de 2025, y al exterior lo ha expresado con la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, en la que anunció sus acciones para delimitar su espacio de control geopolítico acotando abiertamente la soberanía de las naciones.
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El programa que está aplicando Trump es profundamente anti igualitario y excluyente, niega y revierte derechos adquiridos y reconocidos institucionalmente, repudia los avances en el reconocimiento de minorías y de la diversidad, proclama un supremacismo blanco o anglosajón, repudia la tradición histórica de integración e incorporación de migrantes y contra ellos ejerce una persecución militar y policiaca indiscriminada e inhumana, que viola los principios elementales de protección a los derechos humanos. Se trata de una negación de valores y prácticas civilizatorias y democráticas, con un retroceso a periodos que, se pensaba, estaban superados en la mayor parte del mundo, y que algunos ya califican como protofascistas.
El programa estadounidense conecta con la corriente más generalizada de gobiernos que se caracterizan por utilizar los procedimientos electorales para implantar regímenes autoritarios y centralistas, que ponen en marcha políticas xenofóbicas, y que están degradando las instituciones democráticas, restringiendo las libertades de expresión y limitando o impidiendo la pluralidad. Se trata de un viraje o un retroceso cultural profundo. En varios sentidos, son gobiernos negacionistas, no solo ante la crisis ambiental y el cambio climático, sino también ante la los procesos cooperativos y negociados, ante los acuerdos de buena voluntad. Así que los valores del desarrollo relacionados con las convergencias del bienestar, la inclusión, los derechos, la protección del ambiente y otros más, están fuera del marco de relaciones y políticas que se está implantando, un marco adverso para el desarrollo.
En el plano económico hay que distinguir las implicaciones inmediatas y las del largo plazo. Sería erróneo creer que, si el crecimiento económico se mantiene a pesar de las nuevas circunstancias, al menos por unos años, el cambio será inocuo y no afectará las condiciones económicas del desarrollo. La tendencia general en el mundo, desde años antes de la pandemia de 2020-2021, ya era de una desaceleración productivo y del comercio, y se vislumbra que para las próximas décadas esa tendencia se mantenga[1]. Para este quinquenio las estimaciones recientes no esperan una recesión, pero sí distintos cambios que pueden incidir negativamente sobre los países intermedios y los de más rezagos[2].
El desempeño productivo sigue beneficiándose de cierta inercia de las exportaciones, y del dinamismo de países como India y China, pero enfrentará nuevas dificultades que se sumarán a la trayectoria de desaceleración que ya venía de antes. No se espera que los países exportadores se desconecten del exterior, por supuesto, pero tampoco se espera que la globalización, en particular la comercial, sea el motor que impulse el crecimiento. Esto es especialmente relevante para México, que durante los treinta años previos centró sus expectativas en la reorientación exportadora, con un éxito indiscutible en las ventas a Estados Unidos, pero, a la vez, con un crecimiento muy bajo a largo plazo, de apenas 1.9 por ciento anual promedio de 1995 a 2025, incluso inferior al de los socios comerciales norteamericanos.
Desde fines de los años cuarenta del siglo XX la reducción de aranceles y otras barreras fue el principio clave que organizó los intercambios globales, pero en 2025 ese principio fue eliminado tajantemente por Estados Unidos a nombre de su seguridad nacional, de la protección de sus industrias y la defensa de sus empleos. No es la única regla que fue alterada intempestivamente: la protección de la autonomía del banco central, el cuidado del equilibrio funcional de las finanzas públicas, la libre operación de instituciones independientes y de regulaciones y arbitrajes previsibles, entre otras, están siendo sustituidas por decisiones arbitrarias que poco tienen que ver con el marco de certidumbre que se proclamaba como deseable para el mejor funcionamiento de las economías.
Se trata de la aplicación unilateral de nuevas reglas del juego económico convergentes con la aplicación de una estrategia de fuerza bruta y directa, donde la seguridad y los intereses corporativos están por delante de cualquier otro fin. Como lo dijo claramente Donald Trump, refiriéndose al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), este “es irrelevante”, y, hablando de los vehículos automotores, “El problema es que no necesitamos su producto. No necesitamos autos fabricados en Canadá. No necesitamos autos fabricados en México. Queremos traerlos aquí. Y eso es lo que está sucediendo”[3]. Lo que se dice para el T-MEC está aplicando para todos los demás temas económicos.
Más allá de lo comercial, las exportaciones y los aranceles, las posibles afectaciones al desarrollo se extenderán también al desvío de recursos que supone el armamentismo que está operando en varias regiones y grupos de países, que supone fuertes inyecciones de recursos a industrias que seguramente experimentarán un auge, las de las armas y la guerra, pero que implicarán menores fondos para la infraestructura y los servicios sociales. El deterioro del multilateralismo, por su parte, puede debilitar posibles acuerdos que mantengan la reducción de la pobreza y favorezcan menores desigualdades.
No es un escenario inevitable, por cierto. La opción que proclamó el Primer Ministro de Canadá en el World Economic Forum de Davós, el 20 de enero de 2026[4], supone que ante la ruptura de las reglas que prevalecieron durante décadas, quedaba como alternativa construir una autonomía económica y política estratégica basada en nuevas formas de cooperación soberanas e independientes, en las que se forjen alianzas que defiendan las democracias, los derechos humanos, el medio ambiente y otros fines, en convergencia con la mecanismos multilaterales efectivos.
Para México, esa autonomía estratégica puede ser más difícil que para otros países, y supone acelerar la aplicación del Plan México para fortalecer la integración económica interna, extender los beneficios del modelo exportador a los estados que siguen desconectados del T-MEC, fortalecer los bienes, servicios e inversiones públicas, y proteger el empleo y a los migrantes de retorno. Supone, también, una revisión a fondo de lo que queremos con el desarrollo los próximos años, ya en este orden radicalmente distinto que estamos enfrentando.
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[1] OECD. (21 de marzo de 2024). (DF_EO114_LTB) Economic Outlook No 114 – December 2023 – Long-term baseline projections. OECD Data Explorer. https://bit.ly/3FWtQRF
[2] Banco Mundial, 2026 (enero). Perspectivas Económicas Globales. https://openknowledge.worldbank.org/server/api/core/bitstreams/a9e24256-baf8-45bb-9075-75e437e1d6f7/content
[3] Reuters. Bo Erickson y David Shepardson. 13 de enero de 2026. Trump says USMCA is irrelevant for US. https://www.reuters.com/world/americas/trump-says-us-does-not-need-usmca-trade-deal-2026-01-13/
[4] Discurso especial de Mark Carney, Primer Ministro de Canadá, en el World Economic Forum, Davós, Suiza. 20 de enero de 2026. https://www.weforum.org/stories/2026/01/davos-2026-special-address-by-mark-carney-prime-minister-of-canada/cio.
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