Recién concluido el torneo de Tenis más importante del circuito profesional, es buen momento para hablar de este fascinante deporte y en particular de este Torneo, uno de los 4 más prestigiosos en el mundo, que junto con el Abierto de Australia (Sidney), Roland Garros (París) y el Abierto de Estados Unidos (Nueva York) integran los llamados Grand Slams, me refiero al Torneo de Wimbledon (Londres).
Escrito por: Mtro. Elías Hurtado Gómez
En Wimbledon cada detalle importa, el césped se recorta a 8 milímetros exactos, el blanco de la vestimenta de sus participantes es innegociable y el silencio del público es casi religioso, roto ocasionalmente por un par de botellas de Champaña que se descorchan. Es el torneo con más historia del tenis mundial, se realiza desde 1877 y quizá por eso y por tratarse de un torneo organizado por ingleses es el más celoso de sus tradiciones.
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En su versión más reciente pudimos apreciar “cambios” muy interesantes en su desarrollo, el que más llama la atención es la decisión de eliminar a los adustos jueces de línea y reemplazarlos completamente por un sistema automatizado de inteligencia artificial (“IA”) no es solo un ajuste técnico: es una verdadera revolución cultural.
Desde esta edición, ya no hay gestos de duda, ni ojos entrecerrados por una pelota cerca de la raya, tampoco hay “challenge”, esa herramienta con la que el jugador podía apelar a la revisión digital como último recurso. El nuevo sistema – conocido como Electronic Line Calling Live (“ELC System”) – es automático, inmediato e inapelable. Una voz sintética grita “Out”, y la decisión esta tomada.
Para algunos, esto representa un avance hacia la perfección y la eficiencia, para otros, es una renuncia a los derechos más elementales del deportista: el de cuestionar, el de impugnar, el de participar activamente en la búsqueda de justicia dentro del juego. En este artículo, exploraremos cómo es que el torneo con más tradición del mundo ha dado un salto hacia el futuro para sorpresa de propios y extraños, y qué es lo que nos dice esto sobre la modernización en el deporte.
Esta historia comienza ni más ni menos en el torneo con mayor historia del “Deporte Blanco”, el de más tradición y una de las cosas que lo hacen diferente es ese respeto irrestricto a las costumbres, una de ellas con quienes imparten y vigilan que las reglas del deporte se cumplan, me refiero a los jueces y en particular, a los jueces de línea, y es que como se menciona al principio de este artículo, esos jueces de línea han sido reemplazados por tecnología e innovación.
Estos jueces eran los encargados de decidir si una pelota había tocado dentro o fuera de la pista, sentados en los bordes de la cancha, tenían que emitir un veredicto inmediato, con el ojo entrenado y el cuerpo inmóvil, observando pelotas que pasan a 200 km/h, su decisión podía ser confirmada o rectificada por el juez de silla –máxima autoridad en la cancha– pero éstas debían ser infalibles, las consecuencias de ellas representan la diferencia entre ganar o perder, Jannik Sinner, el ganador del torneo de este año, obtuvo, según algunas fuentes una cantidad superior a los 7 millones de euros, además del prestigio inherente a esta victoria. El equilibrio clásico entre autoridad, error humano y competencia justa era frágil, pero parte importante del juego. La evolución del sistema de jueces de línea no es nueva, ha tenido un viaje interesante, pues de 2006-2008 se implementó por primera vez en la historia del torneo el sistema Hawk-Eye como herramienta auxiliar en Grand Slams.
En 2010, el challenge system se convirtió en una regla en la Association of Tennis Professionals (“ATP”) y la Women’s Tennis Association (“WTA”) y esto permitía a los jugadores poder apelar decisiones dudosas con un número limitado de desafíos por set. En 2020, con la pandemia se aceleró la adopción del ELC System en torneos como el US Open para reducir personal en cancha. Fue hasta 2023-2024, en donde Wimbledon hizo pruebas en sus respectivos torneos juveniles y clasificatorios con el sistema automatizado completo. La historia culmina con nuestra más reciente edición en donde el All England Club eliminó de forma definitiva a los jueces de línea después de 147 años de tenerlos y al challenge, adoptando el ELC System para todas las canchas del complejo.
El tema central del texto son los cambios a las reglas del torneo, que generan a su vez cambios relevantes en los derechos de los atletas, ya que con la implementación de este sistema, los jugadores ya no pueden apelar, antes los tenistas podían usar el challenge como una forma de intervención procesal, algo similar a un derecho de audiencia dentro de un procedimiento competitivo, permitiéndoles: (i) impugnar una decisión; (ii) solicitar una revisión , y en ocasiones (iii) rectificar alguna decisión.
Con el ELC System: (i) no hay espacio para el reclamo; (ii) el algoritmo lo decide todo, y (iii) el jugador queda excluido de una posible apelación. Desde el punto de vista del derecho deportivo, esto podría interpretarse como una merma en los principios básicos del debido proceso, adaptados al entorno competitivo; un derecho a ser oído, un derecho a impugnar una decisión y finalmente un derecho a un tercero imparcial que no sea automatizado.
Aunque bien se trata de un torneo privado regido por el All England Lawn Tennis Club, la decisión de eliminar el margen de participación activa del deportista en el proceso de resolución de una jugada, puede ser cuestionada éticamente. ¿Puede haber justicia deportiva sin participación humana?
¿Y de que se trata este sistema? Es un sistema de IA que analiza en tiempo real la trayectoria de la pelota, determina su punto exacto de contacto con el suelo y emite de forma inmediata la decisión “in” o “out”. Todo esto ocurre en fracciones de segundo, mediante sensores ópticos y procesamiento de imágenes en 3D, sin intervención humana.[1] Tiene una precisión que ronda el 99.9%, según datos técnicos respaldados por Hawk-Eye Innovations, empresa proveedora de esta tecnología. Con una tasa de error menor que el ojo humano, Wimbledon argumenta que al implementar este sistema; reduce la polémica, evita interrupciones, agiliza el ritmo de juego y mejora la experiencia televisiva. Sin embargo, esta aparente perfección genera un vacío: el jugador queda sin posibilidad de objeción, lo cual puede ser percibido como una forma de deshumanización del juego.[2]
La tecnología no es el problema. Lo es la eliminación del espacio para el cuestionamiento, la pausa, el derecho mínimo a discrepar, Wimbledon se convirtió en el primero de los cuatro Grand Slams en eliminar completamente a los jueces de línea, a pesar de ser el más tradicional, el mensaje, la tradición no está reñida con el progreso.
Adicionalmente al ELC System, Wimbledon incorporó el “Chat Game” y el “Likelihood to Win”, tecnologías de IA desarrolladas por IBM y que se centran en procesamiento de datos en tiempo real para generar enlaces con sus fanáticos. Todo esto apunta a una tendencia innegable: el deporte no solo se juega, también se consume y se experimenta de nuevas formas. Los torneos que no evolucionen pierden conexión con su audiencia, y quien no invierta en innovación, es condenado a desaparecer.
La decisión de Wimbledon de automatizar la línea no solo marca un hito tecnológico; es una declaración simbólica de que incluso el torneo más clásico del mundo entiende que el cambio es inevitable. Ahora bien, esta innovación debe estar acompañada de sensibilidad; de respeto a los principios del deporte: justicia, equidad, posibilidad de ser escuchado. Porque si el tenis quiere seguir siendo humano, debe permitirle al jugador no solo competir, sino también cuestionar.
También es obligado mirar hacia México: ¿qué se está haciendo (o dejando de hacer) para que el talento nacional llegue a los grandes escenarios? Y más importante aún: ¿qué aprendemos de este tipo de decisiones?
Esta edición de Wimbledon fue histórica para el tenis mexicano, Renata Zarazúa logró clasificar para el cuadro principal, un logro notable considerando la histórica falta de representación mexicana en Grand Slams. Por su parte, el veterano Santiago González volvió a destacar en dobles, consolidando una carrera sólida, aunque siempre alejada del radar mediático nacional.
Estos logros individuales y aislados contrastan con una realidad institucional preocupante para el tenis mexicano, ya que no tenemos un solo jugador o jugadora en el top 50 del ranking mundial. ¿Qué impide que México tenga tenistas de élite? En principio, pienso que una falta de inversión privada y gubernamental, ya que la infraestructura tenística en el país está limitada a clubes privados o academias autofinanciadas.
En segundo término, una desorganización institucional, la Federación Mexicana de Tenis ha atravesado conflictos internos, falta de liderazgo y escaso vínculo con programas internacionales. En tercer lugar, existe una ausencia de circuitos locales competitivos para formar jugadores de alto nivel, se requieren torneos nacionales constantes que simulen o asimilen la presión del circuito profesional.
Si aspiramos a que jugadoras y jugadores nacionales brillen en los mejores escenarios del mundo, debemos aceptar que el talento no crece en el vacío, requiere apoyo, estructura y, sobre todo, voluntad, mientras algunos ya juegan con algoritmos, nosotros seguimos discutiendo si el tenis nacional tiene futuro.
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[1] Willebaldo Nava. Wimbledon 2025 ¿Por qué no hay jueces de línea en los partidos y qué pasó con el challenge? Olympics. Enlace: https://www.olympics.com/es/noticias/tenis-jueces-linea-partidos-challenge
[2] Sarah Edworthy. The precisión operation: Introducing Electronic Line Calling. Wimbledon. Enlace: https://www.wimbledon.com/en_GB/news/articles/2025-07-03/the_precision_operation_introducing_electronic_line_calling.html
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