Desigualdad descendente
Las condiciones sociales de nuestro país han cambiado drásticamente, con una realidad muy compleja, caracterizada por la inseguridad y la violencia, por rezagos profundizados en la salud, la educación y otros aspectos, que han dado lugar a patologías colectivas que otorgan nuevos significados a la desigualdad y a la pobreza, cuyas variaciones no alcanzan a reflejar el cumplimiento de los derechos. Las metodologías de medición de las que nos dotamos hace apenas 20 años permanecen como la norma, pero fueron rebasados por los fenómenos emergentes que se agravaron desde entonces, como lo han planteado aquí en México Social Mario Luis Fuentes y Saúl Arellano, entre otros.
Escrito por: Enrique Provencio D.
En ese marco, es necesario considerar la información reciente de una de nuestras principales fuentes de estudio de la realidad económica y social. Una de las conclusiones centrales que se desprenden de la reciente Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer recientemente, es que en México siguen reduciéndose las desigualdades en la distribución del ingreso, gracias sobre todo a las mejoras en las percepciones por el trabajo y, en especial, por los salarios.
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Es una mejora que inició en 2016, incluso desde antes, y que se ha mantenido y acelerado desde entonces. Las brechas entre los grupos de más alto ingreso y los más bajos siguen siendo muy altas, pero van en descenso. Al mismo tiempo, sin embargo, la población con carencias en educación y salud fue mayor en 2024 que en 2016, lo que por un lado significa un contraste con los avances en otros aspectos, y por otro muestra las paradojas de la situación social reciente.
Esta es una de las encuestas más complejas que se realizan en nuestro país, y retrata, como su nombre lo dice, los orígenes y los montos de las entradas monetarias y no monetarias de los hogares, y también detalla sus erogaciones. Es la fuente que se utiliza para calcular las diferentes estimaciones de la pobreza y las carencias sociales, tarea que ahora realiza en INEGI en lugar del desaparecido Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), y que se darán a conocer este 13 de agosto.
Por lo pronto, la ENIGH deja ver que los ingresos monetarios corrientes de los hogares aumentaron 10.8 % en los últimos dos años, ya a precios constantes, y que el aumento fue para todos los grupos, pero más alto para los de menos capacidad económica. Por ejemplo, los dos deciles (cada decil representa a una décima parte de los hogares) más pobres vieron crecer su ingreso en casi 14 % en promedio, y los dos deciles más ricos tuvieron un incremento de 8.2 % en promedio. En todos los estados, exceptuando Chiapas, se registraron mejoras de ingresos, sobre todo en los de menor pobreza.
Por razones políticas se difunde que lo que más aporta al incremento de los ingresos son los programas sociales, pero no es así. De hecho, si se desagrega la mejora de los últimos dos años, resulta que el 78.7% se debió a las remuneraciones del trabajo, el 20% a las jubilaciones y pensiones contributivas, y el 16.7 % a los programas sociales. Estos importan mucho, por supuesto, sobre todo para los deciles más pobres, pero la fuente principal de la mejora distributiva derivó de los incrementos salariales. Esto ya se conocía desde antes de la ENIGH, pues la información sobre la pobreza laboral, que elaboraba el CONEVAL, así lo mostraba desde el año pasado. Es algo muy significativo, incluso considerando que esta encuesta tiene un subregistro o subdeclaración en comparación con las cuentas nacionales, y que los hogares más ricos no están representados y llegan a caer en las muestras no aceptan responder.
Detrás de esta redistribución se encuentra un hecho que se discute poco, pero que es fundamental: que la participación de las remuneraciones salariales ha mejorado en cuatro puntos porcentuales en relación al producto nacional, impulsadas por la recuperación sin precedentes del salario mínimo, lo cual significa un cambio estructural, aún sin una reforma fiscal de por medio. En una perspectiva histórica, y según Diego Castañeda, los actuales índices de distribución del ingreso son los más bajos desde mediados del siglo XIX. No deja de ser intrigante que tal avance se registre en medio de una de las coyunturas sociales más convulsas de nuestro país.
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Aporte de la mejora en el ingreso de los hogares de 2022 a 2024
según las principales fuentes* %.
* Se refiere al ingreso corriente promedio trimestral de los hogares.
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