futbol
El fútbol es un fenómeno de masas que moviliza a millones de personas en todo el mundo y genera identidad, pasión y emociones sin igual, siendo uno de los grandes inventos de la modernidad y un lenguaje común.
Escrito por: Valeria Martínez Guzmán
Para 2025, movía alrededor de 520 mil millones de dólares anuales a nivel global.
El fútbol en México y en el mundo es un fenómeno cultural sin precedentes. Según cifras de Nielsen, existen al menos 56.7 millones de aficionados en el país. Por otro lado, el impacto económico es enorme: en 2021, la Liga MX varonil generó ingresos estimados en 600 millones de dólares.
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En el fútbol femenil, para 2023 la FIFA reportó que existían 16.6 millones de jugadoras participando en el fútbol federado en el mundo y, en México, se pasó de 50 mil jugadoras en 2019 a un millón 500 mil en 2023.
Sin embargo, este fenómeno mundial tiene un profundo sesgo de género. Detrás de este crecimiento persisten profundas desigualdades estructurales, económicas y culturales que afectan a las futbolistas y a las mujeres que participan en el deporte. Las brechas salariales, la precarización laboral, la violencia de género, la discriminación y la falta de mecanismos efectivos de protección evidencian que el desarrollo del fútbol femenil no ha venido acompañado de condiciones de igualdad sustantiva.
El fútbol femenil en México vive un momento histórico. La confirmación de México como coanfitrión de la Copa Mundial Femenina 2031, junto con Estados Unidos, coloca al país en el centro de la conversación global sobre el crecimiento del deporte practicado por mujeres. Al mismo tiempo, la Liga MX Femenil ha demostrado un crecimiento acelerado en asistencia, audiencia e impacto social, consolidándose como una de las ligas femeniles más relevantes del mundo.
En México, mientras un futbolista varonil de primera división percibe en promedio alrededor de 640 mil pesos mensuales, muchas futbolistas reciben entre 3,500 y 5 mil pesos al mes, ingresos insuficientes incluso para cubrir alimentación, transporte y cuidados físicos derivados del alto rendimiento. Esta desigualdad obliga a muchas jugadoras a estudiar, trabajar en otros espacios o compartir vivienda para sostener su carrera deportiva.
La precariedad institucional también quedó evidenciada en 2019, cuando la Comisión Federal de Competencia Económica sancionó a la Federación Mexicana de Futbol y a 17 clubes por establecer topes salariales discriminatorios para las jugadoras de la Liga MX Femenil. Las restricciones impedían que futbolistas mayores de 23 años ganaran más de 2 mil pesos mensuales, reproduciendo condiciones de semiprofesionalización incompatibles con un deporte de alto rendimiento.
A estas desigualdades económicas se suma un entorno de violencia de género ampliamente normalizado. El informe Tarjeta Roja a la Violencia de Género, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en México (PNUD), documenta que el 78% de las mujeres vinculadas al fútbol ha experimentado alguna forma de violencia de género; el 72%, violencia verbal; el 54%, discriminación por género u orientación sexual; y el 41%, violencia o acoso sexual.
Las violencias ocurren en múltiples espacios: canchas, vestidores, estructuras administrativas, medios de comunicación y redes sociales. Además, la falta de protocolos institucionales y mecanismos de denuncia profundiza la impunidad: el 54% de las deportistas no sabe dónde denunciar y el 81% desconoce si existen lineamientos para atender casos de violencia dentro de sus ligas o federaciones.
Estas problemáticas no pueden analizarse de manera aislada. El fútbol es uno de los espacios culturales con mayor capacidad de influencia social y reproducción de estereotipos. Por ello, garantizar igualdad y seguridad para las mujeres dentro del deporte también representa una estrategia de transformación social más amplia.
En este contexto, debemos impulsar y construir una agenda pública centrada en el deporte como herramienta de igualdad, empoderamiento y construcción de ciudadanía. Esta agenda debe incorporar:
• igualdad salarial y condiciones laborales dignas;
• mecanismos obligatorios de prevención y sanción de la violencia de género;
• fortalecimiento de protocolos de denuncia;
• mayor inversión en infraestructura deportiva para niñas y jóvenes;
• promoción de liderazgos femeninos en estructuras deportivas;
y combate a la discriminación y la violencia digital.
Impulsar el fútbol femenil no es únicamente respaldar una disciplina deportiva: es defender el derecho de las mujeres a ocupar espacios públicos, competir en igualdad de condiciones y desarrollarse libres de violencia.
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