Como cada año, me tomo el mes de septiembre, el de la patria, para leer o releer algún texto relacionado con nuestra gesta heroica de 1810-1821.
Este 2025 me topé inadvertidamente con una obra extraordinaria: “Introducción a la Independencia de México y su tiempo”, de Rodrigo Moreno Gutiérrez (UNAM, 2024).
Escrito por: Sergio González Muñoz
Es una nueva manera de ver y entender la Independencia. “La Independencia pensada hoy” la llama el autor, alegando que hay que recuperarla “con la intrigada y creativa astucia de quien debe resolver un enigma del que solo conoce algunos rastros”. Determina que todas esas historias, unas veces contradictorias y otras, complementarias, “nos obligan a volver una y otra vez a las fuentes para hacerles preguntas cuyas posibles respuestas, pensadas desde nuestro mundo actual, nos permitan explicarnos mejor.”
Advierte que toma “eso que llamamos Independencia” como una “reveladora y significativa faceta de la colosal desintegración de los grandes imperios trasatlánticos y del muy pedregoso surgimiento de los Estados nacionales.” ¡Vaya empresa!
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Es decir, ya no arranca en la noche del Grito y sus antecedentes inmediatos. Ya no inicia con Primo de Verdad, Azcárate y Talamantes argumentando ante la Real Audiencia que a falta de Fernando VII, y ante la invasión napoleónica de la península, la soberanía se revertía hacia el pueblo de la Nueva España, encarnado en el Ayuntamiento capitalino del Virreinato.
De manera refrescante y elocuente, Moreno dice también que los cambios que se hicieron al final de la guerra hicieron, por ejemplo, “que un súbdito se convirtiera en ciudadano, o una española se hiciera mexicana,” un cura, generalísimo; un jornalero, soldado; una criolla urbana, espía; y, claro, un arriero, Presidente.
En la rica y dilatada historiografía de esta época luminosa y revuelta de nuestro pasado remoto, este texto, como bien lo explica el autor, se distingue de otros con gran facilidad. Efectivamente, no se parece a la militancia combativa de Teresa de Mier (1813); al conservadurismo erudito de Alamán (1849) y menos al ensayo Filosófico de Villoro (1953), “sino que propone imaginar lo ocurrido… con la mente de hoy y de acuerdo con nuestras preocupaciones.”
En esta época de la igualdad, la equidad y la paridad entre mujeres y hombres, no pude evitar buscar su abordaje del tema de la participación de las mujeres en la conflagración de aquellos 11 años terribles.
Afirma, aunque en muy pocas palabras, que la labor femenina fue importante pues ellas fueron propagandistas, conspiradoras, activistas, movilizadoras de opinión y organizadoras de ceremonias y festividades cívicas: y también crearon grupos de denuncia y de choque. Moreno nos recuerda que en gran medida la logística cotidiana del conflicto estuvo en manos de mujeres, como la alimentación, el vestido y la curación de lesionados, por lo que, afirma, tendríamos que imaginarlas en marchas, sitios, campamentos y fuertes.
Recurrí de inmediato al indispensable “Diccionario de la Independencia de México” (UNAM, 2010), en el que pude encontrar breves fichas unitarias de (solo) tres heroínas de la insurgencia aquella (Bocanegra, Vicario y Ortiz). Inclusive hay una (única) ficha denominada “Mujeres en la Independencia”, que enlista a las tres referidas y adiciona una cuarta: Rodríguez del Toro.
El apartado hace una reflexión sobre el valor incalculable de las aportaciones femeninas durante el inicio, a lo largo y al final de la lucha armada. Informa que las actividades preferidas fueron seducción de la tropa, contrabando de armas y mensajes, espionaje y conspiración, pero también hubo aquellas que proporcionaron dinero a los insurgentes, los guiaron por caminos peligrosos, fueron enfermeras en los sitios de batalla, llevaron agua a los soldados y a los heridos y enterraron a los muertos. Algunas inclusive tomaron directamente las armas y hubo entre ellas oficiales de mando.
Además, esta ficha particular refiere la obra de José María Miquel, que en su “Diccionario de Insurgentes” (1969) enlista a 134 mujeres que realizaron actividades rebeldes o que simpatizaron con la insurgencia. Menciona también el texto de Aurora Tovar Rodríguez, “Mil quinientas mujeres en nuestra conciencia colectiva” (1996), en la que informa de 94 mujeres encarceladas y procesadas. Cita también como orientaciones bibliográficas el texto de Duby y Perrot “Historia de las Mujeres (1993), y el de Lavrín “Las mujeres latinoamericanas: perspectivas históricas” (1985).
A unas horas del inicio de nuestras fiestas patrias, estoy cierto que la Patria también tiene madres fundadoras. Entre ellas, Gertrudis Bocanegra, la enorme Leona Vicario, la inmarcesible Josefa Ortiz y Mariana Rodríguez del Toro, pero hay más; y hay que rescatarlas.
Saludo con gratitud y reconocimiento a estos seres de luz y muchas otras, que aún hoy sin crédito, jugaron papeles relevantes en el alumbramiento político de México, y esa deuda, que es de honor, debe pagarse bien, pronto y suficientemente. En esa labor, nuestras historiadoras modernas podrían ser un faro de luz incontrastable.
Mientras eso avanza y sucede: ¡Que vivan las heroínas que nos dieron matria y libertad! ¡Que viva México!
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