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Recesión democrática y tómbola política

En los ámbitos científicos de la alta academia circula una obra en inglés, relevante para la discusión actual sobre la recesión democrática en curso en todo el mundo y en especial, sobre una de sus expresiones más perniciosas.

Escrito por: Sergio González Muñoz

Aun sin traducción al español, el libro lleva por título “La Mentalidad Lotocrática: Defendiendo la democracia contra la lotocracia”, de Cristina Lafont (española) y Nadia Urbinatti (italiana), ambas profesoras consagradas de Teoría Política de universidades norteamericanas de alto nivel, y que abordan el método del sorteo o tómbola para seleccionar candidaturas políticas o personal directivo de algunas instituciones del Estado. El libro se origina en la preocupación por el declive de la democracia representativa y la realización de que el “giro lotocrático” no es solo una moda académica, sino una tendencia que se está difundiendo a través de la “mentalidad lotocrática”.

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Las autoras argumentan que, a pesar de las apariencias, esta mentalidad es enemiga de la democracia. Promete mejorarla, pero en realidad, si se llegara a concretar, crearía un nuevo régimen amenazante, pues justifica conferir poder legislativo a las asambleas sorteadas.

El libro organiza las propuestas para el uso de instituciones basadas en la lotería en tres tipos:

  • Sustitución: La opción más radical, que propone reemplazar la democracia electoral con la lotocracia. Los defensores buscan desmantelar las asambleas electorales y conferir todo el poder legislativo a asambleas de ciudadanos seleccionados al azar (actualmente tienen bajos niveles de apoyo).
  • Complementariedad: Propuestas intermedias que prevén complementar las instituciones electorales con instituciones basadas en la lotería que compartirían (algo de) poder legislativo. (Se están volviendo cada vez más populares).
  • Auxiliar o suplemento: Las propuestas menos radicales, que utilizan instituciones basadas en la lotería como herramientas auxiliares para suplementar y mejorar las funciones democráticas de las instituciones electorales actuales, sin conferirles poder legislativo. (Actualmente son las más respaldadas).

Denuncian que esta mentalidad se articula de manera más clara y consistente en las propuestas de sustitución más radicales. En su núcleo, dicen, presenta tres características interconectadas que dan lugar a una forma triangular de “tecno populismo”:

  • Primero, una reinterpretación de la igualdad política: Esta relectura debilita drásticamente el compromiso democrático con la igualdad política sustantiva y la inclusión efectiva de la ciudadanía en la toma de decisiones políticas. Las y los “lotócratas” sacrifican los derechos políticos y el poder que las y los ciudadanos ejercen colectivamente por igualar las posibilidades de “gobernar” (es decir, de ejercer poder unilateral). El ideal democrático, en cambio, requiere igualar las oportunidades efectivas para que la ciudadanía tome colectivamente decisiones políticas importantes como iguales.
  • Segundo, una concepción populista de la representación como encarnación: las y los “lotócratas” interpretan la representación como una similitud sociológica que aspira a la identidad empírica. Creen que las y los pocos seleccionados al azar encarnan al “pueblo real” (o bueno) y, por lo tanto, pueden gobernar legítimamente en su nombre. Esta concepción busca unificar a las personas representadas con las personas representantes y neutralizar cualquier rendición de cuentas de los gobiernos.
  • Tercero, una concepción tecnocrática de la política: Esta concepción ve la tarea de la política simplemente como resolución técnica de problemas. Si los ciudadanos son homogéneos y están fundamentalmente de acuerdo en lo que quieren, la única pregunta es cómo llegar allí. Las preguntas políticas se reducen a una cuestión de conocimiento, no de libertad.

El libro sugiere que las propuestas para institucionalizar estos tipos de “mini públicos” (como las asambleas ciudadanas) pueden seguir dos enfoques fundamentalmente diferentes:

  • El Enfoque Lotocrático: Su objetivo es empoderar a sus pocos participantes para que piensen, deliberen y decidan por el resto de la ciudadanía, otorgando a dichos “mini públicos” autoridad consultiva o decisoria, saltándose la deliberación y la toma de decisiones por parte de la ciudadanía.
  • El Enfoque Participativo (apoyado por las autoras): Su objetivo es empoderar a la ciudadanía para iniciar el debate público, influir en la formulación de políticas, establecer la agenda política o tener la última palabra en ciertas decisiones.

Concluyen que las instituciones basadas en la lotería o tómbola no son una panacea para los graves déficits democráticos, pero podrían contribuir al empoderamiento de la ciudadanía si no se convierten en un atajo para eludir a la ciudadanía y consolidar aún más el gobierno de unos pocos.

Conviene resaltar que el texto también dedica un análisis histórico para desafiar la afirmación lotocrática de que la democracia antigua demuestra que solo la selección por lotería es coherente con la igualdad democrática.

Explican que la reinterpretación histórica de los y las lotócratas distorsiona el significado de la democracia al ignorar que, tanto en las sociedades antiguas como en las modernas, las loterías no eran una herramienta exclusivamente democrática, siendo a menudo utilizadas por la aristocracia. Del mismo modo, al pasar por alto el hecho de que en la antigüedad se usaban tanto la lotería como las elecciones en diferentes contextos y al señalar que en la antigüedad las loterías se usaban para elegir personal administrativo y judicial, pero no para seleccionar a las y los integrantes de la legislatura.

Al final, dicen, la falsa dicotomía elección/lotería altera el significado de la democracia, transformándola de un régimen caracterizado por la participación masiva en la asamblea popular a uno donde las y los muchos son “gobernados” por “las y los pocos” pero seleccionados azarosamente, socavando la libertad política y la rendición de cuentas. Cierran alegando que la mentalidad lotocrática, al promover la representación como encarnación y una visión tecnocrática de la política, se comporta como un filtro polarizador. En lugar de ofrecer un espectro completo de libertad política y disenso que caracteriza a la democracia, reduce la política a una imagen homogénea (la encarnación) y objetiva (la tecnocracia), eliminando la necesidad de que las y los ciudadanos elijan y reciban cuentas, lo que lleva a la peligrosa idea de la deferencia ciega a las y los pocos seleccionad

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