SALARIO MINIMO
Al finalizar la primera parte de este artículo se concluyó que “el aumento en el salario mínimo y la aceleración de su crecimiento a partir de 2019 tuvo incidencia sobre el aumento de la participación de los salarios en el PIB, además de inducir la redistribución del ingreso laboral en favor de los trabajadores que perciben los salarios más bajos. Ambos procesos redistributivos tienden a reducir la desigualdad en la distribución del ingreso de los hogares, y a la vez la pobreza y pobreza extrema por ingreso y por esa vía la pobreza multidimensional”.
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En general, el aumento del salario y su redistribución progresiva entre los trabajadores necesariamente tenderá a disminuir la desigualdad en la distribución del ingreso de los hogares, sin embargo, el vínculo no es tan directo pues debe tomarse en cuenta que el ingreso total que perciben los hogares también proviene de otras fuentes, cuyo comportamiento a lo largo del tiempo podría neutralizar dichas tendencias igualadoras. De hecho, la definición de ingreso corriente total que se emplea para medir la pobreza multidimensional distingue, además de las remuneraciones del trabajo, los ingresos provenientes de la explotación de los negocios propios, rentas derivadas de la propiedad, transferencias recibidas, y pagos y regalos en especie[1].
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En consecuencia, la desigualdad en el ingreso y su cambio en el tiempo no sólo depende de los pagos que perciben los trabajadores subordinados, sino también de las entradas monetarias de los trabajadores por cuenta propia o quienes desempeñan una actividad empresarial pero no separan la actividad económica de las labores de reproducción doméstica; también incluye la renta de la propiedad (intereses por inversiones a plazo fijo, en cuentas de ahorro, por préstamos a terceros, por bonos o cédulas, alquiler de marcas, patentes o derechos de autor, etc.), pero el CONEVAL excluye de esta definición, los ingresos provenientes del alquiler de las viviendas y la renta imputada por el uso de la vivienda propia[2]. Otro rubro que está comprendido dentro del ingreso total de los hogares son las transferencias, este concepto incluye tanto las jubilaciones y pensiones, así como los apoyos monetarios provenientes de los programas sociales, de las remesas, de las becas de instituciones privadas y transferencias provenientes de otros hogares. Además, el ingreso corriente total que emplea el CONEVAL para medir la pobreza considera los valores monetarios imputados por los pagos y los regalos recibidos en especie. Debe tenerse en cuenta que el cambio del ingreso corriente de los hogares a lo largo del tiempo depende también de la evolución de las otras fuentes, que ya han sido señaladas y no solo de las retribuciones recibidas por los trabajadores dependientes.
Una vez consideradas estas precisiones conceptuales se procederá a examinar el comportamiento, entre los años 2016 y 2024, de la desigualdad en la distribución del ingreso medida por el índice de Gini. La gráfica 1 muestra que, en dicho lapso temporal, la desigualdad ha tendido a decrecer, con la excepción del año de la pandemia (2020).
Gráfica 1
La evolución del índice de Gini en este período si bien es informativa respecto a la tendencia que ha exhibido la desigualdad en el ingreso en los últimos años, no permite rastrear en qué medida los cambios observados se originan en la evolución de los salarios mínimos que, según se ha planteado, han tenido incidencia sobre las remuneraciones del trabajo en el sector formal, en las remuneraciones de asalariados en el sector informal y en los ingresos de los trabajadores por cuenta propia.
La descomposición del índice de Gini (Shorrocks A. 1982, y Liebbrandt M. y Woolard I, 1996) hace visible la contribución que hacen a la desigualdad las diversas fuentes del ingreso, entre ellas las derivadas de la actividad laboral. En el cuadro 1 se presentan los aportes de cada una de las fuentes a la desigualdad total que resultaron de aplicar la ecuación de descomposición del coeficiente de Gini, propuesta por dichos autores, al ingreso corriente total de los hogares; ingreso que se emplea en la medición multidimensional de la pobreza.
Las cifras muestran que las remuneraciones del trabajo contribuyen con alrededor de tres cuartos del valor del índice de Gini y si se agrega el aporte de los ingresos obtenidos por la explotación de los negocios propios donde se registran los recursos obtenidos por los trabajadores autónomos y los pequeños “empresarios” (que forman parte del sector informal) dicho porcentaje fluctúa alrededor del 85 por ciento. El otro gran componente son las transferencias, rubro en que la importancia mayor la tienen las jubilaciones y pensiones.
Cuadro 1
No es de extrañar, entonces, que las variaciones en la desigualdad (medida por el índice de Gini) estén fuertemente asociadas a los ingresos laborales (suma de las remuneraciones del trabajo y los ingresos obtenidos por la explotación de los negocios propios), tal y como se puede apreciar en el cuadro 2.
Cuadro 2
En síntesis, la política de alza en los salarios mínimos eleva los ingresos de los trabajadores formales y también de los informales, los de estos últimos ya sea por el efecto faro (Campos R. 2025) y/o por el aumento de la demanda de los productos del sector informal lo que da pie a alzas en las ganancias de los “empresarios” de este sector, en los salarios de sus trabajadores dependientes y de los trabajadores por su propia cuenta. La mejoría en los ingresos de los hogares en la base de la pirámide social, donde se ubican una buena parte de los asalariados, se complementa con la redistribución de los ingresos laborales en favor de los trabajadores de menores recursos, que se ha documentado en la primera sección de este artículo.
Ahora bien, tanto la pobreza como la pobreza extrema por ingreso exhiben una reducción regular después del año 2020, año de la pandemia (ver gráfica 2). Según se ha visto, el aumento en los ingresos de los hogares está fuertemente asociado al comportamiento de los ingresos laborales, que a su vez han respondido al alza en los salarios mínimos, en consecuencia, la caída de la pobreza monetaria responde en gran medida a la política de recuperación de dichos salarios.
Gráfica 2
La pobreza por ingreso es uno de los componentes que forman la medida de pobreza multidimensional, el otro son las carencias. En efecto, según las definiciones establecidas por CONEVAL una persona se encuentra en situación de pobreza multidimensional extrema si su ingreso no le posibilita adquirir los bienes de la canasta alimentaria y simultáneamente sufre 3 o más de las seis carencias consideradas en la medición. Y en pobreza multidimensional si su ingreso no le permite adquirir la canasta completa (canasta básica y otros bienes y servicios necesario para la vida cotidiana) y sufre una o más carencias (CONEVAL 2018).
Gráfica 3
(a) (b)
De ambas gráficas resulta claro que el cambio de la pobreza multidimensional en el tiempo está mucho más vinculado al comportamiento en el tiempo de la pobreza por ingreso que a las carencias. Este hecho lleva a concluir que la caída de la pobreza multidimensional responde, en buena medida, a las remuneraciones del trabajo, cuyo aumento en el poder adquisitivo ha sido producto de la política de recuperación del salario mínimo real adoptada por los gobiernos del país a partir del año 2019.
En conclusión, la política de reajuste del salario mínimo real ha provocado, simultáneamente, la reducción de la desigualdad en la distribución del ingreso, y la caída de la pobreza por ingresos y la pobreza multidimensional.
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Campos R (2025), Salario mínimo: teoría y evidencia con un enfoque para México, El Colegio de México, México.
CONEVAL (2014), Metodología para la medición multidimensional de la pobreza en México. México D.F., CONEVAL.
Liebrandt M., C. Woolard e I Woolard (1996), The contributios on Income Components to Income Inequality in South Africa: A Descomposable Gini Analysis. LSM Working Paper Number 125, World Bank, Washington.
Shorrocks, Anthony F. (1982) “Inequality Decomposition by Factor Components”, Econometrica 50, Número: 1
[1] En la primera parte de este artículo las mediciones de desigualdad emplearon el ingreso corriente total de los hogares tal cual lo define INEGI. Debido a que esta segunda parte está dedicada a la pobreza y su relación con la desigualdad se emplea la definición de ingreso total de los hogares que utiliza el CONEVAL en el cálculo de la pobreza por ingreso. Debido al cambio de variable, los valores de los índices de Gini que se reportan ahora difieren levemente de los presentados en el escrito anterior.
[2] La línea de pobreza del CONEVAL también excluye la renta de la vivienda.
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