charros
Al decir que la música construye una identidad, existen diferentes formas de interpretar dicha afirmación, ya que se puede entender en los gustos musicales que te hacen formar parte de una comunidad, también en cómo ciertas letras revelan parte de tus pensamientos y sentimientos; al igual que en la música folklórica que expresa a toda una cultura.
Por: Percastegui Domínguez Kimberly Gisela
El sentido de pertenencia musical ya sea personal, regional o global no surge de manera espontánea, se va construyendo, a través de las experiencias plasmadas en la sociedad; derivadas de los eventos históricos, fenómenos culturales, costumbres y tradiciones en una sociedad. En el caso de México la búsqueda de símbolos nacionales impulsó la construcción de lo considerado propio de la nación.
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En este contexto, cierto tipo de ritmos, instrumentos y trajes, se vuelven representativos en la identidad de un país, por ejemplo, la imagen del charro durante el porfiriato (1876-1911), la revolución (1910-1920), y la posrevolución (1920-1940), fue resignificándose . En un primer momento el pianista y compositor Miguel Lerdo de Tejada vistió a los integrantes de la orquesta típica mexicana de charros en 1901, para diferenciarla de otras orquestas que mantenían un estilo europeo, si bien los vestuarios de Tejada eran diferentes la inspiración en el repertorio musical seguía siendo la misma.
Sin embargo, al estallar la revolución mexicana hubo una interrupción en esta búsqueda de identidad, no obstante, surgió otra forma de expresión, puesto que la música era esencial para celebrar las victorias y relatar las hazañas de los revolucionarios, volviéndose populares los corridos, manteniendo la esencia nacionalista pero esta vez en figuras relacionadas con la lucha de los derechos rurales.
Al finalizar este conflicto bélico en la década de 1920, José Vasconcelos fomentó un proyecto cultural con el cual la música y las danzas tradicionales tuvieron una revaloración, en donde los ciudadanos tomaron el papel principal, por lo que las preferencias de escucha se inclinaron a un gusto más campirano (el mariachi), gracias a la constante reivindicación rural hacia las metrópolis.
El mariachi, que antes se desenvolvía en escenarios rurales en el occidente de México y constituía un estilo musical surgido de la interacción de estructuras rítmicas indígenas, españolas y africanas, comenzó a adquirir relevancia en 1925, ya que, tras un conflicto político entre el gobernador de Jalisco, José Guadalupe Zuno y los diputados federales, la imagen del mariachi fue utilizada por estos últimos como medio para fortalecerse públicamente contra su adversario, a causa de esto lograron dar una proyección favorable al estado de Jalisco, al igual que contribuyó para la caída del gobernador.
Debido a que el diputado Alfredo Romo mantenía una relación sentimental con la hija del general Plutarco Elías Calles, las melodías pronto llegaron a la residencia presidencial de Chapultepec. La concentración de los mariachis en zonas urbanas atrajo a los músicos que tocaban en el occidente, debido a ello muchos comenzaron a tocar de manera ambulante la ciudad, de la misma manera, se reunían en espacios específicos como Plaza Garibaldi que con el tiempo se mantuvo como un punto principal para la contratación de mariachis.
Con la consolidación de este género musical se implementó el traje de charro, puesto que este traje representa la vida rural, la valentía, el honor, y al hombre mexicano idealizado, de esta manera ambos elementos simbolizan la nación, por esta razón al pensar en mariachis inmediatamente el imaginario colectivo hace referencia al charro, al igual que al imaginar un charro se puede correlacionar con el mariachi, ya que ambas figuras se volvieron patrióticas y casi fundidas en una sola.
Durante la época de oro del cine mexicano se estableció aún más en el imaginario social el arquetipo del charro y la música que venía con él, actores como Jorge Negrete, Pedro Infante, Pedro Armendáriz, Luis Aguilar, entre otros, respaldaron tanto nacionalmente como internacionalmente la idea de México.
Recapitulando lo anterior, estos símbolos ayudaron a definir la identidad de un país: desde las orquestas en el porfiriato, los corridos en la revolución, el mariachi en la posrevolución, hasta los actuales géneros que visibilizan a un pueblo, una clase , un lugar o a una persona, por lo tanto la música no solo muestra belleza, sino, todo un conjunto de tradiciones y valores.
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