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El factor Dios: reserva de verdad, compasión y justicia

El factor Dios

“El factor Dios” es un texto de Jon Sobrino publicado originalmente en el sitio de Servicios Koinonía

Después del 11 de septiembre proliferaron las reflexiones sobre el papel peligroso o claramente nocivo de las religiones monoteístas: el “dios” de cada una de ellas podía exigir la guerra para defender la propia fe, propiciando para ello entusiasmos suicidas, que llevan a la propia inmolación y a la muerte del otro, del de otra religión. Se recordaron las guerras de religión, las cruzadas, la connivencia entre la espada y la cruz en el descubrimiento-encubrimiento de América…

El 11 de septiembre, hizo recordar todo esto. Universalizando el fenómeno, las religiones y su idea de Dios fueron puestos en el banquillo. José Saramago, nóbel de literatura, honesto no creyente, luchador denodado por la justicia y los derechos humanos lo dijo con toda claridad en un artículo que hizo historia: “El factor Dios”.

No condena a la realidad de Dios -en la que no cree- sino a un “nombre”, una “idea”, un “factor” de la psicología personal y social que pervade la historia y las religiones. “Por causa de Dios y en nombre de Dios es porque se ha permitido y justificado todo, principalmente lo peor, principalmente lo más horrendo y cruel”. Sin llegar a esos extremos no se puede decir que no tenga algo de razón.

La Guerra de Irak

Sin embargo, en la guerra de Irak ocurrió un fenómeno distinto. Conocidos pensadores y escritores, conocidos defensores de la justicia, la democracia y los derechos humanos, hablaban de Dios de manera diferente. Bajo ese término parecen comprender ahora algo bueno, sea real o ideal, y en cualquier caso algo que debe ser respetado. Y a ese Dios invocan también precisamente para tener otro importante argumento para condenar la guerra y a sus propulsores, Bush, Blaire y Aznar, y sobre todo para defender a las víctimas de Irak.

“El presidente del planeta anuncia su próximo crimen en nombre de Dios y de la democracia. Así calumnia a Dios. Y calumnia, también a la democracia… ‘No en mi nombre’, clama Dios”, dice Eduardo Galeano. “Dios parece protestar junto con los millones que se inmovilizan en las calles de todo el mundo para decirlo con toda fuerza: ‘no utilicen mi Santo Nombre en vano'”, dice Theotonio dos Santos. “En todos los idiomas ‘paz’ es una palabra suprema y sagrada, expresa el deseo de Dios para los hombres”, dice Ernesto Sábato. Y Adolfo Pérez Esquivel recuerda que durante la dictadura argentina un preso escribió en las paredes de su celda: “Dios no mata”.

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El factor Dios

Dios, pues, puede ser un “factor”, a nuestra imagen y semejanza y en favor de nuestros intereses. Puede convertirse en un “factor” negativo, que propicia fanatismo, exclusión, violencia, guerra. Pero puede ser también un “factor” positivo. Y eso es lo que está mostrando, aunque sea en pequeño, la crisis de Irak.

1. Las grandes mayorías que condenan la guerra -sean creyentes o increyentes- no responsabilizan de ella a Dios, y ciertamente no al Dios de Jesús, vislumbrado como Dios defensor de víctimas y propiciador de solidaridad. Lo que sí condenan es el “factor” ídolo, generado por el petróleo, la supremacía geopolítica. Es el “factor” dios de Washington, a cuyo servicio está la mentira, el encubrimiento, la hipocresía, que tergiversa la realidad hasta la alucinación, convirtiendo la destrucción en liberación, la crueldad en misericordia. Bendice lo que hay que maldecir.

2. Este cambio en la comprensión del “factor” dios no ha ocurrido, en lo fundamental, por argumentos conceptuales ni siquiera por una relectura más balanceada de la historia, sino por el testimonio de quienes invocan a Dios, no sólo como “factor”, sino como realidad. Cuando la invocación a un Dios real va acompañada de la verdad y de la compasión, en ese “factor” debe haber algo “bueno”. Y si esto se lleva a cabo sin condiciones -a veces hasta la entrega total- entonces bien puede ser que en ese “factor” haya algo de “último”. La Escritura avista repetidamente a los creyentes: “por causa de ustedes se blasfema el nombre de Dios entre las gentes”. Ahora no ocurre eso, sino que al menos se respeta “el nombre”, el “factor” Dios.

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Otra convivencia es posible

3. Aunque no desaparezcan de la noche a la mañana diferencias y aun luchas entre las religiones, se ha hecho más posible la con-vivencia entre musulmanes y cristianos, y el diálogo entre creyentes y no creyentes. Religiones, culturas, visiones políticas no son lo que dividen en último término a los humanos, sino bombardear a débiles o defenderlos de palabra y obra. El ecumenismo tiene una raíz universal.

4. Si nos preguntamos por qué se está haciendo posible, poco a poco, este nuevo y radical ecumenismo, puede haber varias respuestas, pero mencionemos la que proviene de la tradición bíblico-cristiana. “Cuando sea levantado en alto, lo atraeré todo hacía mí”, dice Jesús hablando de su muerte en cruz. En nuestro lenguaje, las víctimas ante nuestros ojos son las que nos “atraen a todos”. Para el ecumenismo de religiones y culturas, bueno y necesario es el diálogo, pero no es lo primero ni lo primordial. Con anterioridad está el sufrimiento de las víctimas, que nos descentran de nosotros y nos empujan hacia ellas, donde podemos encontrarnos todos. La autoridad última no la tienen culturas ni religiones. La máxima autoridad es la autoridad de los sufrientes.

Un despertar de lo humano

5. Esto lo han logrado -en buena medida, que ojalá perdure y crezca- las víctimas de Iraq. Han hecho despertar en muchos lo humano, la compasión y la indignación, la verdad y la profecía -y por ese orden. Y por esos misteriosos dinamismos de la psicología social, han introducido todo ello en el “factor” dios. Para los creyentes Dios es una realidad. Para todos, creyentes y no creyentes, Dios es también un “factor” que configura la psicología personal y social. Lo que ha ocurrido es que ese “factor” es visto ahora como un referente y reserva de verdad, compasión, justicia y solidaridad.

6. No se trata de hacer una apología de Dios, sino de aunar fuerzas en este mundo inhumano para dar vida a las víctimas y devolver humanidad a todos. Que se introduzca a Dios, como realidad o como “factor” en esta tarea, bien pudiera ser un gran signo de nuestro tiempo. No es lo que buscaba el presidente Bush, pero es lo que está ocurriendo. Y añadamos que comunidades como las de base, teologías como la de la liberación, pastores como Romero han facilitado la tarea.

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