Seguimos reflexionando sobre los resultados de la encuesta Latinobarómetro 2026. Es llamativo que cuando esta herramienta comenzó a aplicarse en la región la popularidad del orden democrático era mayor: un 65% lo consideraba el mejor esquema político posible. Hoy sólo lo afirma un 52%. Hay un evidente desgaste de su prestigio social, debido a muchos factores que el informe identifica “con la pandemia, el agotamiento económico de la década de 2010 y los estallidos sociales de 2019 en Colombia, Chile y Ecuador” (https://t.ly/k8BUG).
Escrito por: Luis Miguel Rionda
El mayor apoyo se ubica en países como Argentina (73%), Uruguay (64%), Costa Rica, Chile y Venezuela (63% cada uno). Estos países han transitado por regímenes autoritarios de izquierda, pero también de derecha. Es esperable que suspiren por recuperar las sociedades abiertas (Popper) que garantiza el liberalismo. En cambio, los ciudadanos de Guatemala (35%), Brasil (41%), Honduras (42%) y Ecuador (43%) experimentan un evidente desencanto con la democracia. El caso paradigmático es El Salvador, donde el autoritarismo ha dado buenos resultados sin importar las violaciones a los derechos humanos. La simpatía democrática cayó del 68% en 2009 al 28% en 2018. Esto explica el ascenso al poder de Nayib Bukele el 1 de junio de 2019, y su reelección en 2024 con el 85% de los votos (https://t.ly/AKsp1).
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En México, en dos años decayó el respaldo a la democracia del 49% en 2024 al 45% en 2026. Y la indiferencia sobre el tipo de régimen político creció del 22% al 30%. Quienes consideran a la democracia como el mejor sistema, pese a sus problemas, decayeron del 74% al 53%. Y los que se sienten satisfechos con este orden cayeron del 50% al 30%. Asombroso: a los mexicanos se nos ha olvidado el enorme costo humano que significó la “dictadura perfecta”, esa que con tanto esfuerzo expulsamos del poder a punta de votos, participación, vigilancia ciudadana, competitividad, alternancias y fortalecimiento institucional entre 1994 y 2018.
Hace unos días y sobre la encuesta publicó Pepe Woldenberg en su columna semanal: “En México no entendemos siquiera lo que es la democracia, aunque todo mundo hable de ella y se cubra con sus ropajes. Al parecer, se trata de una noción evanescente buena para todo y para nada. El 46% consideró que ‘la democracia puede funcionar sin partidos políticos’, el 40% dijo que ‘la democracia puede funcionar sin parlamento’, el 42% ‘que puede funcionar sin oposición’ y el 28% que ‘puede funcionar sin elecciones’. Es claro que franjas numerosas de conciudadanos no saben lo que la democracia es o debe ser.” (“Reprobados”, https://t.ly/vCC7Z).
Es triste reconocerlo, pero padecemos un enorme déficit de cultura cívica (Almond & Verba), aderezada con la precariedad de los ingresos familiares ¾que favorece la clientelización de los ciudadanos¾, y la imposición simbólica de la figura de proveedor paternal en el liderazgo del nuevo partido hegemónico. Es triste, pero vamos como los cangrejos…
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(*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda
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