Alexy, Derecho y Razón - Mexico Social

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Alexy, Derecho y Razón

La filosofía jurídica contemporánea ha perdido a uno de sus pensadores esenciales. Robert Alexy murió hace unos días, poco antes de cumplir 81 años. Con él desaparece una de las inteligencias que con mayor rigor intentaron responder una pregunta tan antigua como decisiva: ¿qué convierte al poder en derecho y a una decisión jurídica en una decisión legítima?

Escrito por: Sergio González Muñoz

Alexy construyó una obra monumental alrededor de tres grandes asuntos: la argumentación jurídica, los derechos fundamentales y el concepto mismo de derecho. Su pensamiento, traducido y discutido en numerosos países, con una influencia especialmente profunda en Iberoamérica, transformó el lenguaje de tribunales, universidades y cortes constitucionales.

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En su Teoría de la argumentación jurídica, sostuvo que el razonamiento jurídico constituye un caso especial del discurso práctico general. Las decisiones judiciales no quedan racionalmente justificadas por provenir de una autoridad: deben apoyarse en razones susceptibles de examen y crítica. Alexy distinguió entre la justificación interna de una decisión (la coherencia lógica entre sus premisas y su conclusión) y su justificación externa, referida a la validez de esas premisas. Así, devolvió a la sentencia su dimensión más exigente: no basta decidir; es indispensable explicar por qué la decisión puede aspirar a ser correcta.

Su Teoría de los derechos fundamentales cambió para siempre la comprensión del constitucionalismo. Distinguió entre reglas y principios y definió estos últimos como mandatos de optimización: normas que ordenan realizar algo en la mayor medida posible, conforme a las posibilidades jurídicas y fácticas. De allí derivó una poderosa teoría de la proporcionalidad, la ponderación y la fórmula del peso (el “ponderómetro”), instrumentos que hoy forman parte del razonamiento habitual de innumerables tribunales constitucionales.

Acaso su contribución más audaz fue su concepto no positivista del derecho. Para él, el derecho posee una doble naturaleza: una dimensión real o institucional, vinculada con la autoridad y la eficacia, y una dimensión ideal o crítica, relacionada con la justicia. Alegó que el derecho es un sistema de normas con pretensión de corrección. Una constitución, una ley o una sentencia no solamente ordenan: al hacerlo, afirman implícitamente que lo ordenado es jurídicamente correcto. Cuando el poder renuncia a esa pretensión o incurre en injusticia extrema, comienza a perder su condición de derecho. No por nada argumentó, brillantemente, que el derecho es la institucionalización de la razón.

Alexy enseñó que la razón no elimina el desacuerdo, pero impide que la fuerza se imponga. Su partida deja un silencio inmenso; su obra, en cambio, seguirá interpelando a quienes entienden que el derecho únicamente merece obediencia cuando ofrece razones. Esa fue su herencia intelectual y también su lección moral: detrás de toda norma debe existir una justificación, y detrás de toda autoridad, una indeclinable aspiración de justicia.

A Robert Alexy debemos agradecerle, sobre todo, haber mantenido viva la confianza en la razón jurídica en una época frecuentemente tentada por el relativismo, la arbitrariedad y la desnuda voluntad de poder. Su magisterio nos recordó que argumentar no es revestir de palabras una decisión previamente tomada, sino someter el ejercicio de la autoridad al tribunal público de las razones. Quienes aprendimos de sus libros (como El Concepto y la Validez del Derecho), aun sin haber ocupado personalmente sus aulas, fuimos también sus discípulos: en cada página encontramos la disciplina del concepto, la honestidad del debate y la convicción de que la inteligencia alcanza su mayor dignidad cuando se pone al servicio de la libertad, los derechos y la justicia.

Gracias, profesor Alexy, por enseñarnos que el derecho no puede resignarse a ser únicamente mandato, procedimiento o fuerza organizada; que debe conservar, incluso en sus momentos más difíciles, una pretensión de corrección capaz de confrontarlo con sus propias injusticias. Gracias por legarnos una obra que continuará acompañando a jueces, abogados, estudiantes y ciudadanos en la tarea interminable de hacer razonable el poder y exigible la dignidad humana. Su voz se ha apagado, pero las razones que ofreció permanecen: mientras exista alguien dispuesto a preguntar si una decisión es justa, a exigir que la autoridad se justifique y a defender los derechos mediante argumentos, Robert Alexy seguirá participando en la conversación universal del derecho.

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