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El INEGI: la confianza como bien público

Los resultados de la Encuesta Intercensal 2025, dados a conocer este mes por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) constituyen un insumo estratégico para saber dónde estamos, hacia dónde vamos y, sobre todo, qué nos falta para ser un país de derechos: cuántas personas carecen aún de vivienda digna, de servicios básicos, de acceso a la salud o a la educación, y en qué territorios se concentran esas ausencias.

Escrito por:   Mario Luis Fuentes

Pocas instituciones mexicanas tienen una historia y una tradición de continuidad tan larga como el INEGI. Si acaso la Lotería Nacional o la larga tradición de asistencia social gozan de una trayectoria tan extensa como la tiene el actual INEGI. En efecto, desde la Dirección General de Estadística, creada en 1882, aunque su nomenclatura y adscripción institucional ha cambiado constantemente, las funciones que ha realizado han permitido que México cuente con uno de los sistemas de información estadística más profesionales, y, en consecuencia, más confiables a nivel internacional.

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Se trata pues, de una institución visible, cercana y valorada por la población nacional, cuyos encuestadores, con su chaleco y su gafete, tocan constantemente a la puerta de millones de hogares. Que la gente abra esa puerta y responda preguntas sobre su vivienda, su trabajo, sus ingresos o su seguridad dice mucho de la confianza que ha construido.

Esa confianza descansa en un trabajo técnico de enorme alcance. Al INEGI le corresponde calcular la inflación a través del Índice Nacional de Precios al Consumidor, referencia para la política monetaria del Banco de México y para la actualización de salarios, contratos, créditos y pensiones. Elabora el Sistema de Cuentas Nacionales; tiene hoy también la responsabilidad de la medición oficial de la pobreza, uno de los indicadores más sensibles tanto para el diseño de política pública como para la discusión de la política y la democracia en el país. A ello se suman los censos de población y vivienda, los económicos y agropecuarios, y numerosas encuestas sobre empleo, ingresos y gastos de los hogares, seguridad pública, uso del tiempo o confianza del consumidor.

El INEGI coordina el Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, el conjunto de reglas, normas técnicas y acuerdos que permiten que la información generada por dependencias federales, estatales y municipales sea comparable, consistente y de calidad.

De esta tarea depende buena parte de la credibilidad internacional de México. Al disponer de cifras que son técnicamente sólidas, con metodologías transparentes y producidas con independencia, México puede sostener una conversación seria con el mundo. Si confianza llegase a erosionarse, como ha ocurrido en otros países de la región y de otras latitudes, el costo se paga en tasas de interés más altas, menor inversión y una reputación que tarda años en recuperarse. En ese sentido, la autonomía constitucional del INEGI es la garantía de que los números no deben ajustarse a la conveniencia política del momento.

Hay otra dimensión de suma relevancia. Al tener carácter oficial y ser de uso obligatorio para todos los órdenes de gobierno, la información del INEGI es la columna vertebral de las condiciones de posibilidad de la planeación nacional. Ningún plan de desarrollo puede diseñarse con seriedad sin saber cuántos somos, dónde vivimos, de qué vivimos y qué nos falta. Sin duda, planear sin estadística puede conducirnos a gobiernos sin rumbo.

Por eso el INEGI merece ser tratado siempre como uno de los principales activos del Estado mexicano. Necesita presupuesto suficiente; necesita personal técnico profesional y estable, así como mantener siempre su independencia y autonomía técnica. Y necesita que se preserve, sobre todas las cosas, el vínculo con la ciudadanía que lo hace posible: pues debe reconocerse que al lograr que las personas respondan a un encuestador está contribuyendo enormemente a un bien público.

En nuestra época de desinformación y polarización, contar con una fuente de información confiable compartida es un bien escaso; y por ello debe celebrarse que México pueda contar con una institución de la relevancia que tiene el Instituto.

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Investigador del PUED-UNAM

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