El nuevo tablero global: la ofensiva hegemónica ante la nueva Guerra Fría - Mexico Social

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El nuevo tablero global: la ofensiva hegemónica ante la nueva Guerra Fría

El presente año ha estado marcado por una vertiginosa sucesión de eventos a escala global. En enero presenciamos la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, seguida rápidamente por el endurecimiento del embargo estadounidense hacia Cuba, una medida orientada a la asfixia económica de la isla que incluso alcanzó a México, convertido en objetivo tras su intento de mitigar la parálisis económica cubana mediante el envío de petróleo. A la par, fuimos testigos de la captura de Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), considerado el capo más buscado a nivel internacional.

Escrito por:  Guillermo Ramírez-Rentería

Estos hechos, aparentemente aislados, sumados al reciente y devastador ataque en Irán, no son coincidencias. Estamos, sin lugar a dudas, frente a un nuevo reordenamiento mundial en el que Estados Unidos ha comenzado a atar los cabos sueltos que toleró durante décadas, preparándose para asegurar su posición como potencia hegemónica al costo que sea.

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El control del tablero. Del crimen transnacional a la inteligencia artificial y el Medio Oriente

La desarticulación de la cúpula del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una organización criminal transnacional con presencia declarada o detectada en al menos 60 países y cuyo valor estimado de operaciones se ubica en cifras cercanas a los 50 mil millones de dólares, no debe interpretarse automáticamente como el fin de la violencia organizada en amplias regiones de México y Centroamérica. Aunque la captura o abatimiento de sus líderes tiene un impacto momentáneo en la capacidad operativa de la organización, no aborda los factores sistémicos que sustentan su reproducción y expansión. Estos factores son múltiples y complejos como mercados ilícitos globales altamente rentables, redes financieras sofisticadas para el lavado de dinero, y un ecosistema político-económico internacional que facilita la circulación de capital y armas sin una debida transparencia ni control eficaz.

En este contexto, la política de seguridad de Estados Unidos sigue siendo uno de los actores más influyentes en la agenda global contra el crimen organizado, pues ha tendido históricamente a priorizar el mantenimiento de los cárteles en niveles “controlables” o manejables, más que la eliminación de sus causas estructurales. Bajo este enfoque, la lógica estratégica se centra en limitar la acumulación de poder político y militar por parte de organizaciones criminales, bajo la premisa de que su expansión desestabiliza mercados, gobiernos y alianzas geoestratégicas. Sin embargo, esta lógica no necesariamente se traduce en intervenciones que reduzcan de raíz fenómenos como el lavado de dinero, la evasión fiscal global, ni la venta indiscriminada de armas por parte de grandes corporaciones norteamericanas a mercados que alimentan la violencia. Las dinámicas de la industria armamentista estadounidense y de sus aliados comerciales continúan siendo un eslabón crítico en las cadenas que permiten la circulación de armamentos, sin importar las consecuencias que estas prácticas tengan sobre la violencia en México o el número de víctimas civiles que generan.

Paralelamente, el terreno militar y tecnológico global atraviesa un momento crítico de redefinición. Por una parte, hay empresas tecnológicas como Anthropic, que han decidido no participar en contratos que implican la automatización de sistemas letales con inteligencia artificial, argumentando preocupaciones éticas y humanitarias en torno al uso de estas tecnologías en el campo de batalla, lo cual refleja el debate actual sobre los límites de la IA aplicada a la guerra. Por otra parte, grandes corporaciones del sector como OpenAI sí han asumido proyectos vinculados con sistemas de defensa y automatización militar, lo que plantea riesgos considerables para el futuro de los conflictos armados y la protección de derechos humanos. Esta dicotomía es inquietante, pues sugiere una distopía emergente en la que los principios éticos y la lógica humanitaria quedan periféricos frente a decisiones estratégicas dominadas por fines comerciales o geopolíticos, desplazando cualquier consideración moral que pudiera limitar la adopción de tecnología para usos letales.

Estos debates se vuelven aún más urgentes si observamos la escalada militar reciente en Oriente Medio donde fue utilizada la inteligencia artificial. El 28 de febrero de 2026, una ofensiva conjunta entre Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en Irán marcó un punto de inflexión notable en las relaciones geopolíticas regionales y globales. Durante esa operación, los servicios de inteligencia y las fuerzas militares de ambos países lanzaron ataques que alcanzaron múltiples puntos dentro de territorio iraní, incluyendo instalaciones gubernamentales,  militares y hasta escuelas. En medio de esta ofensiva, las autoridades iraníes reportaron que un ataque aéreo impactó una escuela primaria de niñas en la ciudad de Minab, en la provincia de Hormozgan, con un saldo de al menos 148 personas fallecidas —en su mayoría niñas— y decenas de heridos, según informes oficiales iraníes.  

Además, los gobiernos de Estados Unidos e Israel afirmaron haber abatido a altas autoridades del régimen iraní, incluido el líder supremo del país, el ayatolá Alí Jamenei, quien había estado en el centro de la estructura política y religiosa de Irán desde 1989. Esta acción, confirmada por líderes estadounidenses e israelíes y reproducida por medios estatales iraníes, abre una fase de incertidumbre política profunda.  

La interpretación de fondo de estos acontecimientos es devastadora desde una perspectiva humanista y estratégica, ya que asistimos a movimientos geopolíticos con objetivos claramente instrumentalizados. En el caso de Venezuela, las intervenciones y presiones internacionales no se centraron en instaurar procesos democráticos, sino en asegurar el acceso y control de las vastas reservas de petróleo que posee el país, un recurso de alto interés estratégico para Estados Unidos y sus corporaciones petroleras. En Oriente Medio, la ofensiva contra Irán trasciende la mera caída de una figura autoritaria, sino que apunta a garantizar la superioridad estratégica de Israel, consolidar bases militares de gran escala, y asegurar rutas marítimas críticas como el estrecho de Ormuz, por donde circula una parte significativa del petróleo global. Esta lectura crítica nos obliga a repensar la narrativa dominante en torno a la seguridad, el orden internacional y el papel de las grandes potencias en conflictos que tienen consecuencias humanas, políticas y económicas de largo alcance.

Conclusión

El mundo no está cambiando para bien; por el contrario, se están apretando los tornillos para asegurar recursos de cara a la nueva Guerra Fría que Estados Unidos prepara contra China. No estamos ante la desarticulación definitiva del narcotráfico ni ante las puertas de un uso benigno de la inteligencia artificial. Estos regímenes y negocios ilícitos probablemente seguirán existiendo, pero reconfigurados para servir a los intereses de la gran potencia americana, la cual podrá enfrentar con mayor aplomo energético, tecnológico y militar sus próximos desafíos.

Sin embargo, las consecuencias a largo plazo serán graves. Cabe preguntarse: ¿cuánto tardarán las células delictivas en reorganizarse en nuevos cárteles igual o más poderosos que el CJNG? ¿En qué momento la asfixia del pueblo cubano derivará en una situación caótica de muertes masivas? ¿Cuánto más aumentará el sentimiento antiamericano en Irán tras esta sangrienta intervención? Y, finalmente, ¿Qué le depara al pueblo venezolano al ver que su situación no cambia bajo una intervención que reclama petróleo sin ofrecer nada a cambio? Ante este panorama, la situación corre el riesgo de empeorar, sumergiéndonos, tal vez, en uno de los peores mundos posibles.

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