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La economía mexicana recupera dinamismo, pero aún debe consolidar su crecimiento

El PIB aumentó 0,9% trimestral y 3,2% anual entre julio y septiembre de 2026. El resultado es favorable, aunque el avance acumulado de los primeros nueve meses sigue siendo moderado y la industria apenas comienza a recuperar impulso. Consolidar la expansión exige inversión productiva, infraestructura y una mayor articulación entre crecimiento, empleo y bienestar.

México Social / Redacción

La economía mexicana registró una mejoría durante el tercer trimestre de 2026. Según la estimación oportuna del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el producto interno bruto creció 0,9% respecto del trimestre anterior y 3,2% frente al mismo periodo de 2025, con cifras desestacionalizadas. Ambos resultados muestran una expansión efectiva de la actividad económica. Sin embargo, su alcance debe evaluarse junto con el desempeño acumulado y las diferencias entre sectores.

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Durante enero-septiembre, el crecimiento fue de 1,9% respecto del mismo periodo de 2025 en la serie desestacionalizada y de 1,8% en cifras originales. La diferencia responde al tratamiento estadístico de las series. Ninguna de estas cifras constituye, todavía, el resultado del conjunto de 2026.

El balance es favorable en la coyuntura: la economía gana dinamismo. La pregunta de fondo es si esa mejoría podrá sostenerse y traducirse en una ampliación duradera de las capacidades productivas. Un trimestre positivo ofrece una base para avanzar, pero resulta insuficiente para afirmar que México ha superado sus restricciones al crecimiento.

Los servicios encabezaron la expansión trimestral, con un incremento de 1,1%, mientras las actividades secundarias aumentaron 0,8%. Las primarias retrocedieron 0,4%. En comparación anual, los tres grandes grupos crecieron: 3,3% los servicios, 3,1% las actividades secundarias y 1,8% las primarias, siempre con cifras desestacionalizadas.

Esta combinación permite identificar una recuperación relativamente extendida, aunque desigual. El retroceso trimestral de las actividades primarias merece seguimiento, pero el comunicado no permite atribuirlo a un fenómeno específico. Para determinar sus causas sería necesario examinar información agropecuaria, condiciones climáticas y resultados por actividad.

La evolución industrial requiere especial atención. En los primeros nueve meses del año, las actividades secundarias acumularon un crecimiento de apenas 1,1% en cifras desestacionalizadas, frente al 2,2% de los servicios. Su mejor desempeño reciente todavía convive con un avance modesto en el conjunto del periodo.

Las cifras originales ayudan a reconstruir esa trayectoria: las actividades secundarias disminuyeron 1,2% durante 2025 y retrocedieron 1,1% anual en el primer trimestre de 2026. Posteriormente crecieron 1,1% en el segundo trimestre y 3,0% en el tercero. Hay, por tanto, señales de recuperación después de una etapa de debilidad. Sin embargo, este agregado incluye minería, manufacturas, construcción y otras actividades; el dato general no demuestra que todas estén mejorando.

También importa la base de comparación. El crecimiento anual de 3,2% del PIB se registra frente a un tercer trimestre de 2025 en el que la economía había disminuido 0,2%, según la serie original. Una base débil puede favorecer la tasa anual posterior. El incremento trimestral de 0,9% confirma que existe una mejoría reciente, pero conviene mantener ambas perspectivas para evitar una lectura exageradamente optimista.

Desde la economía política, el asunto central es la capacidad de convertir esta expansión en un proceso sostenido de inversión, empleo protegido y aumento de la productividad. El PIB mide producción; por sí mismo no permite determinar cómo se distribuyen sus beneficios. El comunicado tampoco permite establecer si el crecimiento procede principalmente del consumo, la inversión o las exportaciones. Para responder se requieren las cuentas de oferta y demanda, además de indicadores laborales y distributivos.

La primera prioridad debería ser fortalecer la inversión que amplía las capacidades de producir. Eso exige evaluar los proyectos públicos por su utilidad económica y social, su mantenimiento y su articulación territorial. La infraestructura eléctrica, el abastecimiento de agua, las redes logísticas y la conectividad digital deben planearse de acuerdo con necesidades verificables y con los límites ambientales de cada región.

La calidad de esa inversión resulta decisiva. Una obra puede aumentar temporalmente la actividad durante su construcción y, aun así, generar pocos beneficios posteriores si carece de demanda, conexión con otras infraestructuras o recursos para operar. La política pública debe valorar sus resultados durante toda su vida útil y hacer transparentes sus costos.

Una segunda prioridad consiste en fortalecer los vínculos entre las empresas de mayor productividad y sus proveedores nacionales. La política industrial debería facilitar financiamiento, asistencia técnica, certificaciones y adopción tecnológica para pequeñas y medianas empresas. Los apoyos tendrían que incorporar objetivos verificables, plazos de evaluación y condiciones que eviten subsidios permanentes sin resultados.

El mercado interno también necesita una base más sólida. Los ingresos laborales, la estabilidad del empleo y el acceso a servicios públicos influyen en la capacidad de consumo de los hogares. La formalización debería facilitar el cumplimiento de obligaciones y ampliar la protección social, acompañándose de medidas que permitan a las empresas elevar su productividad. Exigir mayores obligaciones sin atender sus capacidades puede limitar el alcance de la política.

La participación económica de las mujeres merece un lugar explícito en esta estrategia. Invertir en servicios de cuidados, transporte seguro y condiciones laborales compatibles con las responsabilidades familiares puede ampliar las posibilidades de incorporarse y permanecer en empleos remunerados. Es una agenda de derechos con efectos potenciales sobre la capacidad productiva del país.

Todo ello requiere financiamiento sostenible. Una estrategia de crecimiento debe revisar la calidad del gasto, fortalecer la recaudación con criterios de progresividad y transparentar los compromisos presupuestarios. Recortar indiscriminadamente la inversión puede debilitar el crecimiento futuro; ampliar el gasto sin evaluación ni respaldo financiero puede reducir después el margen de acción.

Finalmente, la certidumbre importa: reglas comprensibles, trámites funcionales, cumplimiento de contratos y coordinación entre órdenes de gobierno facilitan decisiones de inversión de largo plazo. Esa certidumbre debe acompañarse de obligaciones laborales y ambientales efectivas, para que la competitividad no dependa de trasladar costos a trabajadores y comunidades.

Los resultados del INEGI permiten reconocer una recuperación que conviene consolidar. La tarea económica es lograr que el impulso reciente se convierta en inversión sostenida, capacidades tecnológicas y empleos de calidad. La estimación es oportuna y está sujeta a revisiones; aun con esa cautela, ofrece una señal clara: existe una mejoría, pero su continuidad dependerá de decisiones que amplíen la capacidad de crecimiento y distribuyan sus beneficios.

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Fuente estadística: pib_eo2026_10.docx. El balance y las propuestas de política económica son elaboración editorial.

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