La lectura “constituye tanto un ámbito de aprendizaje fundamental por sí mismo como la base para el aprendizaje en todas las demás materias”. Con esta contundente frase, la prueba PISA 2025[1] (Programme for International Student Assessment) de la OCDE, resume una de las explicaciones que están detrás de la caída de los puntajes en casi todos los países, no solo en los años recientes, sino desde antes, al menos a partir del periodo 2009-2012.
Escrito por: Enrique Provencio D.
El cambio en los hábitos de lectura, en otras palabras, parece explicar también la caída de largo plazo en matemáticas y ciencias. Por ello, el informe que se publicó el pasado martes 8 de septiembre, dedicó una sección a buscar posibles explicaciones a lo que viene ocurriendo con las capacidades de lectura. No da conclusiones definitivas, pero sí presenta muchas pistas para tratar de comprender las transformaciones recientes del aprendizaje.
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El primer volumen del estudio PISA 2025 está teniendo una gran repercusión en todos los países comprendidos en la prueba. PISA se aplica desde el año 2000, en ciclos trianuales, salvo desfases. México participa desde el levantamiento inicial, y disponemos de resultados comparables para nueve cortes en lectura. En ciencias y matemáticas hay 7 y 8 cortes comparables, respectivamente. Hay críticas a las metodologías utilizadas, pero se acepta que es el proyecto internacional más robusto en competencias educativas, y no deja de crecer el número de países que se suman al estudio. La misma OCDE reconoce que las actuales herramientas de la evaluación educativa tienen limitaciones, pero también apunta que sus hallazgos son sólidos y complementan los de otros estudios, realizados con métodos distintos.
La edición que corresponde a 2025, cubrió a 91 países, se aplicó a 760,000 estudiantes, que representaron un universo de 33 millones de jóvenes de entre 15 y 16 años, y cubrió matemáticas, lectura y ciencias, poniendo énfasis en este último campo de conocimiento, además de habilidades de cómputo y otros aspectos, como entornos familiares y condiciones de las escuelas. El análisis a partir de la información del último levantamiento, su comparación entre países y grupos, encuestas anteriores y el contraste con otras fuentes, lleva a la OCDE a sostener que no hay una solo fuente de problemas, sino que hay que buscar explicaciones en al menos cuatro ámbitos: el individual de los estudiantes, las escuelas, los sistemas educativos y las tendencias sociales más amplias.
Los cuatro ámbitos operan en conjunto y a diferentes niveles, lo que obliga a tener cuidado al intentar apuntar a las causas de la baja sistemática en las capacidades de aprendizaje en casi todo el mundo. Desde su punto más alto, y hasta 2025, en el promedio comparable de la OCDE (grupo de 23 miembros), en ciencias la caída ha sido de 20 puntos, en lectura de 35 y en matemáticas de 27. En una muestra de más de 70 países comparables de 205 a 2025, solo cinco han tenido mejoras en los tres campos, y en el grupo de 10 países con las bajas más notorias, se encuentran Finlandia, Noruega y Alemania, que a principios del siglo se consideraban como algunos de los casos más exitosos en cuanto a sistemas educativos. Si bien había información que ya desde 2018 mostraban el problema, con el reporte de 2025 han saltado las alarmas: las tendencias de deterioro ya llevan por lo menos dos décadas, y han pasado por encima de las políticas educativas, aunque haya grandes diferencias en los resultados individuales y nacionales.
Los cambios más notorios en el entorno social parecen ser la disminución del apoyo familiar a los estudiantes, el aumento del ausentismo escolar, las secuelas de la pandemia, el uso cada vez más intensivo de los dispositivos digitales, una menor práctica de la lectura en casa, tanto de los padres como de los hijos, y un menor prestigio de la educación escolarizada. Estos y otros elementos dan cuerpo a una transformación de gran alcance, que no está explicada solo por la digitalización.
Los sistemas educativos están rezagados al no ponerse al día frente a los cambios en la composición de los grupos, cada vez más diversos, aunque el estudio aclara “que los cambios en la composición del alumnado no explican el descenso generalizado del rendimiento”. También se reporta que al paso del tiempo, se está haciendo un uso cada vez más deficiente de la información para planificar las actividades escolares, tanto la que se refiere a los estudiantes como a la de profesores y familias, lo que hace más difícil adoptar medidas de mejora para estimular las capacidades de lectura.
El nivel de la escuela y las aulas, los rasgos más destacados tienen relación con un ambiente escolar más negativo, con un aumento reciente del acoso entre estudiantes y otras conductas preocupantes como la violencia verbal, lenguaje agresivo. El tiempo dedicado por los docentes para generar condiciones ordenadas en el aula viene creciendo, lo que implica pérdidas de oportunidades para el aprendizaje efectivo. En algunos de los temas evaluados, crece la percepción de los estudiantes de que no hay suficiente apoyo docente. Para la lectura esto es crucial: “el desarrollo de las competencias lectoras depende en gran medida de una interacción constante y sostenida con los textos y del apoyo estructurado de los docentes”. Las aulas son el espacio donde interactúan muchas presiones externas.
En el nivel individual de los estudiantes, la capacidad lectora y de aprendizaje general está afectada por una creciente dificultad para leer textos largos y complejos, que suponen reflexión y evaluación. Al parecer, avanza la habilidad para encontrar datos únicos en los párrafos, pero no sucede eso en la capacidad o la disposición para mantener una atención sostenida ante textos que exigen concentración. Al mismo tiempo, aumenta la lectura precipitada e imprecisa. La motivación y la actitud hacia la escuela y el aprendizaje está en deterioro, lo que también está influyendo no solo en la lectura, sino en el rendimiento y el aprendizaje general.
Los cuatro ámbitos señalan fuerzas que se están complementando. La digitalización es determinante en el descenso de las capacidades lectoras, pero sería un error considerarla el único factor. Está ocurriendo una transformación de dimensiones mayúsculas en los procesos de enseñanza y aprendizajes, que involucra toda la sociedad, y que alcanza a todas las edades, no solo a los estudiantes de entre 15 y 16 años que incluye la prueba PISA.
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[1] OECD (2026), PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students, PISA, OECD Publishing, Paris, https://doi.org/10.1787/73451bc5-en