Buen fin - Mexico Social

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Buen fin

Para los mexicanos se nos adelantó el final del campeonato mundial de futbol 2026. El quinto partido de la selección mexicana, perdido con gran garra este domingo pasado frente al equipo de la nación que inventó ese deporte, significó el fin temporal de un sueño acariciado desde que nuestro país participó en su primer mundial en 1930 en Uruguay, cuando todos los equipos rivales los golearon. Una derrota que supo a victoria, una gran victoria, porque vergüenza es dejar el campo al rival, sin plantarle cara y vender costosa la pérdida. Los equipos no fueron amables o considerados, pero sí respetuosos entre sí. Se agradece.

Escrito por:  Luis Miguel Rionda

Un antiguo dicho inglés, atribuido a Oscar Wilde o a Winston Churchill, dice que “el fútbol es un juego de caballeros jugado por villanos, y el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros”. Creo que es un refrán muy adecuado para comprender las pasiones que despierta un deporte de una simpleza singular: dos equipos de diez fulanos persiguiendo una sola bola, que buscan encajar en una meta, resguardada por un portero angustiado. De broma me gusta hacer enojar a mi esposa e hijo, fanáticos de estas patadas, cuando les digo que no entiendo tanto batallar por una pelota, y les digo: ¿no sería mejor que cada quién tenga la suya? Soy bobo, lo sé, pero me cae simpático el que los adultos no hemos superado la fijación de nuestra infancia con las pelotas y los pataleos.

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Los festejos posteriores a los cuatro partidos victoriosos nos colocaron frente al espejo de reconocernos como una población de escapistas. Desbordamos alegría, pero al punto de violentar los derechos de los demás: gritamos y bailamos como poseídos, agredimos a quienes vemos diferentes, bebemos cerveza y aguarrás, y lanzamos a las personas al aire, hasta que se nos caen, y no rebotan. Algunos dicen que los mexicanos somos muy hospitalarios y cordiales con los extranjeros, pero somos capaces de joderles el sueño antes del partido, porque no podemos evitar ser tramposos y abusivos: parece genético. Un pueblo de luces y sombras, que despliega felicidad, pero la sazona con rencores secretos.

En lo personal, me alegré de que esos cinco partidos de futbol me ayudaron a reconectar con mi familia inmediata y con buenos amigos. Disfruté de las reuniones alrededor de la tele, con la buena botana de mi esposa y la fresca bebida, escuchando las opiniones calificadas de los expertos y expertas en este deporte, que abundan en nuestras familias. Recordé mis dos mundiales anteriores con ellos y con mis lectores, y eso me hizo recuperar memorias que se me habían diluido. Sumo ahora estos nuevos momentos de afición comunitaria, con gritos, brincos y camisetas verdes, cinco quinces de septiembre adelantados.  

En fin, que las emociones que nos hicieron olvidar por un rato las angustias cotidianas de un país sumergido en la violencia, las carencias y el autoritarismo, se apagan por lo pronto. Muchos querrán seguir con esa tendencia escapista, sanadora, adoptando a algún otro equipo finalista, pero seguirá siendo un paliativo efímero. Los gobernantes seguirán buscando distractores, y para eso son muy creativos, como lo sabemos.

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(*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda

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Frase clave: mundial 2026

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