México en 1986 era un país profundamente afectado por el terremoto de 1985. Su gobierno central se pasmó, e hizo evidente que la clase política nacional estaba rebasada por una población cada vez más consciente de sus derechos. El sismo despertó a una sociedad civil adormecida, una colectividad domesticada por un Estado autoritario.
Escrito por: Luis Miguel Rionda
Tres años antes, Colombia, una sociedad atormentada por la violencia criminal y un gobierno inepto, había renunciado a la organización del campeonato mundial de futbol. Lo hizo como respuesta a las exigencias cada vez más abusivas de la FIFA. México no estaba en las mejores condiciones económicas para hacerse cargo en tan pocos años. Desde 1982 vivíamos en intensa crisis económica. Pero los empresarios del espectáculo (Televisa, FMF, etcétera) se encargaron de convencer al presidente De la Madrid de echarse el trompo a la uña. Ni siquiera el sismo fue capaz de convencerlos de lo temerario de esa decisión, en un entorno de dolor y conflicto social. Poco importó: a pocos meses del temblor del 19 de septiembre dio inicio la competencia con una rechifla monumental al presidente que se había escondido por días.
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Pero hubo una buena noticia para mi tierra, Guanajuato: entre las nueve ciudades sedes del mundial se incluyó a León e Irapuato. La primera fue escogida como el asiento de la selección francesa, capitaneada por el legendario Michel Platini (se pronuncia Platiní). De golpe y porrazo León se transformó en ciudad francesa, una Lyon americana, con quien comparte etimología. La fanaticada leonesa dejó el verde por el azul, y llenó de banderines tricolores la ciudad. La selección francesa correspondió con generosidad, y se dejó ver por las calles.
Un equipo de la televisora TF1, uno de los tres canales nacionales de Francia entonces, llegó a León para cubrir no sólo las actividades de su selección, sino también para reportear sobre el entorno social y regional de la sede del equipo. Tuve la suerte de ser contratado para servir de traductor durante las grabaciones. Me calificaba el hecho de que había vivido en Francia parte de mi adolescencia y que conocía bien el estado de Guanajuato, mi tierra natal.
Acompañé al equipo de reporteros y técnicos durante el mes que duró el mundial. Recorrimos plazas, barrios, museos y demás lugares de interés de León y Guanajuato capital. Se entrevistó a muchos personajes representativos de la cultura local, y se registraron fiestas, artesanías, historias y tradiciones. Me encantó ser parte de ese equipo informativo, aunque nunca pisé el estadio, ni conocí a los jugadores.
Mis compañeros no cubrían los partidos, porque esa era una tarea de otros especialistas; pero sí documentaron el contexto regional. Me fue evidente el enorme interés que tenía su audiencia francesa sobre las particularidades de México y el Bajío. Además, varios partidos fueron jugados por Francia en el Nou Camp: el 1 de junio contra Canadá, que ganó uno a cero; el 5 de junio contra la URSS, empate a uno; el 9 de junio contra Hungría, ganando tres a uno. Miles de leoneses, fascinados, acompañaron a “su selección” y celebraron cada partido.
Luego, el día 17 Francia jugó en octavos de final contra Italia, ganando dos a uno, en el Estadio Olímpico de CU; el día 21 jugó en cuartos de final contra Brasil, empatando a uno en el Estadio Jalisco; en este mismo jugó el 25 en semifinal contra la poderosa Alemania, ante la que perdió cero a dos, con gran dolor de su hinchada leonesa. Finalmente ganó el tercer lugar del campeonato en Puebla (¡qué significativo!) el día 28, contra Bélgica: 4 a 2. Una gran despedida para un gran equipo.
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(*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda
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