El cuidado como un derecho humano: la visión que necesita la Ciudad. - Mexico Social

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El cuidado como un derecho humano: la visión que necesita la Ciudad.

I. El cuidado: de una responsabilidad privada a un derecho humano

Durante siglos, los cuidados se traslado a la esfera de lo privado. Se asumía que alguien —generalmente, las mujeres— estaría disponible para cuidar a niñas y niños, a personas enfermas, a personas mayores o hacer funcionar el hogar. Ese trabajo, que sostiene vidas y que ha sido indispensable para la vida y para el funcionamiento de la economía, permaneció invisible, no remunerado y escasamente reconocido.

Escrito por: Valeria Martínez Guzmán

Al respecto, la Ley Modelo Interamericana de Cuidados de la Organización de Estados Americanos (OEA) de 2022, señala que:

“El trabajo de cuidados es la función social que sostiene la vida del conjunto de la sociedad y del entorno natural en el que se despliega, basada en la interdependencia y vulnerabilidad esencial de la condición humana. El cuidado es una dimensión indispensable, ineludible y universal de la existencia humana que afecta a todas las personas en algún momento de su ciclo vital, sin distinción alguna.”

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En mayo pasado, el Poder Judicial Federal, a través del Vigésimo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito señaló que:

“La falta del sistema de cuidados ordenado constitucionalmente desperdicia varias oportunidades clave para salvaguardar el derecho humano al cuidado y, con él, el bienestar de las personas.”

Por ello, la promulgación de la Ley del Sistema Público de Cuidados de la Ciudad de México representa un cambio de paradigma en materia de derechos. Significa reconocer que el cuidado es un derecho humano y que garantizarlo es una responsabilidad del Estado.

Hablar de cuidados es hablar de dignidad, de igualdad y de justicia social.

II. El derecho al cuidado y su dimensión social

Los cuidados son todas aquellas actividades destinadas a satisfacer las necesidades de otras personas, particularmente de quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad, como niñas, niños, personas mayores, personas con discapacidad o quienes atraviesan una enfermedad, y son todas aquellas tareas domésticas, alimentación, limpieza, acompañamiento, atención médica, educación y apoyo emocional, actividades sin las cuales ninguna sociedad podría sostenerse.

Como ha señalado la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), todas las personas somos interdependientes. A lo largo de nuestra vida necesitamos recibir cuidados y, en algunos momentos, también los brindamos. Este reconocimiento, es un cambio, implica abandonar la idea de que el cuidado es una responsabilidad familiar o femenina para entenderlo como un derecho que debe ser garantizado por el Estado y asumido de manera corresponsable por toda la sociedad.

Es precisamente a lo que abre paso la nueva legislación.

III. La Ley del Sistema Público de Cuidados de la Ciudad de México

La ley en materia de cuidados, reconoce de manera expresa el derecho humano al cuidado en sus tres dimensiones: el derecho a recibir cuidados, el derecho a brindar cuidados en condiciones dignas y el derecho al autocuidado. Con este enfoque, la Ciudad de México deja de concebir el cuidado como una carga de la esfera privada para convertirlo en un derecho universal, progresivo, indivisible e interdependiente.

Asimismo, la norma establece que toda persona tiene derecho a recibir cuidados adecuados, accesibles, asequibles y de calidad; reconoce el derecho de quienes cuidan a hacerlo en condiciones de libertad, protección, reconocimiento y apoyo, ya sea de manera remunerada o no remunerada; e incorpora un aspecto pocas veces considerado en las políticas públicas: el derecho al autocuidado, entendido como la posibilidad de disponer de tiempo, recursos y condiciones para cuidar también de la propia salud física y mental.

Este último punto es una reivindicación para quienes cuidan, durante años se ha normalizado que quienes cuidan renuncien a su descanso, a su desarrollo profesional, a su autonomía económica e incluso a su bienestar emocional. La ley recién promulgada, rompe con esa lógica y reconoce que las personas cuidadoras también son titulares de derechos.

Esta ley garantiza el reconocimiento del valor social y económico del trabajo de cuidados, promueve la corresponsabilidad entre hombres y mujeres, protege el derecho al descanso y al tiempo libre, fomenta la capacitación y profesionalización de las personas cuidadoras y abre mayores oportunidades para su inserción laboral.

IV. El Sistema Público de Cuidados como instrumento de transformación social

Otro de los avances más importantes en la materia, consiste en la creación del Sistema de Cuidados de la Ciudad de México, que será un mecanismo permanente de coordinación entre el Gobierno de la Ciudad, las alcaldías, el sector comunitario y el sector privado. Este sistema será quien articule servicios, establezca estándares de calidad, profesionalice a las personas cuidadoras y garantice el bienestar tanto de quienes reciben cuidados como de quienes los proporcionan.

También incorpora una perspectiva de igualdad sustantiva al reconocer la enorme carga que históricamente han asumido las mujeres en el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Por ello, ordena al Gobierno de la Ciudad y a las alcaldías impulsar políticas para reconocer económica y socialmente este trabajo, promover cooperativas de cuidados en las comunidades, crear un padrón de personas cuidadoras y establecer mecanismos de certificación que dignifiquen y profesionalicen esta actividad.

El cuidado deja de recaer exclusivamente en las familias para convertirse en una obligación distribuida entre el Estado, las alcaldías, el sector privado, las comunidades y los propios hogares. Sólo mediante esta corresponsabilidad será posible avanzar hacia una verdadera igualdad entre mujeres y hombres y garantizar el ejercicio efectivo de otros derechos como el trabajo, la educación, la salud, la autonomía personal y la participación política.

V. Retos para la consolidación del derecho al cuidado

Sin embargo, el verdadero desafío comienza ahora. Como ocurre con todos los derechos humanos, su reconocimiento constituye apenas el primer paso. La efectividad del derecho al cuidado dependerá de la asignación de recursos suficientes, de la coordinación entre instituciones, de la creación de infraestructura, de la expansión de servicios de proximidad y de la capacidad para evaluar permanentemente los resultados.

La Ciudad de México ha dado un paso trascendental. Ahora corresponde consolidar un Sistema Público de Cuidados que transforme la vida cotidiana de millones de personas, reduzca las desigualdades y disminuya la carga de quienes cuidan.

Porque una ciudad verdaderamente igualitaria no sólo protege las libertades; también garantiza que todas las personas puedan cuidar, ser cuidadas y cuidarse a sí mismas en condiciones de dignidad. Ese es, en esencia, el alcance histórico de esta ley en materia de cuidados.

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