Escrito por 5:00 am Destacados, En Portada, Mario Luis Fuentes • Un Comentario

Se está agotando el tiempo

En dos semanas se estarán cumpliendo dos años efectivos del inicio del gobierno encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Serán dos años de claroscuros, en los que se han tenido avances relevantes, como el incremento al salario mínimo, o como la elevación del monto que se otorga mensualmente a las personas adultas mayores.

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A pesar de la importancia de esos cambios, palidecen ante el dramático cambio que produjo la pandemia de la COVID19 tanto en el ámbito nacional como en el internacional. A ello se añade el inicio de una nueva administración en el gobierno de los Estados Unidos de América, donde parece irreversible la victoria de Joe Biden, o cual habrá de verificarse en las siguientes semanas.

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Al presidente Andrés Manuel López Obrador y su equipo se le ha agotado el primer tercio de su mandato. Se trata de un periodo de dos años en los que el arranque de toda administración, paga el costo de la “curva de aprendizaje”, pero también se asume que en ellos, normalmente, se cimienta lo que habrá de concretarse a lo largo del sexenio.

Sin embargo, estamos ante tiempos que son todo, excepto normales. Y el escenario con el que el presidente llegó a la administración se ha transformado radicalmente. En el México de diciembre de 2020 habrá muchas más personas en pobreza respecto de la cifra que conocíamos en el 2018. Algunas estimaciones calculan que al menos habría 12 millones más en pobreza extrema y alrededor de 30 millones más, en total, en lo que se considera como “pobreza multidimensional”. Con estas cifras, estaríamos rondando los 80 millones de personas en pobreza.

Habrá que esperar los resultados de la medición oficial que el CONEVAL deberá llevar a cabo respecto de 2020; pero, en cualquier caso, esta administración tendrá, a partir de diciembre, sólo 3 años y 11 meses para revertir estas perniciosas condiciones: tendría que sacarse a 7 millones de personas de la pobreza cada año, para regresar en el 2024, a niveles relativamente similares a los de 2018

Al finalizar el mes de noviembre de este año, se habrán acumulado más de 70 mil homicidios dolosos en nuestro país; amén de la inmensa cantidad de fosas clandestinas que se han seguido encontrando y la escalofriante cifra de más de 80 mil personas desaparecidas en todo el territorio nacional. Si se toma un escenario optimista, y se lograra reducir en 20% cada año el número de homicidios en lo que resta de esta administración, aún así se rebasaría la cifra de 150 mil víctimas de homicidio.

De acuerdo con las cifras oficiales en torno a la mortalidad por la COVID19, al 15 de noviembre se tenían 98,259 decesos confirmados, y una cifra estimada de 113,826 personas que habrían perdido la vida por esta enfermedad. A ello debe agregarse los datos de “mortalidad excesiva” por éste y otros padecimientos. En este escenario, al finalizar el año México podría haber rebasado el millón de defunciones generales, una cifra nunca antes vista.

No es lo mismo, no puede ser lo mismo, gobernar para un país que acumula tanta muerte, tanta tristeza, tanta desesperanza, que se sintetizan en la macabra cifra de prácticamente 200 mil defunciones por violencia y COVID19 en sólo dos años.

Dado que estamos ante otro escenario, más cruento, más oscuro que el de hace dos años, el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador debería replantear desde su estrategia general de gobierno, hasta la logística de la vida cotidiana. Por ejemplo, ante la magnitud de los problemas que tenemos, no puede continuarse con la lógica de dedicar tres horas a las conferencias matutinas, en las que se abordan temas relevantes, pero también trivialidades, si se comparan con la magnitud de lo que se debe resolver.

El presidente no puede perder más tiempo en vuelos comerciales y traslados terrestres que, en un análisis costo-beneficio están resultando más costosos que moverse en vehículos militares o en una nueva logística que aproveche los recursos aún disponibles para la oficina presidencial.

El Presidente pidió dos años para consolidar las bases de la trasformación del país; ya han transcurrido y frente a su idea inicial de gobierno, la realidad, siempre incierta y siempre inasible, le ha impuesto nuevos y mayores retos al gobierno en todos sus órdenes y niveles.

Ya no hay tiempo; o se actúa ya, o los costos que habrá de pagar el país, ahora y en los años por venir, serán sumamente elevados

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